Fútbol, teatro y memoria

Todos entendemos lo que es el teatro en una cancha de fútbol. Pero este fin de semana estará en cartelera una obra teatral que ocupa al fútbol y al Mundial de Argentina como pretextos para contar una historia de tortura.

Fútbol, teatro y memoria

Imagen foto_0000000120130426145848.jpgPor Carlos Costas

Mi buen amigo y ex compañero Pancho Mouat incluyó en su Diccionario Ilustrado del Fútbol la palabra teatro. Con humor y precisión la definió como una “metáfora artístico-cultural para referirse a la simulación descarada de un jugador, que cae como fulminado por un rayo cuando el defensa apenas lo toca, o se lanza al suelo como si estuviera empezando una balacera cuando el rival ni siquiera lo ha empujado. Ver: Simulación”.

Todos entendemos lo que es el teatro en una cancha de fútbol. Pero este fin de semana estará en cartelera una obra teatral que ocupa al fútbol y al Mundial de Argentina como pretextos para contar una historia de tortura, represión y de cómo los fanatismos políticos pueden ser expresión de un dolor e irracionalidad que corre en paralelo al fanatismo futbolero.

Lo interesante de la propuesta es que su creador no se siente ajeno al fútbol, ni tiene esa mirada despectiva del deporte popular que suele darse en los ámbitos culturales.

Su autor es Miguel Toro (41), actor, director y ex jugador de cadetes de Universidad Católica y Cobreloa. Compañero de generación de Miguel Ponce, Ian Mac Niven y Cesar Marín, Toro se autocalifica como un 10 bueno para la pelota. “La pisaba, admiraba a Bochini, pero después me dediqué a los estudios y me interesé en el teatro”.

La obra se llama “1978, Viva el Fútbol” y su autor la escribió hace cuatro años en un taller de dramaturgia donde fue asesorado por Marco Antonio de la Parra. En 2011 obtuvo la distinción a mejor actuación en el Festival de Dirección Teatral de la Universidad de Chile y este fin de semana será exhibida en el Museo de la Memoria.

“Surgió del imaginario que yo tenía con el fútbol y mis ganas de plasmarlo en el teatro. Es una historia muy íntima porque nace de mis recuerdos de ese mundial. Me acuerdo cuando mi papá llegó con el televisor a color y Kempes era mi ídolo. Holanda, Francia, Brasil tenían jugadorazos y todo eso ocurría en un contexto histórico muy brutal con dictadura y violación de derechos humanos”, cuenta Toro.

La obra dura 65 minutos y son tres los personajes que participan en una puesta en escena que recrea una sala de tortura, donde también se rescatan relatos radiales de la época. Los personajes -Doctor (Pablo Jerez), Torturado (Juan Pablo Rosales) y Torturador (Miguel Toro)- interactúan a través de diálogos vertiginosos y grotescos, donde también está presente el humor negro, en torno a la trage- dia, y la acción transita por emociones fuertes y viscerales. “Estos personajes se van ecualizando en sus odios, amores y pasiones en torno al fútbol y al dolor. En el caso del torturado, ese dolor empieza a ser mas futbolístico que la represión misma”, dice Miguel Toro.

Los actores respetan el acento argentino. El torturador es hincha de River Plate, su víctima de Independiente y el doctor es “afutbolero”, como una metáfora de aquel que por no abrazar ningún fana- tismo exacerbado, pudo zafar de responsabilidades en una situación tan límite y repudiable.

Para hacer esta obra, el director se entrevistó con muchos argentinos que vivieron la época y reparó en el conflicto que les provocaba a los opositores a la dictadura militar el hecho de saber que cada victoria de la selección era un triunfo para el régimen y sin embargo sentirse superados por la alegría que les generaba el éxito de la Albiceleste. “El torturado va y viene, es un héroe trágico y su sino es sufrir por la selección. En algún momento, él rehúye del dolor y desea que Argentina gane, a pesar de ser torturado”, explica el autor. Entre sus próximos proyectos, Miguel Toro adelanta la idea de escribir una obra sobre los grandes partidos que no se pudieron ver, como el famoso empate de la Selección en Moscú para las eliminatorias de 1974, y vincularlo con los recuerdos de la triste participación de la Roja en España 82.