Decisión olímpica

Este sábado 7 de septiembre se define en Buenos Aires una nueva sede de los Juegos Olímpicos.

Por Soledad Bacarreza

 

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Messi apoya a Madrid.

Este sábado 7 de septiembre se define en Buenos Aires una nueva sede de los Juegos Olímpicos. Estambul, Madrid y Tokio son las tres ciudades finalistas, donde sólo esta última se repetiría el plato. El año 1964 fue la capital nipona la que organizó una cita con los más altos estándares para la época. La ciudad se modificó completamente para el evento, se invirtieron 3 mil millones de dólares y fue el año olímpico que marcaría un gran avance en cuanto a tecnología y masificación de los Juegos: por primera vez se transmitió en directo a Europa y Estados Unidos, en colores y cámara lenta incluida. Los tiempos ya nunca más fueron manuales sino electrónicos, y por ser el anfitrión, Japón incluyó dentro del programa de competencias al judo, disciplina que se mantiene hasta hoy. Claro que jamás pensaron los japoneses que este deporte, tan propio de ellos, sería la mayor ofensa a sus tradiciones cuando el holandés Anton Geesink le ganó el oro al inmenso favorito local Akio Kaminaga. Con todo, fueron unos Juegos donde las leyendas quedaron para siempre: el segundo oro de Abebe Bikila en el maratón, el encendido de la llama olímpica a cargo del “bebé de Hiroshima”, el atleta Yoshinari Sakai, nacido el día de la bomba atómica, y el récord de 18 medallas de  la gimnasta soviética Larisa Latynina, sólo superada por Michael Phelps recién en Londres 2012.

Tokio presenta una propuesta esta vez que supera a sus contrincantes en el aspecto que más dolores de cabeza presenta a los comités organizadores: el transporte, las plazas hoteleras y la centralidad. El estadio nacional de Kasumigaoka  se construiría sobre la base del estadio olímpico del 64 y de las 37 sedes, 28 estarían en un radio de 10 kilómetros. La máxima aprensión viene de las garantías de la firmeza de las construcciones en caso de un mega terremoto, lo que podría jugarle en contra a la hora de los votos. Y sin embargo, lo más atendible y riesgoso que concierne a esta candidatura jamás ha sido siquiera mencionado en los reportes: los desechos radioactivos que la planta dañada de Fukushima ha estado derramando al Pacífico. Factor que sin ser nombrado, ronda como una sombra maligna alrededor de una candidatura fuerte en todos los demás aspectos.

Madrid, envuelta en una crisis financiera profunda, cuenta como ventaja el tener ya el 80% de sus instalaciones construidas, lugares turísticos emblemáticos y centralidad global con respecto a sus competidoras. Éste es su tercer intento consecutivo, y ha tenido tiempo de reparar las fisuras que la hicieron perder en las dos ocasiones anteriores. La más fea de todas, cuando el príncipe Alberto de Mónaco preguntó en la ronda final que harían para proteger a los Juegos de los muy posibles ataques de la ETA, dejando herida de muerte la candidatura madrileña. En esta nueva arremetida, con la ETA controlada, los puntos negros de la capital española son la economía y la oposición mayoritaria de la población a un gasto de 3.100 millones de dólares cuando la situación del país está en la UTI.

Y Estambul. Su mayor tesoro es la originalidad de proponer la inauguración desde un estadio con forma de herradura que podría ser vista desde dos continentes, Asia y también desde la orilla europea del Bósforo. Por ahora carecen de infraestructura moderna, excepto un estadio de fútbol y otro de vóleibol. Y con un conflicto bélico ad portas en la zona, los miles de refugiados sirios que entran al país, la situación actual de Estambul no se ve demasiado auspiciosa. Más cuando su primer ministro Tayyip Erdogan, en una arenga final contra todas las libertades que promueve la Carta Olímpica propuso juegos segregados por género, hombres y mujeres separados en la piscina olímpica. Oferta que junto a la guerra civil que sostienen sus vecinos le puede costar a Estambul perder la sede por quinta vez consecutiva.

Aunque considerando que Río de Janeiro era por lejos la candidata con menores posibilidades de ganar para el 2016, probablemente los intereses económicos de la región pesen más que todos los aspectos que requiere un evento deportivo, los cuales están mucho mejor garantizados en Tokio. No sería raro por tanto que se eligiera finalmente a Estambul y que en el COI  estén  en siete años más lamentándose de los problemas y trabas, tal como lo hacen hoy cada vez que comprueban en terreno que Río, en lo que queda para el 2016, no logrará superar sus complicaciones.

 

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