Cazafantasmas

El director de Radio Futuro habla de la salida de Marco Antonio Figueroa de la U.

Por Carlos Costas

 

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Lauzan

Por Carlos Costas

Muchas veces se critica el canibalismo del fútbol actual. Entrenadores que alimentan la máquina de moler carne y son devorados uno tras otro sin tener siquiera un plazo razonable para desarrollar su trabajo. Los ciclos son cada vez más breves. Los resultados mandan y la paciencia es corta cuando los triunfos no llegan. El caso de José Luis Sierra, que asumió la banca de Unión Española en octubre de 2010, debe ser una rareza para los tiempos que corren. Si lo pensamos bien los dos ciclos más exitosos del fútbol nacional en la última década, apenas superaron las dos temporadas: Claudio Borghi (Colo Colo, 2006-08) y Jorge Sampaoli (Universidad de Chile, 2011-12). Es la tendencia actual, lo que no significa que sea bueno. Sin embargo, creo que es imposible aplicar esta visión de respeto por la continuidad de los técnicos a la salida de Marco Antonio Figueroa. Nunca había visto tanta unanimidad. Con su personaje, el Fantasma generó un repudio transversal entre la gente del fútbol y lo que es peor entre los propios hinchas de la U. Si hasta Mauricio Pinilla no pudo contenerse y desde Italia representó vía twitter el sentir del pueblo azul: “Se terminó la pesadilla…”.

El Fantasma se equivoca. Su estilo de conducción y la manera en que intenta imponer su liderazgo están obsoletos. Pelearse con todo el mundo, tensionar el ambiente de trabajo y dárselas de guapo resaltando siempre los méritos propios y los errores ajenos parecen trucos sacados de un manual en desuso. Su escasa inteligencia emocional y esos arrebatos chauvinistas, en su majadero afán por descalificar a cualquiera que venga del extranjero, limitan con el buen gusto y también le jugaron en contra. Lo desubicadas, gratuitas y prepotentes que fueron sus declaraciones contra Matías Caruzzo en un principio causaron extrañeza. Hoy cuando revisamos el historial reciente de millonarias indemnizaciones de Figueroa ya no llaman tanto la atención y hasta se podría sospechar que todo fue parte de una estrategia para precipitar su salida de la tienda azul, en un capítulo que sumó otros 65 millones de pesos a su haber.

Menos de una semana tuvo que esperar el ex zaguero de Boca Juniors para ver pasar frente a sus narices el cadáver del Fantasma. Hablar y no controlar lo que dice ha sido siempre uno de sus pecados, aunque él prefiera disfrazarlo como el cuestionado rasgo de un tipo que va de frente y no calla su verdad, en una sociedad chaquetera, corrupta y mentirosa como la nuestra.

Obviamente, sería iluso pedirle a un entrenador de fútbol que sea simpático, cuente chistes y además tenga gentilezas con una raza tan despreciable como la de los periodistas, buitres y aves de rapiña en el concepto del ex DT de la Universidad de Chile.

Más útil puede ser revisar quiénes han sido los técnicos a los que les ha ido bien en el último tiempo. Comencemos por Juan Antonio Pizzi, que aceptó dirigir al modesto Santiago Morning y sucedió al Fantasma en Católica. El argentino encabezó el último título de los cruzados, fue campeón con San Lorenzo en Argentina y ahora está en el primer mundo futbolístico a cargo del Valencia. De Berizzo y Sierra ni hablar. Tipos serios, trabajadores, se nota que disfrutan y conocen los secretos del juego. Ambos perdieron finales, pero fueron capaces de levantarse del fracaso y liderar los recientes títulos de O’Higgins y Unión. Es que el contraste es demasiado brutal si consideramos que hace poco convivíamos con Bielsa, nos deslumbramos con Sampaoli y siempre reconoceremos el aporte de Borghi en su brillante ciclo al frente de Colo Colo. Héctor Tapia va bien encaminado. Al Tuto Astudillo podrán criticarle su carácter parco y hasta aburrido, pero fue capaz de asumir el desafío tras la abrupta partida de Lasarte, otro buen entrenador que no tuvo suerte con los resultados. Pellicer y Astorga son técnicos capaces. Esta temporada debutó Mario Salas y finalmente cada uno de ellos se las arregla con los recursos que tiene a mano. ¿Serán tiempos para personas más sensatas, humildes y trabajadoras? Que los tres grandes de nuestro fútbol coincidan con técnicos que asumieron como interinos es una señal de cómo han manejado el tema las concesionarias. No es fácil proyectar ciclos de Astudillo y Romero a un mediano plazo, pero al menos Tito Tapia ya rompió la maldición de los interinatos que condenaron en su momento a Luis Pérez y Hugo González.

Figueroa salió mal de todos lados. Despilfarró su última oportunidad en un club grande y se empecinó en alimentar esa imagen de tipo bravo y encarador. Recuerda mucho al perfil que cultivan Basay y Bonvallet, quien en sus días de gloria trapeaba hasta el cansancio con Pellegrini y esta semana reconocía en televisión que no tiene amigos. Son tipos a los que les gusta ir de duros y hacen de la soberbia su escuela. Un estilo que afortunadamente va quedando en el pasado.

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