Columna de Guarello: Una columna odiosa

"Al final un video, un original de cámara del CDF que nadie sabe cómo llegó a las oficinas de San Carlos, demostró que Estévez tenía razón y que Yuraszeck mentía. No nos puede extrañar esto del presidente de la U".

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Imagen foto_0000000120131104190746.jpgAntes que nada advierto que esta columna no es simpática. Al contrario, es directamente odiosa. Apunta hacia la médula de quienes manejan el fútbol profesional chileno y de la manera en que ellos no sólo entienden el desarrollo del país, sino que también las relaciones económicas, los negocios y el bien común, si es que para estas mentes existe tal cosa y no sólo es una entelequia, una abstracción de libros de filosofía y manuales de educación cívica.

Alguna vez César Luis Menotti dijo que las personas eran íntegras las 24 horas del día. Que no creía que alguien fuera: “Buena persona de medianoche a mediodía, y mala persona de mediodía a medianoche”. Esto lo enlazo con lo que dijo Arturo Salah hace tres meses sobre José Yuraszeck y el “levante” de jugadores que hacía Universidad de Chile sobre Colo Colo: “La ética no se escribe ni se reglamenta. Se tiene o no se tiene”.

Hace menos de una semana asistimos a un duelo de dos pesados que se tirotearon duro: el mismo Yuraszeck y Jaime Estévez. El motivo fue explícito en todos los medios. Se trataba del detalle de la reunión que sostuvo Enrique Osses en su camarín tras suspender el clásico. Según el presidente de Cruzados S.A. Yuraszeck se había reunido privadamente con Osses. Según la cabeza de Azul Azul S. A. Estévez: “No ha dicho la verdad (…) se está pasando de listo, si quiere hablar de ética primero tiene que decir la verdad”.

Al final un video, un original de cámara del CDF que nadie sabe cómo llegó a las oficinas de San Carlos de Apoquindo, demostró que Estévez tenía razón y que Yuraszeck mentía. No nos puede extrañar esto del presidente de la U. En su vida y los negocios siempre ha sido un hombre que dobla la apuesta. Tiene el poder y el dinero para hacerlo. Su presencia amedrenta y yo, lo admito, lo viví en carne propia cuando lo entrevisté en Vive Deportes. En aquella oportunidad vacilé entre hacerle una entrevista “futbolera 100%” o meterme en sus negocios particulares y su trayectoria como empresario. Opté por lo primero para no crear un ambiente muy pesado e incómodo para el entrevistado. Claro, pese a que no fue una charla amable y hubo un par de preguntas complicadas, al omitir un lado de José Yuraszeck, un lado fundamental además, dejaba gran parte de la verdad afuera. Me equivoqué mal porque no cumplí con lo básico del periodismo: develar en vez de ocultar.

Y ese error se hace más evidente con el tiempo. Nadie habla en voz alta de la trayectoria de José Yuraszeck porque todos, o casi todos, le temen. Se deja de lado, como si fuera un detalle anecdótico, la manera en que se privatizó Chilectra o de su comprobada participación en el caso “Chispas” (1997), donde debió pagar una millonaria multa al estado (75 millones de dólares) por el perjuicio que le causó a los pequeños accionistas de Enersis cuando le vendieron un paquete de acciones de Endesa España a sobreprecio. Dijo entonces Andrés Allamand: “La acción de Yuraszeck y sus boys es repudiable. El propio directorio de Enersis señaló que Yuraszeck se había extralimitado en sus funciones ocultando información y en abierto conflicto de intereses.”(La Tercera, 27 de noviembre de 1997).

Esto es parte de la historia de Yuraszeck y él no se puede desentender de ella. Ni siendo presidente de Universidad de Chile, ni ganando la Copa Libertadores, ni recibiendo el Premio Nóbel de la Paz, si alguien encontrara alguna razón para dárselo. Así como abusó de una posición de privilegio como gerente general de Enersis en perjuicio de los pequeños accionistas, poco le complica “manipular” la versión de lo que ocurrió el domingo antepasado en el camarín de Enrique Osses. Al final todo lo que dijo el presidente de Azul Azul, según queda claramente establecido en el video, era falso. Pero ¿De qué nos extrañamos? Leemos la biografía y es la norma.

Párrafo aparte para Enrique Osses. En las tres entrevistas que dio el fin de semana, oscureció más que aclaró. Le temblaba la pera en las respuestas y trataba de “Don” a todos los personajes. Más que árbitro FIFA pareció un inquilino de la era anterior a la Reforma Agraria. De esos que acarreaban para las elecciones y decían “Mande patroncito”.

Pero volvamos al carril central. Yuraszeck actúa así, porque entiende el mundo así. Y no es el único. Acá también pongo al presidente de Universidad Católica, Jaime Estévez, por más poncho que use y cuadros de Allende que tenga en su casa, si acaso todavía queda alguno ¿Por qué he de confiar en alguien que, siendo presidente del Banco del Estado cobró comisiones abusivas a los ahorrantes? La entidad financiera debió pagar 5.700 millones de pesos por modificar unilateralmente los contratos y subir las comisiones.

Las explicaciones de Estévez fueron impresentables, señaló que “las cuentas de ahorro se estaban usando como cuentas corrientes”. Y sin preguntarle a los clientes, subió todas las comisiones. Una frescura. Estamos hablando del Banco del Estado, que fue creado por Carlos Ibáñez del Campo para darle crédito a los que no tenían posibilidad de obtenerlo, que tiene un rol social ineludible. Casi un rol patriótico. Estévez olvidó este rol, tiró 60 años a la basura y abusó, o no evitó el abuso, que es lo mismo, de miles de ahorrantes de los estratos más desfavorecidos.

Lo siento Jaime, usted podrá tener la razón contra Yuraszeck, pero al final del día no es mucho mejor que él.

Pero no puedo terminar esta columna odiosa sin mencionar a Leonidas Vial. El accionista controlador de Colo Colo está involucrado hasta el cuello en el caso “Cascadas”, señalado como el mayor fraude de valores en la historia de Chile. Los montos totales son de 9.000.000.000 dólares (puse todos los ceros para que se vayan enterando) y Vial, a través de la corredora Larraín & Vial, hizo perder a las AFP (Habitat, Cuprum, Capital y Provida) al menos 800 millones de dólares. Por lo mismo las administradoras de fondos de pensiones ya no trabajan más con Larraín & Vial.

Lo que hizo la corredora fue mover los papeles de Ponce Lerou  (Soquimich B, Oro Blanco y Calichera A) a precios bajo el mercado, subir las expectativas y luego revenderlos a las mismas empresas del ex yerno de Pinochet a un precio mucho mayor. A Vial, como intermediario, le habrían correspondido no menos de 100 millones de dólares en la transaca.

Según la Superintendencia de Valores y Seguros “Los antecedentes antes señalados dan cuenta de la interacción directa que tuvieron importantes personeros de Larraín Vial con las sociedades cascadas, sociedades relacionadas y las sociedades vinculadas, los que además se encargaban de proponer negocios a uno de los miembros del controlador de aquella corredora”.

Este fraude está en plena investigación y todavía no se conocen todos los antecedentes ni los montos. Lo que sí sabemos es que los perdedores son los de siempre: los fondos de pensiones y los pequeños accionistas. Los peces chicos.

Acá, casi terminando esta columna odiosa, le pregunto a Arturo Salah ¿Si la ética se tiene o no se tiene, qué nos puede decir de Leonidas Vial? ¿Se siente cómodo trabajando con él? El domingo, en el clásico, habrá miles de espectadores que vieron afectadas sus pensiones con la complicidad del accionista controlador de Colo Colo.

Yuraszeck, Vial, Estévez. Podrán tener origen distinto pero todos llegan al mismo puerto. En manos de ellos están los tres equipos más grandes del fútbol chileno. No creo, recordando a Menotti, que sean estupendos señores, justos, mesurados, éticos y caballeros cuando están al frente del club y luego de transformen en tiburones insaciables cuando se sumergen en el mundo corporativo. Son o no son. Sus actos muestran que no lo son.

Solo quiero cerrar este texto señalando qué nada nos debe sorprender. Ahí donde el hombre de a pie ve un fraude, una trampa, un timo, otros ven una posibilidad de negocios y aprovechando todos los pliegues de una ley hecha a medida, se enriquecen a niveles impensables. Luego se les ensalza, se les admira, se les teme y se les obedece. No por tener la razón, no la necesitan, sino que por tener el dinero. Y con eso les basta.

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