Bipolares

"Nos fue, en el papel, muy mal. Enfrentar a España y Holanda, últimos finalistas en Sudáfrica 2010", dice el director de la revista El Gráfico.

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Por Juan Cristóbal Guarello

Es raro este país. Y hablo de la población en general, no de los hinchas específicamente. Bipolares, ambivalentes, eufóricos y depresivos…esquizofrénicos.

Esto lo digo por las reacciones que hemos visto tras el sorteo del Mundial en Costa do Sauipe. Hace un mes, tras el partido con Inglaterra, se hablaba de ser campeones mundiales en Brasil. El viernes, en la tarde, la sensación es que Chile, con suerte, pasa a la segunda ronda. Pero ahí nos agarran los brasileños y, como en 1998 y 2010, nos volvemos con la canasta llena de goles.

Una vez más en 30 días pasamos de candidatos a campeones mundiales a seguros eliminados. Así como somos expertos en ganar los partidos antes de jugarlos, ahora dimos vuelta la tortilla y estamos perdiendo antes de salir a la cancha. Nada nuevo. Eso de levantarse como los mejores y acostarse como los peores del mundo es una constante en Chile. Podríamos hacer un congreso de siquiatras al respecto.

Pero vamos al tema de fondo: el sorteo.

Nos fue, en el papel, muy mal. Enfrentar a España y Holanda, últimos finalistas en Sudáfrica 2010, es una suerte que no quisiera nadie. Tampoco Australia es un regalo, pese a que el equipo no anda bien y ya está bastante veterano. Y luego, si clasificamos segundos, es casi seguro que nos encontraremos con Brasil. Y ahí las posibilidades, más tomando en cuenta que serán dueños de casa, son casi nulas.

Es decir, los agoreros tienen buenos argumentos para apostar a la depresión.

Sin embargo yo no me apuraría en revender los boletos, devolver los pasajes y anular las reservaciones como muchos quieren hacer. En materia de fútbol, sobre todo en los mundiales donde las cosas se deciden en menos de un mes, hay que mantener la calma y poner la pelota contra el piso.

Primero, porque el Mundial es una fiesta única, inolvidable, irrepetible. Y enfrentar a Holanda y España, en el Maracaná además, es algo para disfrutar y recordar toda la vida. De eso se trata precisamente un Mundial, de enfrentar a grandes equipos en las catedrales del fútbol.

Es una fiesta completa. Desde que llega el público hasta el minuto final. Lo que se vive, lo que se siente, lo que se proyecta no tiene réplica. Por mi parte, todavía siento la vibración de los goles de Salas contra Italia en Francia 1998. Estuve en Bordeaux esa tarde y sé de lo que hablo. Una sensación que no se encuentra contra Honduras, Suiza o Bosnia. Denlo por seguro.

Supongo que los partidos con España y Holanda tendrán el mismo nivel de espectacularidad y tal vez más de lo vivido con Italia esa ya remota jornada. Serán esplendorosos, antológicos, un goce para los que seguimos el fútbol y vemos los mundiales desde que tenemos uso de razón. Un fecha para marcar en el calendario, un posibilidad de meterse en la historia.

Luego el fútbol mismo. Los últimos dos amistosos con España nos han demostrado que no estamos tan lejos. Que con un poco más de aplicación y fortuna nos podemos llevar la victoria.

Tal vez la tarde del 18 de junio del 2014 sea la oportunidad. ¿Y Holanda? Tremenda selección pero no imbatible. Colombia le acaba de empatar de visita. Jugaremos en cancha neutral. Todo puede ser. Ellos con la suya, nosotros con la nuestra. Veremos quien es mejor. Que no somos favoritos, mejor, la responsabilidad es de ellos. Chile no tiene nada que perder. Matar o morir. Lo más lindo del fútbol es que cualquier cosa puede pasar. Toda la mala suerte que tuvimos en el sorteo, se puede revertir en el Mundial.

Ganando o perdiendo, serán partidos inolvidables. Basta de llorar, a disfrutar de la fiesta. De eso se trata la vida.

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