La brutal inexperiencia

Sergio Jadue deja en evidencia su brutal inexperiencia en asuntos tan políticamente delicados como éste.

Por Soledad Bacarreza

 

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Sergio Jadue, presidente de la Anfp, habló el jueves pasado e insistió que debe “defender los intereses del fútbol” / Archivo

Durante toda la historia “los otros deportes” han convivido con el fútbol de manera disímil: la pelota se lleva toda la atención mediática. Para aparecer en la prensa, un futbolista sólo debe hacer el gol que sitúe a su equipo dentro de los cuatro primeros en la liga nacional. Un deportista de cualquier otra disciplina debe ser campeón mundial, ganar un Gran Slam Junior, batir un récord del mundo. La contienda por un espacio en la agenda de la publicidad ha tenido siempre al mismo ganador. Una situación aceptada con resignación por los deportistas, y entendamos para esta columna como “deportista” a cualquiera que no sea futbolista. Una fábula desigual, donde Goliat jamás ha recibido un piedrazo. Pero ahora esta convivencia subordinada, pero pacífica al fin, está a punto de mutar en una guerra con múltiples heridos y daños imposibles de calcular, cuyo origen tiene un solo responsable: Sergio Jadue, presidente de la Anfp.

La organización deportiva Sudamericana y Panamericana exige -no pide por favor, sino que condiciona- que durante un Suramericano o Panamericano no haya en las ciudades sede ninguna otra competencia deportiva que opaque al evento y le reste público. Chile aceptó esta medida cuando ganó la sede del torneo que comienza en marzo próximo, y en el caso de Sudamérica, continente fanático del fútbol, esta instancia es especialmente observada. Sin embargo Sergio Jadue se niega a aceptarla. Sólo cedió en algo al no programar partidos para el día de la inauguración en Santiago y para que no haya fechas de alta convocatoria durante los dos fines de semana del Suramericano.

La porfía de Jadue se interpreta a estas alturas como una lucha personal contra Neven Ilic, el presidente del Coch, a quien ya le recordó por los diarios su cercanía con Harold Mayne-Nicholls y supuestas intenciones de Ilic de querer dirigir al futbol chileno, a raíz del ofrecimiento de este último de mediar durante el conflicto que finalmente terminó con la partida de Bielsa y Mayne-Nicholls. Y así, mezclando peras con manzanas, Sergio Jadue deja en evidencia su brutal inexperiencia en asuntos tan políticamente delicados como éste, cuando se está en estos momentos precisos en la recta final para una posible sede panamericana. Cuando ya llegó a oídos de Carlos Nuzman, presidente de la Organización Deportiva Suramericana (Odesur) y responsable de Río 2016, que el fútbol chileno no se cambia de lugar durante el Suramericano, estampando el lunar más maligno que se le puede poner a una candidatura en su momento clave. ¿O seremos tan ingenuos como para pensar que tal vez la Organización Deportiva Panamericana (Odepa) no se de cuenta que no hay un compromiso país, que al fútbol le importa un cuesco si hay un torneo que por fin le de espacio a los deportistas y se niegue a reprogramar sus partidos por ejemplo, en Rancagua.

Jadue dejó bien en claro por los medios que esto es todo lo que está dispuesto a ceder, que cumplió con  “la colaboración” que ofreció públicamente para “el lucimiento de tan importante evento internacional”. Frases que una no sabe si interpretar como una mofa, como la más clara expresión del poder que Jadue cree tener y del cual además presume. Porque  una cosa es convivir en la desigualdad y otra distinta es provocar testarudamente y sin razón atendible un daño al más débil, disfrazado de “colaboración”. Se ríe Jadue de un torneo clave para el deporte chileno, porque su taimada le puede costar a Chile la sede del Panamericano del 2019, y el responsable exclusivo será él.

El presidente de la Anfp desconoce que esto es un asunto país y que el tema se va a zanjar cuando reciba el telefonazo del Gobierno instruyéndolo a que cambie sus partidos un poco más lejos. Se olvida Jadue que fue la administración de Sebastián Piñera la que ratificó la sede del 2014 después de un feroz terremoto, y que la intención era justamente dar un paso cualitativo hacia el Panamericano. La obtención de las grandes sedes tiene pasos lógicos, operaciones y estrategias que deben seguirse con rigurosidad, un plan completo que ahora se pone en riesgo por la falta de manejo de quien se aferra a una medida sin justificaciones reales, demostrando además ignorancia en cuanto al accionar del deporte internacional.

Los deportistas de Chile, los que van a competir en el Suramericano, los que son los rostros del torneo como Tomás González, deben ahora unirse por sus disciplinas. Son ellos los que deben demostrar el compromiso del país completo que tanto busca la Odepa a la hora de otorgar las sedes. Antes que el daño sea irreparable, son ellos los que deben reaccionar y demostrarle a la comunidad deportiva internacional que sí están comprometidos con los dos eventos. Es la oportunidad de convertirse en líderes de opinión y de trabajar en equipo por un objetivo común. Sergio Jadue está rompiendo la convivencia pacífica entre el fútbol y los deportes. La pregunta es si se lo van a permitir o no.

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