Amnesia

La U vivió una situación parecida a la de este domingo en la Copa Sudamericana 2011, aunque la reacción fue distinta.

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Photosport

Por Juan Cristóbal Guarello

Ocurrió el 21 de septiembre de 2011 por la Copa Sudamericana. Universidad de Chile derrotaba 2-0 a Nacional en el Parque Central de Montevideo (goles de Eduardo Vargas y Matías Rodríguez). A los 47 minutos un rollo de papel lanzado por la barra local golpeó la cabeza del juez de líneas paraguayo Milciades Saldívar. El árbitro asistente cayó fulminado al piso y debió ser retirado del campo de juego. Ante el hecho, el juez central Antonio Arias suspendió el partido. 24 horas más tarde la Confederación Sudamericana de Fútbol ratificó el triunfo azul a pesar de que quedaban 43 minutos por jugar. Tiempo suficiente para que los tricolores pudieran dar, hipotéticamente porque la U les estaba dando un baile, vuelta el resultado.

Una vez decretada la suspensión, los jugadores azules corrieron al camarín y se olvidaron del problema, dando vuelta la página rápidamente. Esa noche Johnny Herrera estuvo extraordinariamente locuaz frente a los micrófonos, pero sólo se circunscribió a lo obrado en la cancha, el buen momento de la U y las posibilidades de ganar la Sudamericana (cosa que finalmente lograría).

Ninguno de los jugadores de Universidad de Chile, ni menos su técnico de entonces, Jorge Sampaoli, dudaron que el golpe del rollo de papel había afectado al guardalíneas era grave y por tanto la suspensión estaba ajustada a reglamento. Apenas Sampaoli deslizó que “El final no fue el adecuado”.

El hecho sólo generó un tibio reclamo por parte de los uruguayos. El presidente de Nacional, Alejandro Balbi, la misma noche del partido admitió que: “Los puntos están perdidos”. Demás está decir que ningún jugador de Nacional trató de “cagón”, de “simulador” o se le ocurrió patear la camilla que llevaba al guardalíneas Milciades Saldívar. Al final, además de los puntos y la eliminación, la CSF sólo multó al cuadro tricolor.

Dos años, dos meses y seis días más tarde ocurre un hecho casi calcado en el Estadio Nacional de Santiago. El volante de Universidad Católica Fernando Meneses recibe en la cabeza un rollo de papel y cae desplomado. Mirando ambos videos, se concluye que el golpe sobre Meneses es aun más violento que el que recibió Saldívar. El rollo que impactó sobre el paraguayo venía abriéndose y había perdido gran parte de su masa en forma de cola. El que recibió el jugador cruzado estaba compacto, sin abrir, y golpeó de lleno.

Sin embargo ante situaciones casi idénticas, la reacción de los jugadores azules fue diametralmente distinta. El Johnny Herrera calmado del Parque Central, que no dudó por un minuto sobre la gravedad de la acción sufrida por el juez de línea (y si lo hizo no lo manifestó), se convirtió en un ser indignado, un iracundo, que puso en duda la honestidad y la hombría de Fernando Meneses.

Lo mismo para sus compañeros. Además de Herrera, de los que jugaron el clásico el domingo, José Rojas, Charles Aránguiz y Gustavo Lorenzetti estuvieron esa noche del 2011 en Montevideo. Pepe Rojas sólo habló de lo bien que había jugado la U y no se refirió al incidente. Charles Aránguiz se mantuvo en silencio, y no puso en duda la gravedad de la agresión. No supuso que Milciades Saldívar era un “cagón” o algo por el estilo.

¿Por qué hace 26 meses el rollo de papel para los jugadores azules sí era un proyectil y antes de ayer apenas se trataba de un inocente rollito de papel? ¿Por qué Herrera no reclamó airadamente la reanudación del encuentro en Montevideo si todavía quedaba casi un tiempo por jugar? ¿Por qué Charles Aránguiz no denostó la decisión de Antonio Arias de suspender el cotejo y cuestionó la lesión de Saldívar? ¿Por qué entonces los jugadores no rodearon, insultaron y dieron puntapiés a la camilla que se llevaba al juez asistente?

Por una razón muy simple: el 2011 la suspensión favorecía a Universidad de Chile y ahora la perjudica.

Es una lógica bastante predecible y no por ello menos reprochable. A igual agresión, distinta reacción, según como me convenga. Y eso, lamentablemente, es una tónica en el fútbol actual: sacar provecho por las buenas o las malas. Si sirve para ganar, bien suspendido; si me hace perder, está simulando, haciendo trampa, sacando ventaja.

Revelador es lo que dijo Charles Aránguiz saliendo del Nacional: “Meneses estaba exagerando, si yo fuera ganando, tal vez hubiera hecho lo mismo”. No más aclaraciones: como yo hago trampa, como yo soy ventajero, como yo simulo, infiero que todos lo hacen.

Sería bueno que Johnny Herrera dijera algo del proyectil que golpeó a Milciades Saldívar en Montevideo el 2011. El proyectil de entonces se transformó en una inocente serpentina. Estamos mal.

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