40 años...

"Resulta reconfortante que dos de las banderas de lucha de Jorge Sampaoli sean el "amateurismo" y tras ella la "rebeldía".

Por Juan Cristóbal Guarello

Por Juan Cristóbal Guarello

Dos semanas antes de enfrentar un partido de ida y vuelta que define la clasificación a un Mundial, la selección chilena pasa cinco días sin entrenar. Los jugadores son detenidos en las calles una y otra vez, sus bolsos revisados, alguno debe ponerse contra la pared pues las patrullas no saben que es seleccionado nacional. Al médico del plantel se lo llevan preso y pasa meses en la cárcel. El centrodelantero suplente debe dormir tres días consecutivos en el baño de su casa para evitar los disparos. Dos integrantes del plantel que vienen de provincia caminan 10 cuadras en medio de la metralla para llegar a su hotel de alojamiento (queda al frente del palacio de gobierno que en ese momento es atacado por aviones de combate). Pasan las siguientes 48 horas arrastrándose por la pieza mientras los balazos rebotan contra las paredes.

El viaje, que debió ser aplazado cinco días, se hace en la incertidumbre y es larguísimo. Para recaudar algo de dinero se juegan amistosos en México y Suiza. La estrella del equipo, un defensa central, desobedece las órdenes de su club y se integra al plantel 48 horas antes del encuentro (paga el pasaje de su bolsillo). Jamás ha jugado junto al hombre que lo acompañará en el centro de la zaga.

El país al que llegan es hostil y ha roto relaciones con Chile. Al desembarcar, el rumor que corre en el plantel es que pueden ser tomados como rehenes para intercambiarlos por prisioneros. Al goleador del equipo lo demoran en el aeropuerto. El hotel de alojamiento es viejo y la alimentación poco variada y frugal. La calefacción funciona mal. La sensación térmica es de 12 grados bajo cero a la hora del encuentro. El rival es el subcampeón de Europa, tiene los mejores atletas del mundo…

En esas condiciones Chile debió enfrentar a la URSS el 26 de septiembre de 1973. Contra la selección físicamente mejor preparada del planeta (tal vez la RDA estaba a su altura), el equipo de Luis Álamos debió prepararse entre jornadas de toque de queda, problemas para reunir a los jugadores, entrenamientos dispersos, incomodidades de todo tipo. Y logró su objetivo.

Han pasado 40 años y parece una fantasía esa odisea. Hoy el futbolista es un privilegiado, una estrella protegida. Viaja en primera clase, se aloja en los mejores hoteles, tiene todo lo que necesita a mano, y lo único que lo apunta es una cámara o un micrófono. Impensable sería que Sampaoli improvisara una pareja de centrales en un amistoso contra otra selección, menos en un duelo eliminatorio. O que aceptara pasar cuatro días sin entrenamientos antes de enfrentar a Italia o Francia en un repechaje.

La cosa cambió para bien, sin dudas. Jugar por Chile ya no es una aventura, ni las selecciones emprenden viajes de Indiana Jones, ni los jugadores deben pagarse ellos sus pasajes. En la actualidad el jugador sólo debe pensar en el próximo rival. Puede vivir feliz en su burbuja y es complicado que pueda o quiera salir de ella. Hay un ejercito de mánagers, segundos y empresarios que lo protegen en su reino de cristal. Tan extremo es el cuidado de los niños por parte de sus asesores-lacayos, que se les restringe el uso del lenguaje hasta llegar al mutismo absoluto.

Por lo mismo resulta reconfortante que dos de las banderas de lucha de Jorge Sampaoli sean el “amateurismo” y tras ella la “rebeldía”. El técnico nacional tiene conciencia que lo ocurrido en 1973 jamás se volverá vivir por parte de una selección chilena. Pero, de seguro, también le gustaría rescatar el espíritu y la convicción de ese equipo que se fue a jugar al otro lado del mundo, en las peores condiciones imaginables y contra una de las mejores selecciones de Europa. Estaban dadas todas las condiciones para fracasar… Y se tuvo éxito.

Así es que muchachos, cuatro décadas más tarde en la hermosa Ginebra, jugando un amistoso de lujo contra España, viviendo como príncipes, alentados por todo un país… Den gracias a la vida que les ha dado tanto. Otros la pasaron de todos colores, cumplieron con Chile y nunca, jamás, se quejaron. Por defender la camiseta roja eran capaces de irse en carreta a Moscú.

 

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