Columna de Guarello: El discurso

El fútbol es más sencillo de lo que muchos creen y otros, interesadamente, lo quieren hacer aparecer", dice Guarello sobre la Sub 20.

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Agencia Uno

El fútbol es más sencillo de lo que muchos creen y otros, interesadamente, lo quieren hacer aparecer. La selección Sub 20 de Chile venía haciendo un campeonato mediocre. Tenía un esquema de juego muy claro e intenciones explícitas, pero por a o b se veía un equipo atado, sin sorpresa, con pocas alternativas para llegar al arco rival. Los rivales de primera fase (Egipto, Inglaterra, Irak), no ayudaron mucho: marcaban bien, eran rudos, achicaban espacios y se mostraban veloces en el anticipo. No te regalaban nada pero tampoco te exigían demasiado. Eran, más que todo, incómodos.

Tampoco ayudaba que algunos jugadores no mostraban todo su potencial. Ángelo Henríquez sufría partiendo desde atrás y pegado a la banda, Sebastián Martínez jugaba por debajo su capacidad, Bryan Rabello apenas mostraba chispazos, Nicolás Maturana se aislaba por la izquierda.

A esto sumamos una confesión hecha por los propios jugadores en relación que habían mirado en menos a los rivales. Que hubo cierta indolencia para enfrentarlos.

Luego el tema de Mario Salas. Ante problemas puntuales, como los ya señalados, respondió con un discurso: “Mi fútbol, lo que yo creo, mis convicciones”. Días antes Fernando Carvallo señalaba que había jugadores para hacerlo bien, el lunes anterior al juego Roberto Hernández apuntó que el plantel podía adaptarse a cualquier esquema. No era tan complicado todo. Había material.

¿Qué cambió? Que los mundiales son muy distintos en primera ronda y en la serie de eliminación directa. Lo mostró México que tuvo a mal traer a España, Uzbekiztán que fue goleado por Uruguay y después despachó sin piedad a Grecia o Ghana, que en un duelo de palo y palo, clasificó ante Portugal, uno de los favoritos. Es decir, que la primera ronda era apenas un antecedente, un paso, pero no define casi nada en las rondas siguientes. Por lo mismo existe la posibilidad de “reinventarse”, sacarse la mala sensación y cambiar las cosas.

Croacia era un equipo superior a los que enfrentó Chile en la ronda inicial, más ambicioso, con más variantes de ataque (utilizaba bien las puntas) y mejores individualidades (Rabic que desbordaba por potencia y velocidad, Livaja un tanque por el medio o el golero Zelenika, muy sólido).

Le planteó a Chile un partido abierto, de correr a correr, sin miedo a ir a buscar arriba. Es decir, exigió al equipo nacional al máximo de sus posibilidades. Aquí no hubo espacio para la salida amasada, ni la pelota anunciada, ni el pelotazo sin destino. Había que correr, pararse, correr y volver a pararse. Mucho toque, todo de primera porque el juego no te permitía pensar.

Y al equipo le vino bien el desafío. Croacia le quitó la iniciativa y la pelota por momentos, pero también dio espacios. Esa Sub 20 fría, previsible, sin chispa, con los jugadores atados, se vio explosiva, comprometida y aplicada. Sin darse relajos. Subió muchísimo Sebastián Martínez, acaso el hombre clave a la hora de señalar un agente del triunfo. Quitó y generó, culminando su buena actuación con el pase en profundidad que decretó la apertura de la cuenta de Nicolás Castillo.

El segundo vino muy luego y se cerró el boliche. Fortuna por el autogol de Simunovic, pero la jugada la provocó Christian Bravo al desbordar por la derecha y meter un centro rasante muy exigente.

Chile ganó bien. Le subieron la varilla de exigencia y la pasó limpiamente. Quedan cosas para reflexionar: Martínez no estará frente a Ghana, suspendido; Bryan Rabello vuelve y seguro será titular y Ángelo Henríquez sigue sin ser aprovechado en toda su capacidad.

¿Y Mario Salas? Su capacidad de trabajo y vocación no están en duda. De repente abusa del discurso grandilocuente y el señalamiento de objetivos pomposos, como libro de autoayuda. Él entrena, prepara y manda un equipo a la cancha. Luego hay una serie de factores que determinan si el resultado es favorable o no: rendimiento individuales, presión, azar, capacidad del rival… Martínez subió su nivel, Castillo aprovechó su chance, Campos estuvo aplicadísimo, Lichnovsky llegó a todos los cierres. Eso es. No tiene más misterios.

Los partidos se juegan bien o mal más allá del discurso de vida. Se instaló hace tiempo la idea de que las convicciones o la ideología son más importantes que el juego mismo. Que al final, esto es un duelo de ideas, de planteamientos de vida, que de futbolistas en un campo de juego donde tienen 90 minutos para superarse. Chile hoy jugó bien, el sábado lo había hecho mal. Y el discurso siempre fue el mismo. La pelota no tiene orejas, no responde a ninguna ideología, la mandan a donde la patean.

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