Columna de Guarello: El canal imaginario

El Premio Nacional de Periodismo Deportivo de 2011 se pronunció sobre los despidos del CDF.

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Agencia Uno

Por Juan Cristóbal Guarello

La semana pasada dos editores, Cristián Urbina y Patricio Torres, fueron echados del Canal del Fútbol por hacer el jueves 30 de julio un pequeño reportaje sobre el futuro estadio de Universidad de Chile en la comuna de Pudahuel. La nota no era ni polémica, ni compleja, ni crítica. Tal vez ni siquiera era un reportaje. Apenas el contraste de opiniones (concejales vs funcionario de Azul Azul) sobre los plazos para la construcción del recinto y el curso de los permisos municipales. Un vaso de cristal con agua quieto sobre una mesa blanca, tiene más controversia. Sin embargo la dirigencia de la U consideró necesario reclamar por tamaño atrevimiento. Carta mediante a Jorge Claro Mimica expresaron su disconformidad e irritación por el reportaje, el que fue sacado del aire, borrado de los archivos, bajado de la página web y la repetición del noticiario del CDF, que debía ir a medianoche, no fue emitida. Además, y esto fue señalado en el encabezado de estas palabras, los dos editores fueron echados del canal. Ante el hecho, cuatro periodistas decidieron presentar su renuncia (Roberto Gálvez, Claudio Lara, Pablo Sepúlveda y José Manuel García).

Después, para darle más condimento a esta mala obra de teatro, el propio Carlos Heller confesó que no había visto la nota y que no le habían informado que un funcionario del club había sido entrevistado. Se lavó las manos de los despidos.

Sabemos que el Canal de Fútbol abomina del periodismo. Por algo, cuando Claro Mimica se hizo de los derechos el 2002 (veloz zarpazo ante la pasividad de Reinaldo Sánchez que se quedó parado mientras el balón se le escurría entre las piernas), señaló claramente que “no quería periodistas en su canal”. En la práctica debió poner algunos para levantar un tinglado de noticiario de fútbol diario. Conocemos el paño, CDF Noticias es apenas un recuento de entrenamientos, viajes de jugadores y horarios de partidos. Inocuas “previas” donde se ven circunspectos entrenadores hablando de lo “complicado” del lance del domingo, mientras la tarde cae mansa a sus espaldas. Toda polémica o disenso está prohibido, cualquier matiz severamente castigado y restringido, no se aceptan críticas o contrastes. Un mundo plano, como los ignorantes creían que era la tierra hace unos cuantos siglos.

Antes de cada partido los comentaristas reciben minutas de los temas que no se pueden hablar. No son raros los telefonazos o mensajes de textos con reprimendas y quejas en medio del juego. Rubén Selman fue echado por criticar el nivel de los arbitrajes, Marcelo Barticciotto por haberse presentando como candidato a la presidencia de Colo Colo en oposición al inefable Cristián Varela, Rodrigo Goldberg y Dante Poli salieron volando hastiados…

Pero no basta. Para Claro Mimica los estándares de restricción deben superar a Corea del Norte al menos no deben ser menos. Por algo se mando a escribir una hagiografía disfrazada de investigación periodística, por algo echaron a dos editores la semana pasada por nada. Porque, seamos honestos, ese reportaje sobre el estadio de Universidad de Chile no era nada.

El fin del CDF, denunciado hasta el hartazgo acá, es no sólo poseer los derechos de transmisión del fútbol chileno, sino que también manejar toda la información que genere. Que sólo se conozca una verdad, la de Claro Mimica. Y el que no se pliega, piensa diferente, mira para el lado o se rasca la oreja, es echado, humillado, perseguido y pateado si fuera posible.

Ante esta realidad, triste y gris, útil es el poema de Nicanor Parra (Claro Mimica googlea rápido), el Hombre Imaginario. Lo tomo prestado y lo adapto al monopolio del fútbol chileno, llamado eufemísticamente Canal del Fútbol.

El canal imaginario

Un ex dirigente imaginario
devenido en emprendedor imaginario
armó un canal imaginario
para transmitir el fútbol imaginario
de un país imaginario
con triunfos imaginarios
y copas imaginarias
sobre anaqueles imaginarios

Con cámaras imaginarias
estudios imaginarios
y comentaristas imaginarios
transmitió miles de partidos imaginarios
a través de una década imaginaria

El emprendedor imaginario
envanecido por una gloria imaginaria
se mandó a escribir una biografía imaginaria
donde se entonaban cantos imaginarios
a sus logros imaginarios

Pero los lectores imaginarios
no creyeron los elogios imaginarios
y en los estantes imaginarios
quedó botado el libelo imaginario

Luego en un noticiario imaginario
se hizo un reportaje imaginario
sobre un estadio imaginario
que enojó a un presidente imaginario
por una polémica imaginaria

El emprendedor imaginario
despidió a los periodistas imaginarios
cercenando los derechos imaginarios
y la libertad de prensa imaginaria

Entonces el canal imaginario
con cámaras imaginarias
estudios imaginarios
y comentaristas imaginarios
vio su nombre imaginario
rodar por el suelo imaginario
y ensuciar más su prestigio imaginario.

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