Niños genios

¿Es un tráfico lo que se está haciendo en el deporte con los niños? En cierta forma sí.

Por Soledad Bacarreza

 

Imagen foto_0000000120131212075949.jpg
El mejor ejemplo, Lionel Messi. La Pulga no alcanzó a debutar en el fútbol argentino cuando su pase fue adquirido por el Barcelona.

Por Soledad Bacarreza

Audaz, visionario, vanguardista, arriesgado, preocupante. El mercado deportivo parece haberse vuelto loco en busca de talentos baratos, a la espera de que la adquisición “madure”, le explote el rendimiento y se lo venda en millonadas. Comprar barato y vender caro. Una premisa más vieja que el hilo negro en todo lo que a negocios y economía se refiere. La diferencia es que aquí se involucra a niños. Niños muchas veces provenientes de estratos sociales bajos, pobres, cuyos padres y ellos mismos ven una posibilidad de franco ascenso económico si algún veedor se fija en ellos. Niños que saben que ya casi no es necesario partir a la capital de su país, con el bolso en un hombro y el brazo de la mamá en el otro. Basta con  conseguir un celular para grabar un video haciendo las gracias que sabe con la pelota y subirlo a Youtube. Así lo hizo Claudio Ñancufil desde Bariloche, quien a los 8 años ya está en la mira de algunos clubes europeos.

A los 12 se los considera viejos. El Manchester United ha hecho contratos hasta con niños de cinco escasas primaveras, que incluyen la estadía en la ciudad del club de toda la familia o al menos, de uno de los apoderados. El fin de semana pasado estuvo en Santiago precisamente un equipo de profesores de ese club, dictando clínicas auspiciadas por varias empresas. Una genial mañana de fútbol para niños de hasta 8 años, con juegos, clases, medallas y padres incluidos. Pero no es difícil darse cuenta que estas giras de los entrenadores de menores son principalmente para detectar talentos subpúberes, niños que muestren condiciones y entusiasmo suficientes para firmar un tempranero contrato. Un modus operandi cada vez más habitual de los grandes clubes europeos y asiáticos, regidos algunos de ellos además por grandes holdings empresariales. En el caso del fútbol llama la atención por los millones que hay en juego desde edades en que uno se figura a los niños jugando taca taca. Pero en otros deportes esta “compra-venta” de materia prima deportiva es bastante menos beneficiosa para los reclutados. Por décadas se ha sabido del desarraigo que sufren en China los gimnastas, clavadistas y cualquier niño-talento detectado por el estado. También en algunos países europeos. Pero acá los casos son más dramáticos ya que estos prodigios pocas veces ven de cerca las ganancias que producen a sus gobiernos. Las políticas de estado no incluyen pagos millonarios a quienes, para ganar una medalla, son separados de sus padres, llevados a lejanos centros de entrenamiento donde son sometidos a durísimas jornadas, en deportes que se definen por la juventud extrema de sus máximas estrellas y por atletas jubilados a los 20 años.

¿Es un tráfico lo que se está haciendo en el deporte con los niños? En cierta forma sí, al ser definido el tráfico como la compraventa de mercaderías. Siendo la mercadería en este caso una apuesta, que la mayoría de las veces no da los frutos esperados. Pocos llegan a convertirse en estrellas como Messi, reclutado por el Barcelona a los 13 años. Lo hicieron crecer mediante tratamientos y facturó rápidamente millonadas de plata. Pero el resto queda en el territorio de las promesas, y pasan a ser chicos desechables si no despuntan en el momento en que deben empezar a generar ganancias. Un negocio riesgoso, con inversionistas que no ven que la materia prima desechada tiene corazón y pulso. Con padres que hablan de “carrera deportiva” de sus hijos de 9 años, como si el niño ya fuera un hombre y hubiera decidido, como si no existieran las lesiones ni los imprevistos. Como si todo estuviera asegurado.

El mercado de futbolistas, oneroso, o el de los gimnastas, menos pagados, no distan mucho entre sí en su forma de hacer negocios: el atleta es una mercancía, a la cual se le ofrece de todo menos lo más esencial del ser humano: la libertad de elegir.

 

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo