Tierra de metales

Si el fútbol es la recuperación de la infancia, como muchas veces le escuché decir a mi buen amigo Pancho Mouat, Iron Maiden, Black Sabbath y el heavy metal significan volver a la adolescencia

Por Carlos Costas

 

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Iron Maiden prendió a los fanáticos chilenos / Crédito: Agencia UNO

Si el fútbol es la recuperación de la infancia, como muchas veces le escuché decir a mi buen amigo Pancho Mouat, Iron Maiden, Black Sabbath y el heavy metal significan volver a la adolescencia y a la juventud para toda esa generación de rockeros que nos criamos entre los años 70 y 80.

Una fiel y enorme legión que ha ido sumando adeptos en el camino y que explica las 60 mil personas que el miércoles pasado colmaron el estadio Nacional, en el séptimo y más multitudinario show de la banda británica en nuestro país. Esta noche, en el estadio Monumental será el turno de Black Sabbath, los verdaderos papis de todo lo que tenga que ver con riffs pesados, poleras negras y pelo largo. Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward (que no participa en esta gira) fueron los inventores de esto que se conoce como Metal.

Se estima una convocatoria de similares características y a nadie debería extrañar. ¿Por qué Chile es un país tan metalero? Razones para justificar la devoción que profesamos en este rincón del planeta por el rock pesado pueden haber muchas, pero me atrevo a decir que lo que más valora el público, en el caso de grupos como Maiden, Sabbath, Metallica, Megadeth, Slayer y muchos otros, es la honestidad, consecuencia y el hecho de relevar la música antes que cualquier otro asunto.

No hablamos de tendencias, de portadas, ni rankings. Alguna vez, hace mucho tiempo, estas mismas bandas pudieron estar de moda, o marcar un camino, pero lo que hoy definitivamente los convierte en íconos es esa pasión que nos transmiten en cada una de sus visitas. Sí. Pasión, emoción, entrega y compromiso. Palabras que en el power point de cualquier charla motivacional suenan vacías y chantas, se vuelven reales y poderosas cuando podemos presenciar a estos monstruos desatar su furia en el escenario. Lo divertido de ser metalero es presumir ser un tipo violento, agresivo cuando la gran mayoría – y creo que conozco bastante bien a esta tribu- son buenos chatos que tratan de cumplir en sus trabajos, estudios y encuentran en esos gritos y guitarras distorsionadas un bálsamo para las penas y obligaciones del día a día. En Chile, no hay público más ingenioso y bueno pa’ la talla que el metalero. Lo garantizo. Son rápidos para poner sobrenombres, no se les escapa una y tienen un sentido del humor que contrasta con cualquier cliché que los relacione con amargura y resentimiento.

Ejemplo: en la previa del show de Maiden me tocó conducir en radio Futuro un especial en vivo. Era sábado en la tarde y con Claudio Barraza, el control, tuvimos la idea de lanzar al aire el siguiente concurso. El primero que llegara a los estudios de la radio con dos cervezas heladitas de Iron Maiden (porque además estos gallos son maestros del marketing y el negocio, hay que decirlo) se llevaba a cambio un par de entradas para el recital. La cerveza se llama The Trooper, es una botellita de medio litro y se consigue por unos 4 ó 6 mil pesos. Ese era el trato. A los cinco minutos nos llaman de la recepción para decirnos que había un camión repartidor de cerveza (no diré la marca) estacionado afuera de la radio porque “…en la Futuro estaban regalando unas entradas para Maiden a cambio de cerveza”. Conclusión. Si los tipos entendieron a medias o trataron de avivarse poco importa. No se llevaron las entradas porque de inmediato apareció un fan de la Doncella de Hierro con aquel preciado botín. Lo que vale es que esos gallos que repartían chelas un sábado por la tarde trabajaban escuchando “El Número de la Bestia” o “2 Minutos para la Medianoche”. A algunos todavía les parece extraño, pero hace mucho rato que Chile se consolidó como la tierra del metal.

 

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