Poeta del fútbol

No es Leonardo Panetta, tampoco el último relator de moda, ni un lírico en la cancha. Su nombre es Agustín Lucas.

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Por Carlos Costas

No es Leonardo Panetta, tampoco el último relator de moda, ni un lírico en la cancha. Su nombre es Agustín Lucas. Es uruguayo, tiene 28 años, escribe poesía y es futbolista profesional. La temporada pasada fue el capitán del Sud América, campeón de la B uruguaya. Actualmente milita en Comunicaciones de la Primera B argentina y ya tiene publicados dos libros: “No todos los dedos son prensiles” y “Club”. Gracias a los buenos oficios de mi amigo Patricio Hidalgo y aprovechando el primer viaje de Agustín a Chile, esta semana nos inventamos una reunión en un bar capitalino para conversar un rato y conocer su historia. Es hijo de profesor y se inició en Miramar Misiones, el club donde algún día sueña retirarse. Juega de defensa central y también vistió las camisetas de Wanderers, Cerro Largo, Deportivo Jalapa (Guatemala) y Deportivo Anzoátegui (Venezuela). “Llama mucho la atención que escriba poesía, siempre me invitan a programas de radio y me hacen notas porque mi historia despierta curiosidad. En la cancha también alguna vez me gritaron: andá a escribir poesía, pero lo llevo bien. Yo me considero, antes que nada, un jugador de fútbol y el camarín es el lugar donde mejor la paso y donde me siento más a gusto”.

Me entero que en Montevideo ayudó a montar en una cantina de barrio una biblioteca que ya cuenta con más de 200 libros donados y que cumple con el noble propósito de acercar la literatura a los vecinos. Lucas cuenta con orgullo que algunos rivales le han pedido sus libros y que una vez a la salida del estadio un hincha lo esperó para que le firmara un ejemplar. “Mis compañeros se interesan. A veces me acompañan a la presentación de mis libros o a alguna lectura poética. No hay que encasillar al futbolista, evidentemente es un medio más rústico, pero yo lo conozco bien y  sé desenvolverme. Lo maravilloso del fútbol es que te deja mucho tiempo libre para hacer otras cosas, eso lo agradezco. Los futbolistas somos tipos privilegiados”.

Agustín Lucas asume que es uno de esos jugadores que reparten leña y están acostumbrados a ver la tarjeta roja: “por lo menos una por temporada”. Tapones de fierro, el nombre de su blog y cuenta de twitter abrevian cualquier definición al respecto. Está consciente de su condición de jugador del montón, pero se nota que ha gozado cada instante de sus diez años de carrera como futbolista profesional y mantiene vivo un espíritu de aventura envidiable. “Después de estar varios meses en Guatemala nunca me pagaron, entonces con mi novia nos fuimos a México porque ella tenía una opción de trabajar allá. Ir a Comunicaciones no es lo que soñé de chico, pero es lo que debemos aprovechar los jugadores de la media y lo vivo intensamente”.

Las concentraciones, entrenamientos y el partido del fin de semana siguen siendo un trabajo que disfruta, aunque sí extraña el rol que los futbolistas mayores cumplían en la formación de los jóvenes. “No ha pasado tanto tiempo, pero siento que las cosas cambiaron mucho. Tuve la suerte de tener a esos compañeros que te iban guiando. Tipos grandes que se daban el tiempo de sentarse, te servían un trago con bebida y te hablaban de la vida, de hacerse hombre, de las minas, de cómo cuidar la plata y llevar tu carrera. Esas cosas ya no se ven tanto. Hoy los chicos salen tres veces en televisión y se vuelven locos”. Uno de esos amigos del fútbol a los que Lucas admira y respeta es Rubén Silva, defensa charrúa que jugó en Temuco a mediados de los 90.

Cuando salió a la venta “Club”, libro que incluye catorce poemas en prosa y tres cuentos breves (“On the rocks”, “Ni liebre ni tortuga” y “Su alma tampoco tenía pájaros”) el diario El País de Montevideo publicó una elogiosa reseña: “El fuerte de estos textos es la descripción de espacios y gentes, desde una mirada a la vez tierna y extrañada. Destaca en ellos la pintura de ámbitos urbanos deprimentes y personajes en declive (…) Lo central en estos textos es la mirada poética del autor y, por momentos, la sonoridad del lenguaje. Valga como ejemplo: …aquella palestina de ojos verdes, tan silenciosos como el miedo, tan caros como el veneno, tan serios como el misterio”.

Actualmente, Agustín Lucas prepara un tercer libro que titulará “Insectario” y me comenta que aunque no suene muy poético su ídolo es y será siempre, Paolo Montero. “Me tocó enfrentarlo cuando él jugaba en Peñarol en el final de su carrera. Lamentablemente salió lesionado y no pude pedirle la camiseta. Por lo menos me quedó la foto del sorteo de capitanes”.

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