A medias

La cuestionada probidad de Yuraszeck queda otra vez en desnudez absoluta con este episodio

Por Soledad Bacarreza

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Por Soledad Bacarreza

Las disculpas públicas del presidente de Universidad de Chile,  José Yuraszeck, hacia su par de Universidad Católica, Jaime Estévez, no tienen más origen que la divulgación del video en el que Yuraszeck efectivamente entra en el camarín del árbitro Enrique Osses, dejando plantado en la puerta a Estévez. Imágenes que lo muestran además rodeado de un grupo de personas encargados de  abrirle el paso. El timonel de la U no aceptó preguntas, algunas de las cuales eran bastante relevantes en este caso, como por ejemplo, que si presionó o no al árbitro para no suspender el encuentro; que si dio la orden o no al equipo de volver a la cancha, duda que surge al declarar Marco Antonio Figueroa que ellos como empleados, “cumplen órdenes”. En fin, por qué dio disculpas tres semanas después del Clásico Universitario, y sólo tras la aparición del video que lo deja como mentiroso usando la vieja treta de atacar de vuelta para defenderse. En este caso de atacar a Estévez calificándolo de lo que él mismo se endosa ahora.

A medias no sirve. A medias no convence a nadie. Queda claro con esta declaración de Yuraszeck que el único del que tenemos certeza que fue “presionado” es él mismo. Presionado ante las evidencias. Presionado por sus asesores y por la agencia de comunicaciones de Universidad de Chile. Estamos claros que por sí sólo no lo hubiera hecho y hubiera sostenido por siempre que jamás entró al camarín, así como sostiene hasta hoy que el dialogo con Osses no incluyó presiones para volver a la cancha. ¿A qué fue entonces, a saludarlo, a tomar café, a preguntarle por su salud? No me joda. La cuestionada probidad de Yuraszeck queda otra vez en desnudez absoluta con este episodio, cuyos paños fríos de disculpas sólo tienen por objetivo ablandar el corazón de Estévez y tratar de evitar una posible  inhabilitación de dos años.

En el deporte vuelve una vez más a cumplirse una de las máximas: tratar de no quedar como culpable hasta donde se pueda. Esto no es muy distinto del dopaje, en donde todos tienen excusas, hasta que la verdad es innegable. Si no refiérase al caso de la ciclista financiada por Leonardo Farkas y que ahora dio positivo por Nandrolona, quien no duda en culpar a “personas que quieren manchar mi nombre”, sin tener los argumentos para sindicar a nadie. La tira así nomás, al voleo, por si alguien lo compra. Cuando el cargo que se lleva es público; cuando uno se sienta delante de un micrófono; y cuando se convoca a un grupo de profesionales para que comuniquen algo, al menos se debe estar dispuesto a contestar preguntas. De lo contrario, convocar sólo para utilizar los medios, porque la agencia de publicidad lo recomendó,  es sólo un negocio más, con lucro para un solo lado.

Entender en profundidad de qué se trata el juego limpio es complejo. Dónde empieza el ejemplo y dónde termina la cadena. Pero para eso están los dirigentes, para mostrar ese camino. Y cuando ese comportamiento dirigencial se enreda de la manera en que este episodio lo hizo, permea hacia abajo dando el peor ejemplo de todos: mientan hasta el final que algo queda. Y en esta tierra de nadie, sin más reglas que las del beneficio del negocio y del propio, alguien debe golpear la mesa y corregir el rumbo. De lo contrario, vámonos todos para la casa y regalemos de frentón el fútbol y el juego limpio a quien más lucro le interese sacarle. El resto, las acciones a medias y la aceptación de las disculpas como que aquí no ha pasado nada, es nada más que un león jugando a ser oveja por un rato, y el temblor de las manos de quienes lo reconocen como la fiera que es.

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