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La dupla no debiera conseguir resultados inmediatos en cancha, pero sin duda serán un atractivo enorme en el borde.

Por Soledad Bacarreza

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Por Soledad Bacarreza

Se retiraron los mejores jugadores, los dueños de los años de oro del tenis nacional. Tras ellos  dejaron un número 1 ATP, dos medallas de oro, una de plata y otra de bronce en dos Juegos Olímpicos consecutivos. Varios títulos de los otrora Súper Nueve, otros más en campeonatos mundiales por equipos, semifinales de Roland Garros, final de Australia… entre Marcelo Ríos, Nicolás Massú y Fernando González acumularon 35 títulos del ATP y 33 finales, liderando la cosecha Ríos con 18 trofeos. El Chino tuvo al país durante años pendiente de su carrera, se armaron miles de asados con el pretexto de “esperar el partido”. Marcó una época en que a los chilenos se nos hinchaba el pecho hablando de Ríos, de sus rarezas, su genialidad. Massú y González hicieron lo propio con la campaña olímpica, fueron entusiasmando al país de a poco, nos fuimos poniendo ambiciosos, por primera vez se veía una medalla de oro en el horizonte. La dupla ganó 3 y se estamparon en la historia.

Pero luego, tal como los imperios que brillan, crecen y conquistan, vino el ocaso. A Ríos lo vencieron las lesiones, a González el cansancio y a Massú la naturaleza. Con 34 años, Nicolás había pasado a ser de los más veteranos, una excepción que en el tenis enérgico de hoy no estaba dando resultados. Se nos oscureció el tenis hace rato, nos quedamos viudos de campeones. Caímos al patio trasero de la Copa Davis, y por mucho que nos esforcemos en ver otro gran talento en jugadores jóvenes, lo cierto es que tenemos que sentarnos en la cuneta más sombría un buen par de años hasta que den resultados, si es que la nueva camada, que tampoco es abundante, está destinada a ello.

Lo que no quiere decir ineludiblemente que nos privemos del espectáculo. O así al menos lo pensaron los dirigentes del tenis, en lo que a mi parecer es su mejor movida de los últimos años. Llamar al recién retirado Nicolás Massú a la capitanía de la Copa Davis, y convencer a Marcelo Ríos de ser el escudero de Nico, lo que no les debe haber costado tanto según las ganas de ayudar que el propio Chino expresó en estas mismas páginas hace unos meses. “Estoy disponible” había dicho Marcelo, hoy de 37 años, un hombre con un reciente susto en la clínica que más de una revisión a su vida le debe haber traído. Ríos se mostró por primera vez en años dispuesto a compartir sus conocimientos y experiencia, una oferta que no podía rechazarse.

Junto con Nicolás serán una potente dupla que debiera renovar el interés mediático y el de los auspiciadores por seguir  la Copa Davis, elemento siempre necesario a la hora de recaudar fondos para no arruinar el desarrollo. La dupla no debiera conseguir resultados inmediatos en cancha, pero sin duda serán un atractivo enorme en el borde. Para quienes compartimos la época de oro de estos deportistas, ver otra vez a Marcelo Ríos y Nicolás Massú, en rol que sea en el tenis, será un baño de nostalgia, al mismo tiempo que de renovación. Un ace por donde se lo mire.

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