Columna de Manuel de Tezanos Pinto: El carrete y los seleccionados

"Desde el minuto en que aterrizo en el aeropuerto Arturo Merino Benítez empieza una vorágine de invitaciones y reuniones"

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Agencia Uno

Por Manuel De Tezanos Pinto

@ManuelDTP

Van dos días y todavía no me recupero del todo. Sigo agotado, con dolor de guata y de cabeza. No… no estuve enfermo. Estuve en Chile por el fin de semana.

Me explico. Hace 4 años vivo en Buenos Aires por motivos profesionales. Estoy en Fox Sports, que es para un periodista deportivo similar a lo que es jugar en Boca o River para un jugador. Estar lejos de la familia, de los amigos y de un país tan espectacular como el nuestro es un gran sacrificio, pero sumando y restando siento que vale la pena.

Trato de viajar a mi país lo más seguido posible para estar cerca de mis afectos. No es fácil, porque trabajo los fines de semana. Igual que los jugadores, que tienen limitadas las visitas a Chile a sus vacaciones o a sus citaciones a la selección. Viajo cuando puedo. No cuando quiero, porque el fútbol se juega cuando todos descansan.

Desde el minuto en que aterrizo en el aeropuerto Arturo Merino Benítez empieza una vorágine de invitaciones y reuniones. Sólo armar la agenda ya es un estrés tremendo. Me comprometo a más cosas de las que puedo atender. Trato de cumplir con todos, pero el día tiene 24 horas y dejo plantados a varios (a los que aprovecho de pedirles perdón a través de estas líneas. No es nada personal).

Los afortunados que logran “ficharme” para las actividades nocturnas quieren exprimir mi presencia al máximo y me tratan mucho mejor de lo que merezco. Comidas mega producidas y copete a destajo nunca faltan en cada una de mis encuentros ya sea con familiares, amigos de la vida o ex compañeros de trabajo.

No duermo. Al día siguiente hay desayuno, luego compromisos hasta el almuerzo. Después, al estadio a ver el partido que sea (porque no hay nada más lindo que el fútbol chileno). Comida de nuevo, y que siga la fiesta.

En eso me paso. Yo, que soy un ciudadano común y corriente. Imagínense los seleccionados. Que además tienen decenas de peticiones para dar entrevistas con cada programa de radio y TV, desde los deportivos hasta los faranduleros. Que mantienen compromisos comerciales y pasan horas grabando spots y sacándose fotos. Que no pueden estar en la calle para tomarse un café tranquilos sin firmar 5000 autógrafos. Que son acosados por un batallón de minas dispuestas a todo por un minuto de fama. Que con suerte llegan a los 30 años y viven rodeados de amigos que lo único que quieren es piscolear de lunes a domingo.

Por eso, desde mi experiencia, pido mayor mesura. Basta de reventar a los jugadores porque carretean. ¿Se pasan de copas? Dudo que más que el promedio de los chilenos, que en el caso de los hombres consumen 13,9 litros de alcohol puro por año según la Organización Mundial de la Salud. En eso sí somos, lamentablemente, los campeones de América Latina. También somos los mejores a la hora de ver la paja en el ojo ajeno.

Espero no ser mal interpretado. Esto no significa que piense que los seleccionados son libres de hacer lo que quieran cuando quieran. Sólo digo que hay momentos donde un carrete es aceptable, como ocurrió en Brasil, donde algunos jugadores salieron un rato luego de tres semanas de concentración y a cinco días del siguiente partido. Hay otros episodios, como el “Bautizazo” o el “Puerto Ordazo”, donde la mala conducta efectivamente influyó en el rendimiento deportivo y los involucrados recibieron su merecido castigo. Hay que separar una falta de disciplina a un acto de esparcimiento normal y comparable a la conducta de cualquier chileno en su tiempo libre.

Para cerrar te pregunto a ti, querido lector. ¿Tienes caña en ahora mismo, mientras vas rumbo a tu oficina? ¿Cuántas veces fuiste a trabajar después de dormir poco algún día en las últimas dos semanas? ¿Son altas las probabilidades de que hoy en el trabajo te encuentres con alguno de tus compañeros en estado “no adecuado”?… Sé que se te dibujó una pequeña sonrisa en la cara.

GRAF/CS

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