¿Mufazo?

Jorge Valdivia no debería ni despeinarse. Esto de las predicciones que van a parar a la tribuna son moneda corriente en todos los mundiales.

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Usted Jorge Valdivia debe tenerlo bien claro: entrene, llegue perfecto y descósala en la cancha.

Por Juan Cristóbal Guarello

Advertencia: Esta columna no habla de nada importante.

Se asustó Jorge Valdivia por la predicción, que fue sobre todo una muestra de buena voluntad y diplomacia, donde Pelé anunciaba que Chile podría llegar a las semifinales del Mundial. El volante de Palmeiras, seguramente alentado por sus compañeros de equipo, señaló que “cada vez que Pelé dice una cosa, ocurre lo contrario. Que no hable de mi país”.

Valdivia es relativamente nuevo en esto. No sabe sobre la tremenda rivalidad que hay entre Palmeiras y Pelé por una razón muy sencilla: O Rei debe haberle metido, en toda su carrera, más de cincuenta goles al cuadro blanquiverde. Los tenía de hijos. Por eso infiero que las palabras del “Maginho” tuvieron algún aporte del camarín “verdao”. Lo odian.

Pelé puede hablar de Chile por supuesto. Desde 1959, cuando vino por primera vez con el Santos, hasta 1970, cuando jugó su último partido con la selección brasileña en el Estadio Nacional, metió 40 goles sólo en nuestro país. Y a la Roja le encajó seis goles en seis partidos. Nada mal.

El tema de fondo es que Pelé es un diplomático. Viene a Chile y dice que Chile va a ser semifinalista; va a Inglaterra y señala que Inglaterra puede ser campeón mundial; lo pasean por Nueva York y dirá que Estados Unidos va a dar la sorpresa; asiste a una inauguración en Japón y no demora en apuntar sobre la posibilidades de los nipones en el Mundial de Brasil. La verdad es que le importa un comino, él pasa por caja sigue viaje. Qué le vamos a discutir a los 73 años y el convoy de títulos que arrastra. Puede decir que Bosnia va a ser campeón mundial y no cambia nada. Pelé es Pelé, como Elvis o Alí, más allá del bien y el mal.

Jorge Valdivia no debería ni despeinarse. Esto de las predicciones que van a parar a la tribuna son moneda corriente en todos los mundiales. Sabemos quienes son los favoritos y luego el lote de los que pueden dar la sorpresa. Claro, ese lote, donde hipotéticamente está Chile, son candidatos al amague, a meterse, tal vez, en una semifinal si se alinean todos los astros y los acompaña la suerte. Como Turquía el 2002, Suecia y Bulgaria en 1994 o Bélgica en 1986. Al final del día el asunto no sale de Brasil, España, Alemania y un escalón más abajo Francia, Argentina, Holanda e Italia. Sabemos cómo es esto. Lo demás es vender humo.

Recuerdo a Alfredo Di Stefano ¿o él tampoco puede hablar? antes del Mundial de Estados Unidos. Señaló, rampante, que le ponía fichas a República de Irlanda. Así, sin arrugarse, pensaba que Tony Cascarino podía dar más que Roberto Baggio. Ya sabemos cómo le fue.

En 1998 un equipo de TVN fue a hacerle una nota de Michel Platini. El astro francés propaló un rosario de flores, de las más fragantes, sobre el equipo que dirigía Nelson Acosta. Terminaba la entrevista Platini aclaró que si hubieran sido colombianos no cambiaba el libreto. Las palabras elogiosas eran las mismas. Su negocio era ése, seducir, halagar, dejar a todos contentos. Lo que pensara para adentro ya es otra cosa.

Hace cuatro años fue el turno de Johan Cruyff. En un par de diarios apuntó que el seleccionado dirigido por Bielsa iba a llegar muy lejos en Sudáfrica. El malvado de Dunga no leyó esos diarios y nos mató en Johannesburgo. Así es esto.

Comprendo a Valdivia. Esta puede ser su última oportunidad de hacer algo importante en un Mundial. Es ahora o ahora. Y por lo mismo cualquier ruido que él pueda sentir lo perturba. Le dicen que Pelé es mufa, chao Pelé. Cuando existe tan poco control sobre las cosas, más con el luminoso grupo que le tocó a Chile, hasta el aleteo de una mariposa puede desquiciar.

Yo tengo cientos de cábalas. La primera y más importante es no darle nunca, jamás, importancia alguna a las predicciones. Aunque sean de Pelé, Maradona o Cruyff. No existen las garantías. Todos te pueden decir que vas a ganar y a la hora del partido te meten un voleo en el ángulo desde 30 metros en diagonal y hasta ahí llegó todo.

La gente siempre anda buscando esas certezas. Lo mejor del fútbol, al contrario, es que es pura incertidumbre. El único deporte en que uno malo le puede ganar a uno bueno alguna tarde perdida. Otras cábalas son no comer asados viendo fútbol y escuchar el partido en radio Minería, aunque ésta última está un poco discontinuada.

Usted Jorge Valdivia debe tenerlo bien claro: entrene, llegue perfecto y descósala en la cancha. En el último amistoso con Brasil no la tocó. Lo dijo Jorge Sampaoli, a ese nivel no le sirve a la selección. No se preocupe de lo dice o no dice Pelé. Después de ser campeón mundial a los 17 años embocando dos goles en la final puede decir lo que le dé la gana. Y se le pagan más encima…

PD: una anécdota de Pelé narrada por el fotógrafo de El Gráfico Norberto González. Semifinales de la Copa Libertadores 1965 entre Santos y Peñarol. Partido de desempate en el Monumental de River. Los uruguayos desbordan a Santos con un juego muy recio, el único que no arruga es Pelé. Cuenta González: “Vino un centro desde la izquierda. Pelé la bajó de pecho y mientras caía gritó ‘¡GOL!’. Después pateó y la mandó guardar. Todavía no lo creo”.

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