Columna de Guarello: Lecciones de un año lectivo

"Ya con todos los números en la mano y la posibilidad de hacer una mirada global del asunto, es posible sacar unas cuantas conclusiones", dice Guarello.

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Por Juan Cristóbal Guarello

Sin gran estruendo, salvo lo que ocurrió en la parte baja de la tabla acumulada, la temporada 2013-2014 casi ha concluido. Falta la liguilla para la Copa Sudamericana, la que tiene tantas condicionantes y filtros, que a la larga no se sabe si los equipos que la disputan están ahí por mérito deportivo o por simple casualidad.

Ya con todos los números en la mano y la posibilidad de hacer una mirada global del asunto, es posible sacar unas cuantas conclusiones. Lo triste es que esas mismas conclusiones carecen de novedad, pero indican, aquí está el tema, la falta de interés por parte de los clubes de hacer las reformas necesarias. Vamos al grano:

La manera en que terminó el Clausura en la parte de arriba de la tabla indica, una vez más, que este sistema está caduco. Colo Colo lo definió temprano y quienes los escoltaban se quedaron, con 12 puntos por jugar, sin nada importante como objetivo. El resultado fueron tres fechas finales para el bostezo, con partidos jugados al ritmo del entrenamiento del jueves, jugadores preocupados de las vacaciones o una posible transferencia. Esta distorsión terminó siendo relevante en la lucha por el descenso, transformando a equipos protagonistas en meras comparsas a la hora de entrar al campo. Unión La Calera salió demasiado favorecida por los suplentes desganados de Universidad de Chile y los distraídos celebrantes del aniversario que puso Católica el sábado. Cuatro puntos de regalo. Permanencia garantizada. De la misma manera Everton vio como sus rivales se sacaban los ojos en cada duelo.

Algo funcionó mal aquí. Profundizo.

Resulta interesante cómo la tabla acumulada del descenso terminó por darle sentido al campeonato. Abajo se jugó en serio, se dio espectáculo y se entregó una razón básica para ir al estadio. Se compitió. Las fechas finales fueron espectaculares, con todo tipo de análisis, cálculos y resultados cruzados. Hubo varias finales entre equipos comprometidos. Eso es el fútbol

¿Por qué ocurrió esto? Porque la tabla acumulada es la única forma de hacer un campeonato decente, competitivo y serio. Por algo en todas las ligas europeas se juega a dos ruedas, lo mismo que en el fútbol brasileño. De la misma manera las ligas latinoamericanas que persisten en el caduco y poco serio sistema de los “aperturas y clausuras”, están en crisis hace largo tiempo, bajando en el nivel competitivo a cotas alarmantes y transformando a los clubes, incluso los más grandes, en meros proveedores de “carne fresca” para las ligas europeas. Basta mirar en lo que está convertido el fútbol argentino. Una bosta que no se condice con su calidad histórica. Hace 15 años un clásico River- Boca estaba entre los diez espectáculos más importantes del mundo deportivo. Hoy casi no es noticia. Al lado del derbi español o un Chelsea- Manchester City el glorioso pero hoy zaparrastroso River – Boca no tiene cómo competir. Antes iba mano a mano.

Pero volvamos a Chile ¿Qué hubiera pasado si el campeón salía de una tabla acumulada? ¿Si el segundo y tercer cupo de la Libertadores emergía de una liguilla entre el segundo y el quinto en el torneo? ¿Si a la Sudamericana clasificaban ganadores de distintos tramos? El campeón tendría doble premio: Sudamericana y Libertadores (sólo el Chile corre esa tontería de que el que juga Libertadores no juega Sudamericana. Una idiotez que nos hace cada vez menos competitivos).

Hubiéramos tenido unas fechas finales sanguinarias. Con Católica defendiendo su ventaja en la punta con dientes y uñas, O’Higgins metiendo como loco, Colo Colo intentando descontar matándose (el clásico con la UC hubiera sido otra cosa), la U bregando por un cupo en la liguilla en una lucha sin cuartel con los rivales directos.

Eso repercutiría abajo obviamente. Ningún equipo comprometido enfrentaría a un rival que no juega a nada o sale a la cancha con ocho suplentes.

No lo aburro más. Sólo le pido que vea la tabla acumulada y calcule las posibiliades de un torneo largo. Está a la vista. No hace falta un análisis muy fino. Pero en el consejo de presidentes los clubes, como si fuera un dogma de fe, seguirán apostando a la boñiga del Apertura y Clausura. No hay caso.

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