Nudo turco

Cómo proyectar esta dupla de Castillo y Henríquez y convertirla en el arma más temida de nuestra selección en un futuro cercano dependerá en buena medida de ellos.

Por Carlos Costas

 

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Castillo se quedó con 4 goles y no puedo meterse entre los artilleros del Mundial / agenciauno

Mientras la pantalla lo mostraba levantando a uno de sus desconsolados dirigidos me acordé del Mario Salas que muchas veces vi jugar en Santa Laura. Seguía esas campañas de Unión y siempre pensé que si ese volante hubiera sido capaz de pasarle la pelota a sus compañeros, habría sido un crack. El quite, la lucha y el correteo en el mediocampo eran su especialidad. Con eso le alcanzaba para ser titular en ese equipo de Nelson Acosta. Lo reconocía el propio técnico en una entrevista publicada hace un par de días: “Nunca supe de qué jugaba, pero Mario siempre jugaba, jajajá. Él era un mediocampista muy útil a mi esquema en Unión Española”.

En el fútbol, muchas veces pasa que esos jugadores más negados técnicamente, se convierten en entrenadores calificados, ganadores y capaces de dirigir exitosas campañas. Será porque lo vivieron en carne propia y porque saben muy bien que lo que a algunos les salía fácil a ellos siempre les costó el triple. Salas era de este lote. La entrega y el sacrificio eran sus principales valores. Así llegó a ser jugador de Colo Colo y conoció la experiencia de dar una vuelta olímpica.
Nunca dirigió en primera división y ayer Mario Salas estuvo a punto de meterse en la historia e igualar los registros de Fernando Riera, Luis Ibarra, Leonardo Véliz y José Sulantay, los cuatro técnicos nacionales que metieron a Chile en semifinales de un mundial de fútbol.

No se pudo. Y las razones saltaron a la vista frente a Ghana. Los segundos 45 minutos y el tiempo extra fueron una tortura para los nuestros. La última jugada coronó una fatalidad, que antes había conjurado el palo y un par de buenas intervenciones del portero Melo, pero la única verdad es que el equipo se quedó sin piernas y en el tramo final fue ampliamente superado por los veloces y ágiles jugadores africanos.

Cómo saber qué habría pasado en los penales. El análisis serio sólo alcanza para evaluar a una selección que nunca brilló, pero que mostró orden y apego (quizá demasiado) a un esquema táctico. No es poco, pero tampoco fue suficiente para entrar a la elite de un certamen donde las ausencias de Brasil, Argentina y otras potencias europeas como Alemania, Italia y Holanda fueron una circunstancia que difícilmente se repita.

¿Los dos goles de Henríquez alcanzan para derribar la tesis de Salas de ubicarlo abierto? Me parece que no. Al margen de sus dos impecables ejecuciones, el hombre de los registros del Manchester United fue uno de los que decepcionó. Es verdad que esta selección puede tener menos figuras, pero no se queda atrás en funcionamiento si se compara con ese equipo de Arturo Vidal, Gary Medel, Mauricio Isla y Alexis Sánchez que obtuvo el tercer lugar en Canadá 2007.

Por eso se esperaba más de Henríquez, quien ayer no tuvo físico para soportar las exigencias de un rival duro y un encuentro que se definió en la agonía. Habrá que ver si en Henríquez y Castillo (la figura de este equipo) está el futuro goleador de la Roja. Ayer cuando ambos celebraban la segunda conquista y todo era ilusión, la imagen parecía sacada del archivo de uno de esos festejos a los que nos acostumbraron Zamorano y Salas. Cómo proyectar esta dupla y convertirla en el arma más temida de nuestra selección en un futuro cercano dependerá en buena medida de ellos. Ángelo debe tener continuidad en Europa. Ojalá Castillo pudiera consolidarse en Católica antes de partir, pero sabemos que en estos tiempos eso es una utopía. Creo que el entrenador Mario Salas deberá revisar eso que insiste en llamar “sus principios”, sacar lecciones técnicas de esta experiencia y entender que tal como le pasaba a él en sus días de futbolista, la gracia de este juego es asumir las debilidades propias, identificar muy bien las fortalezas del rival y sacarles máximo rendimiento a las capacidades de un grupo. Todo lo demás es un discurso para enredar las cosas, como ese nudo turco que le enseñaban a hacer a los scouts.

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