80 años

Sin ellos, los profesionales honestos, los actores de reparto, los que dejaron apenas una estela en el aire, nuestro fútbol no hubiera sido posible.

Por Juan Cristóbal Guarello

 

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El delantero Marcelo Corrales celebrando su tanto por la Roja, luego de anotarle a Ecuador en la Copa América del 2001. Crédito: AFP

 

 

Ayer se cumplieron exactamente ochenta años desde el partido inaugural del fútbol profesional chileno. Leí en una parte que fue Magallanes y Santiago National en el estadio de la Escuela Militar, en otra que el duelo fue Audax Italiano con Morning Star en el Santa Laura más remoto, de tribunas de palo y cancha de pelota vasca al fondo.

Más allá del detalle, los rankings y recuentos no han faltado para nuestro octogenario balompié. El periodista Danilo Díaz se arriesgó en el libro “80 años del fútbol chileno” con una lista de los 125 jugadores más importantes que han pasado por los torneos criollos. Algunos, como el gran Guillermo Yávar o Marco Cornez, se emocionaron al saber que estaban entre los elegidos. Suponemos que hay omisiones y material para la polémica. ¿Por qué 125? ¿Y si fueran 200 ó 300?

Espacio sobra para la discusión, porque siempre hubo buenos futbolistas, algunos hábiles, otros fuertes, existen ídolos locales, hombres que deslumbraron apenas un campeonato, una rueda, siquiera un partido y con eso les bastó para ser recordados.

Me quiero detener en los otros, sin embargo. Los que saben que no aparecerán en la lista, que no están entre los 125 porque reconocen que hubo mejores. Pero sin ellos, los profesionales honestos, los actores de reparto, los que dejaron apenas una estela en el aire, nuestro fútbol no hubiera sido posible.

De manera aleatoria recuerdo los bigotazos y la personalidad de Alfredo Pettinelli o al gran Antonio Muñoz, que tenía por costumbre atajarles todo a Colo Colo y Universidad de Chile. ¿Y los cañonazos de Nelson Vásquez o Franklin Lobos? Una línea para Alex Patato Martínez, un lateral izquierdo que sabía con la pelota, como Osvaldo Villegas te metía la plancha, pero también salía jugando. Inolvidables son las medias abajo de Hernán Cambría, los desbordes y el cabezazo peinado al primer palo de Lucho Miranda ¿Alguien le puede quitar sus cuatro goles a Álvaro Vergara una tarde de 1987? Qué lindo fue cuando Marcelo Corrales tuvo su tarde de gloria anotándole a Ecuador en la Copa América del 2001. ¿Quién no conoce la pelada de Luis Carampangue Zambrano? ¿Y los Lee Chong, padre e hijo?

Renglón de los duros: el Indio Navarro, Mario Canelo, Eddio Inostroza, el Chacal Iturra, Alfonso Neculñir, el Transformer Rivero, Daniel López…

Otro para los habilidosos: Iván Valdez, Hermes Navarro, el Pajarito Rojas, Chicomito Martínez, Orlando Mondaca, Arturo Jáuregui, el Fino Toro, Jorge Chicho García…

Goleadores por montones: Mario Vener, Lucho Marcoleta, Hugo Iter, Alberto Hidalgo, el antofagastino Ricardo Rojas, Luis Martínez que la embocó mil veces en Curicó.

Los que tenían un cuete atrás: Juan Rápido Rojas, Franz Arancibia, Rodrigo Barrera, el inveterado Chico Mena, el Papelucho Álvarez…

El taco del Loco Horno, el de la Fiera Ramos, la chilena de Atilio Herrera, la rabona de Cataldo, los desbordes de Jaime González, las chuletas de Pedro Acevedo, el gol que se comió Pedro Pablo Díaz en un clásico, la apilada de Luis Bigote Godoy por Huachipato, el cabezazo de Villamil en los descuentos, el gol de pichanga del Pepe Castro a Arturo Palma. Nombres, imágenes, recuerdos. Edógimo Venegas que me honra con su amistad en Facebook, Lindorfo Sepúlveda de nombre sin igual lo mismo que Eucarpio Quezada, Juan Aliaga a quien motejaron El Cochero de la Muerte por irse a Tercera tres años consecutivos.

Y sólo hablo de los que vi, desde 1974 hasta hoy. Grandes y pequeñas historias. Gracias muchachos por haber aportado su grano de arena.

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