Solidaridad

"Ese ser que es sindicado como farandulero, con acceso a pompas impensadas, tenga lo que tenga, ese deportista ayuda más que cualquier otro”

Por Soledad Bacarreza

 

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Massú jugó con los niños en los albergues / Agencia uno

Soledad Bacarreza

Comentarista DirecTV

Los deportistas, esos seres que se la pasan entrenando junto al equipo, que aparentemente, en el caso de algunos futbolistas, ganan millones y que viven en su propio mundo, son los primeros en salir a organizar partidos, pichangas o lo que sea para ayudar en la desgracia ajena.

Al utilero de Wanderers que perdió su casa en el incendio le fue a barrer los escombros Moisés Villarroel, mismo jugador que le ayudó a reconstruir la casa que perdió en el terremoto del 2010. Zamorano y Salas, a petición del propio Villarroel,  ya están reclutando a la selección de Francia 98. Colo Colo prestó plantel y estadio para un partido a beneficio previo a la final de la Copa Chile, cuyas recaudaciones irán completamente a los damnificados de Valparaíso.

Para el futbolista, en la tragedia, desaparecen hasta la más clásica de las rivalidades, sino Everton de Viña del Mar jamás iría en ayuda de Valparaíso, cuyo equipo es Wanderers. El Comité Olímpico de Chile abrió sus puertas para recibir donaciones de todo tipo, organizarlas y repartirlas en la quinta región. DAR Chile, la asociación de deportistas de alto rendimiento, también organizó sus propias campañas, y la obra de teatro del GAM “¿Quién es Chile?”, donde Carlos Caszely es protagonista ya ofreció entregar la recaudación de una función.

En mayor o menor medida, con un saludo a veces, todos los deportistas han hecho sentir su pesar por un país doblemente golpeado en tan poco tiempo. Y eso se llama trabajo en equipo, donde el compañero del lado no debe nunca estar solo; donde las cosas se solucionan de a varios, en grupo, con el equipo. Algo que todos podríamos aprender de una de las razas más criticadas en circunstancias “normales”, sin catástrofes de por medio: el futbolista.

Ese ser que es sindicado como farandulero, con acceso a pompas impensadas, adicto a marcas de lujo que exhibe con genuina ostentación, que muestra todo lo que ha ganado en la cancha sin pudores y que es observado del hombro para abajo por otros sapiens que lo consideran de menor categoría social, tenga lo que tenga, ese futbolista ayuda más que cualquier otro.

Porque se arremanga la camisa y se va a terreno, como Villarroel, a barrer escombros y buscar latas y chanchos perdidos en el fuego. El campeón del fútbol chileno entrega el estadio gratis, cuando la base del negocio de la pelota es ganar plata.

De acuerdo, no todos dan a manos abiertas como el chico tocopillano que reparte regalos arriba de un camión en navidad,  o se hacen el tiempo de jugar un partido a beneficio. Pero los que lo hacen, que son muchos, le dan sentido a la pega del futbolista famoso, justifican la idolatría y los excesos, porque la gente los va a ir a ver a ellos, al que tienen el aro de diamante, al que le piden la camiseta más que a Messi, al que anda en Lamborghini o Ferrari.

Porque son ricos y famosos, y esa fama en este caso, exhibida como un circo romano, le será funcional a los más necesitados y combatirá la fatalidad de la mejor manera posible: con espectáculo. Bienvenidos los blin blin si eso le da un respiro económico y moral a quienes hoy lo están pasando de la peor manera posible.

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