La séptima

Por Carlos Costas

Imagen foto_0000000120130531093819.jpgUnión Española campeón. Sufriendo hasta el final y como siempre en la historia de los títulos hispanos en un año impar. Han pasado exactamente 70 años de su primera corona y los rojos dieron su anhelada vuelta olímpica en casa. En Santa Laura se disfrutó el doble y tuvo un sabor especial. Después de la final en Talcahuano escribí en estas mismas páginas una columna que titulé “Muchas Gracias”. Sentía en ese momento que más allá de lamentar la estrella perdida frente a un justo monarca, como lo fue Huachipato, era necesario agradecer y proyectar el trabajo de José Luis Sierra.

El Coto es un símbolode Unión y después de seis meses tuvo la capacidad y el talento para construir este logro desde el fracaso y el éxodo de jugadores importantes. Ya con la cabeza fría me parece que la expresión futbolística de ese equipo del año pasado, que eliminó con baile a la U y Colo Colo en playoffs, fue mucho más contundente que esta Unión apretada y nerviosa a la que no le sobró nada para levantar la copa y espantar todos sus fantasmas. Ocultar mi amor por Unión sería absurdo. No me hace mejor, ni peor periodista, comunicador o lo que sea.

Mi abuelo vistió esa camiseta, estudié en el mismo colegio de Sierra (donde casi todos éramos de Unión) y cuando cabro me fui a probar a Santa Laura. Estuve un año y me quise morir el día que chuletié a un contrario y Honorino Landa me humilló en público. El Nino dirigía al primer equipo y nos estaba mirando: “Penal, saquen a ese pata dura”, gritó desde el borde de la cancha. Los afectos son así. Recuerdos feos y de los otros. Mi primera vez en el estadio fue maravillosa y ese día descubrí que el fútbol iba a ser algo importante en mi vida. Domingo 13 de mayo de 1979. Tenía 6 años y de la mano de mis padres llegué al Estadio Nacional que me impactó con su marquesina, lo verde del pasto y esas torres de iluminación, donde yo pensaba que se ponían los relatores de radio. Desde la tribuna Andes todo se veía enorme. Era la cuarta fecha de la primera rueda del torneo nacional. Ese día Unión Española le ganó 1-0 a Universidad de Chile. En el preliminar Católica derrotó a Santiago Morning por 4-0 y nosotros llegamos en el segundo tiempo de aquel partido. Era una tarde nublada, en el entretiempo se escuchó “Una lágrima en la garganta” y cuando mi mamá me dijo que el cantante se llamaba Zalo Reyes, me pareció rarísimo que alguien llevara el nombre de un álbum (¿se acuerdan de Salo, no?). Hasta antes de conseguir la Revista Estadio con la reseña de ese partido, mis únicos recuerdos futbolísticos eran que la Unión había ganado con gol de Osvaldo Arica Hurtado y que en la Chile (así se le decía en esa época) jugaba la dupla Quintano-Pellegrini.

La formación de Unión, en un clásico 4-3-3, fue con Osbén; Machuca, Escobar, González, Gangas; Las Heras, Urrizola, Hurtado; Neumann, Peredo y Simaldone. El entrenador era Germán Cornejo y el único cambio fue el ingreso de Fernando Carvallo por Hurtado. Fernando Riera, técnico de los azules, alineó a Carballo; Ashwell, Pellegrini, Quintano, Bigorra; Montenegro, Aránguiz (J. Soto), Socías; Hoffens, Ramos y Puyol (Mosquera).

Al coloso de Ñuñoa esa tarde llegaron 20.216 personas y los azules reclamaron que nuestro gol fue en posición fuera de juego. El árbitro Mario Lira validó la conquista y expulsó a Pellegrini por sus reclamos. “Un regalo merecido” se titula la crónica del encuentro en el número 1.866 de Revista Estadio. Cosas curiosas. El autor de esa nota, la de mi primer partido en el estadio, fue mi primer jefe en el periodismo. Agradezco a don Julio Salviat quien tuvo la amabilidad de recibirme en diciembre de 1992 como colaborador del diario La Nación y Revista Triunfo. Muchas gracias Julio por su confianza y las enseñanzas que usted y los integrantes de ese equipo me entregaron.

 

 

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