Colo Colo, ahí está

La cirugía requerida en Macul es de gran escala, comenzando la elección de entrenador, siguiendo por la poda de plantel.

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Gerson Martínez sufre en el pasto del Monumental como todo Colo Colo. Crédito: Archivo

 

 

Raro lo del domingo en el Monumental. O’Higgins era el obligado a ganar, a dar espectáculo. Colo Colo, si sacaba el empate, podía hacer cuentas felices. Mirando los once que puso Hugo González en la cancha, cuesta recordar una formación con menos jerarquía y nombres relevantes disputando el torneo regular. Un equipo que si jugara todas las fechas, seguramente estaría peleando abajo por mantener la categoría. Me cuesta recordar en casi 40 años yendo a la cancha a un Colo Colo más flojo que éste.

Claro, está la atenuante de los suspendidos y lesionados. El argumento es válido, pero la constante histórica es que siempre hubo banca o divisiones inferiores de dónde echar mano. Ahora ni eso. Es como el cuento de Ever Ludueña: “Si estos son los titulares, lo que serán los suplentes…”.

Usted ya lo sabe. O’Higgins ganó sin despeinarse. Incluso Juan Rodrigo Rojas, el mejor hombre sobre el campo, reconoció que no habían hecho un buen partido. El visitante no se empleó a fondo, no metió como loco, no tuvo actuaciones sobresalientes, y aun así el triunfo jamás estuvo en duda. Se llevó los tres puntos del Monumental como si jugara en cualquier cancha, ante cualquier rival que no pelea nada y perdió la escasa convicción que le quedaba. Le alcanzó con el puro ritmo.

Este último tiempo ha sido bien revelador para Colo Colo. Las derrotas y el mal juego han perdido dramatismo y se van convirtiendo en una gris resignación. Hugo González podrá argumentar, con más o menos razón, motivos distintos cada fecha para explicar las derrotas (arbitraje, finiquito, desconcentraciones), pero hay un hecho indesmentible: no le ha dado un solo plus al equipo ¿Cuál ha sido su aporte en la banca? ¿Qué jugador explotó desde que él se hizo cargo del equipo? ¿Dónde estuvo su innovación, su apuesta para cambiar la mala racha? Al contrario, parece que el equipo, salvo momentos donde se echan los bofes, juega cada vez peor.

Me preguntan si éste es el peor Colo Colo de la historia. Seguramente la formación del domingo entra derecho en la pelea por ese triste galardón. Pero lo grave no es el rendimiento puntual, sino que se transformó en una constante que parece no tener salida.

El “que se vayan todos” no parece una consigna gratuita. Con honestidad desde la presidencia, Arturo Salah sabe que, si de él dependiera, al menos 15 jugadores deberían abandonar la tienda alba al final del torneo. Nunca tantos hicieron tan poco por un equipo.

Salvo una escaramuza donde se rompió una vitrina, los ocho mil espectadores se retiraron como zombis del Monumental. Ya ni reclaman, ni insultan o hacen gestos obscenos a los dirigentes en Rapa Nui.

La cirugía requerida es de gran escala, comenzando la elección de entrenador, siguiendo por la poda de plantel y continuando con la elección de los refuerzos adecuados. Salah ya anunció que a él no le meterán goles los empresarios y tal vez esto sea cierto, pero hay algo que trasciende con holgura la tarea de armar un nuevo equipo o sentar a alguien en la banca, se trata de un ejercicio de honestidad. Atreverse, de una vez por todas, a encarar a la hinchada y decirle que la consigna de “ganar siempre”, “salir campeones como sea” o “somos un equipo grande” en este momento es pintura seca, muy seca, en la pared.

A lo más el asunto está para reconstruir, paso a paso, un equipo que vende la camiseta cara por el volumen de sus seguidores y las glorias pasadas. Porque si fuera por lo obrado en la cancha desde el 2010, no sé qué marca de ropa deportiva querría gastar plata en un grupo de jugadores tan poco comprometidos y tan abrumados por la responsabilidad.

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