Columna de Guarello: ¿Lección aprendida?

Pero, también se advirtió, que había que esperar el amistoso contra Brasil para cerrar el análisis. No existe examinador más exigente.

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¿Lección aprendida? / Crédito: Agencia UNO

Por Juan Cristóbal Guarello

Señalamos la semana pasada que ésta selección de Jorge Sampaoli podía ser fundacional. Transformar a Chile de un participante esporádico a un competidor permanente y respetado. Lo hecho frente a Inglaterra era una invitación a la confianza. Redondo, casi perfecto. Pero, también se advirtió, que había que esperar el amistoso contra Brasil para cerrar el análisis. No existe examinador más exigente. Lo sabíamos, lo habíamos vivido en carne propia en los últimos años. Goleada tras goleada, derrota tras derrota.

La pregunta era ¿Podría Jorge Sampaoli lo que a Marcelo Bielsa y Nelson Acosta se les había negado con marcadores de catástrofe?

La respuesta fue rotunda. No tanto en los números porque el marcador fue estrecho incluso benigno con Chile. Pero sí en el juego. Especialmente luego del empate de Eduardo Vargas cuando Brasil se olvidó del amistoso y desató su furia sobre el arco de Claudio Bravo.

En palabras llanas: nos cagaron a pelotazos. Hicieron un gol solamente, pudieron marcar dos o tres más en esos minutos infernales. Cuando el pentacampeón apretó, la selección chilena fue desbordada sin piedad. Debemos asumirlo. Es la primera lección para cambiar las cosas.

¿Por qué Brasil se vio tan superior?

Primero, porque a Chile no le sobra nada y las ausencias de Arturo Vidal, Mauricio Isla, Marcelo Díaz y Charles Aránguiz se notan en el andamiaje rojo. Los suplentes, al menos en los casos de Vidal, Isla y Díaz, están lejos de los titulares.

Segundo porque hay una diferencia física y técnica insalvable por el momento. Brasil, como ninguna otra selección (tal vez Alemania), ha sabido conjurar una potencia atlética terrorífica con la calidad técnica sobresaliente de su fútbol. Cuando están inspirados hacen todo bien y pueden abrumar a cualquiera. Es decir, te levantan, te barren, te cortan, pero después meten un pelotazo perfecto de 50 metros, un túnel, una gambeta y un pase gol. Te ganan por arriba y abajo.

Tercero, porque Brasil tiene tal confianza contra Chile, los resultados los avalan, que nos juegan con la certeza de que van a ganar. No nos miran en menos, pero no nos tienen ni una pizca de miedo como insinuó un diario el día del duelo en Toronto. Lo mismo ocurrió el 2008, inventaron y se publicó un supuesto temor hacia la selección de Bielsa y lo único que consiguieron fue hacerlos enojar. Mala idea.

Y cuarto, y esto se debe corregir, porque Jorge Sampaoli cometió varios errores importantes. Entre los más visibles están que jugara Marcelo Díaz lesionado o que entrara Jorge Valdivia muy lejos de aguantar el ritmo de un partido así.

Dijo el entrenador de la selección: “Brasil nos ganó de contragolpe”. Como si esta explicación fuera algo positivo. De contragolpe los brasileños aplastaron a España en la final de la Copa Confederaciones y Vicente del Bosque no se escondió en el argumento. Es una herramienta para ganar válida, se han conquistado mundiales así. Y Brasil lo ha ocupado por décadas y en reiteradas ocasiones el rival ha sido Chile: de esa manera nos ganaron en el Estadio Nacional la semifinal del Mundial de 1962. Le entregaron la pelota al equipo de Fernando Riera y aguantaron. 4-2 terminó el partido. Está en Youtube por cualquier duda. También de contragolpe le ganaron a Bielsa el 2008 en el Estadio Nacional y el 2010 en el Mundial de Sudáfrica.

Si vemos el porcentaje de pases y control del balón de Toronto y lo ocurrido en Johanesburgo tres años antes es casi igual: Chile tuvo más el balón, hizo más pases, estuvo más en el campo rival, pero Brasil remató más al arco y, claramente, hizo más goles. ¿Qué quiero decir con esto? Que no es atenuante que el rival te gane de contragolpe aunque sea Brasil. Lo hizo hace 51 años, lo hizo en Sudáfrica y lo hizo hace una semana. Lo hacen siempre. Ir a buscarlos arriba es morder el anzuelo y facilitarles la tarea. Una cosa es tener la pelota y otra muy distinta hacer daño. No debemos confundir la iniciativa con la eficacia.

Mohammed Alí se recostaba contra las cuerdas y dejaba que sus rivales se gastaran metiendo manos contra una defensa impenetrable. Bien resguardado por los guantes pegados al rostro, esperaba que los golpes se fueran atenuando. Entonces salía y definía los combates ¿Fue menos grande Alí por pelear así? Ken Norton, Joe Frazier, George Foreman o Leon Spinks pudieron dar testimonio.

No nos confundamos. Tenemos el diagnóstico y la ubicación exacta del fútbol chileno en este momento. Hay siete meses para intentar disminuir esta brecha con los que están arriba y consolidar la superioridad con los de más abajo. Por el momento esa brecha con los mejores se ancha y ajena. Insuperable. Tenemos para ganarle a Inglaterra y a otras selecciones de esa categoría, lo que no es poco. Pero no nos alcanza para ganarle a Brasil, ni empatarle. Hay un largo camino por recorrer.

PD: ¿Es necesario tanto secretismo con la condición médica de los jugadores? ¿Con qué razón se justifica que se negara ante los medios, y con ironía, las lesiones de Mauricio Isla o Arturo Vidal? ¿En qué beneficia a la selección esta paranoia insensata? El departamento de comunicaciones de la ANFP, una vez más, con la guaripola.

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