Gol de Pirincho

Comparto con ustedes un extracto de uno de los capítulos que más disfruté y que despertó sorpresa en muchos.

Por Carlos Costas

 

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La voz de Pirincho.

Por Carlos Costas

Hace un par de semanas salió a la venta un libro que escribí a partir de una serie de entrevistas al locutor Sergio “Pirincho” Cárcamo (68). Lo titulé “La Voz de Pirincho: Conversaciones con un hombre de radio” y debo confesar que el tiempo me ocupó hacerlo fue un período de mucho trabajo y lindas satisfacciones. Los comentarios de compañeros, colegas y amigos han sido muy generosos y me alegra pensar que a través de esas páginas muchos lectores puedan conocer y valorar la trayectoria de Pirincho. Más de cuatro décadas en radio, 15 años frente al micrófono de Futuro (88.9 FM) y mil historias, lo instalan como un testigo y actor de la escena cultural y musical de nuestro país. Él es un tipo sencillo, cordial, simpático y a estas alturas de su vida opina con total libertad. Comparto con ustedes un extracto de uno de los capítulos que más disfruté y que despertó sorpresa en muchos, porque pocos conocían la pasión futbolera de Pirincho. Una pasión que comenzó con las pichangas en las calles de Valparaíso y que tuvo un episodio notable en las series inferiores de los caturros…

¿Cómo te fue en esa prueba en Wanderers?
No me acuerdo bien si eran 20 ó 30 equipos los que hicieron, tampoco si ganamos o perdimos, pero me acuerdo de que para mí todo era el descueve. Quedé en lo que se llamaba la Cuarta Especial, previo a los 18 años, pero que entrenaba y jugaba con los mayores. El entrenador era José Pérez, un argentino que sacó campeón a Wanderers el 58. Fue el equipo anterior a los Panzers que después ganaron la copa el 68. Ahí jugaban Tobar, Jesús Picó, el Negro Riquelme, el Chico Coloma. Entonces recién aparecía, y creo que en mi generación, el Pollo Valentini.

¿Y de qué jugabas?
De mediocampista. El entrenador tenía un esquema futbolístico y le gustaba que saliéramos jugando y tocando, y yo jugaba bien. La cuestión es que un día, en un entrenamiento estábamos embotellados, así que bajé un poco y de repente sale del fondo el típico pelotazo al sálvese quien pueda, y había una cosa que no sé quién me la enseñó, pero que se me quedó para siempre: no esperar la pelota, sino ir a buscarla. Entonces estaban los dos centrales y yo, en la mitad, agarro el pelotazo y salgo, esperando que se adelantara uno de los míos, pero no se me adelantó nadie y se me vinieron los defensas, entonces empecé a avanzar despacio hasta que llegara alguien, pero ya estábamos llegando al área y no tenía a nadie por las puntas para hacer el pase, así es que avancé un poco más, tiré y fue gol.

Pudiste resolver la jugada.
Sí pero no. José Pérez tocó el pito y yo creí que me iba a felicitar y me dijo: “¡Para afuera!”. Yo le pregunté por qué y me dijo: “No me gusta el individualismo”. Entonces yo le respondí: “¿Y qué querías que hiciera? ¿Estar parado ahí todo el rato esperando que se adelantaran mis compañeros?”. Entonces él habló con un ayudante, Parrita, un gallo que fue emblemático, un kinesiólogo muy simpático, y me llevó para un lado y me dijo: “Lo siento, pero este gallo es súper idiota”. Y me echó no más. ¡Me echaron de Wanderers por marcar un gol!

¿Cómo viviste el Mundial del 62?
Todavía vivía en Valparaíso y ese mismo año, durante el mundial nos cambiamos a Viña, a Recreo. Ahí vi un partido no más, de colado. Fue el de Brasil con Checoslovaquia que empataron a cero y que después jugaron la final.

¿Por qué te hiciste del Colo?
Sinceramente, no tengo idea. Pero yo creo que fue con la llegada de los Robledo a Chile, porque fue muy publicitado. Pero a mí el que me gustaba era Manuel Muñoz, el Negro Muñoz… Colo Colo Muñoz, un ariqueño. Obvio que tenía simpatías por Wanderers, pero como me gustaba el Colo me hueveaban y me decían “santiaguino”.

Me imagino que seguiste la campaña de Colo Colo 73.
Sí, y fue muy linda porque era el punto de unión que teníamos los amigos de izquierda y los de derecha. Todos sabíamos que mientras Colo Colo siguiera ganando no habría golpe de Estado. Eso era más sabido que la cresta. Si andaban lloriqueando… sobre todo los demócratacristianos, que estaban convencidos de que después del Golpe los milicos iban a estar tres meses y les iban a entregar el gobierno.

Era un equipo espectacular, dicen quienes lo vieron.
La raja. Había un jugador que la gente de repente olvida, Mario Galindo. Putas que era bueno Galindo. Gran jugador, lateral derecho, de Punta Arenas, hermano de la Sonia Galindo, una de las estrellas del básquetbol femenino chileno. Ese equipo fue un punto de reunión. Uno llevaba el papel confort, el otro un Nescafé chico, alguien se conseguía azúcar y veíamos los partidos. Era muy bonito.

Como colocolino, quién crees tú que es el jugador que mejor representa a Colo Colo? ¿Chamaco, Caszely?
Cua-Cuá Hormazábal.

Lo viste jugar.
Sí, y fue posterior a ese equipo de los hermanos Robledo. Pero te insisto que mi ídolo de chico fue Manuel Muñoz.

¿Estás de acuerdo con los que dicen que el mejor jugador chileno de todos los tiempos fue Elías Figueroa?
A la larga, sí.

No estás muy convencido.
Sí, sí lo estoy. Elías fue el mejor. Pero Leonel Sánchez, por ejemplo, tenía un chute impresionante, aunque poco brillo, poca velocidad. Lo que me llama la atención en el fútbol chileno es que los dos grandes ídolos de la Chile y de la Católica terminaron su carrera en Colo Colo.

¿Leonel Sánchez y Sergio Livingstone?
Claro, y después dicen que en Colo Colo son ingratos. Es verdad que se mandan cagadas como cuando dejaron ir a Zamorano, pero es curioso que los dos grandes ídolos de la Chile y la Católica hayan terminado jugando en Colo Colo.

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