Columna de Carlos Costas: Parte de la religión

"Desde este rincón del planeta puede resultarnos ajeno pensar que la religión sea un factor, pero es un hecho que se registra en la historia del fútbol británico".

Columna de Carlos Costas: Parte de la religión

Carlos Costas

Fin de semana de clásicos en el fútbol inglés que ahora también sentimos un poco nuestro, aunque suene ridículo decirlo. En el derby de Londres, Arsenal y Tottenham empataron 1-1. Y con ese mismo marcador finalizó el llamado clásico de Merseyside entre Liverpool y Everton. Recuerdo que cuando estudiaba en un colegio de curas españoles, por donde también pasaron Honorino Landa y el Coto Sierra, la mitad de mi clase era de Unión, la otra del Colo y con una sola mano se podía contar a los de la Chile y la Católica. Ni siquiera las grandes campañas de Cobreloa en los ’80 alteraron ese curioso y anómalo microclima. Si ese mismo ejercicio se hiciera en nuestras aulas, en estos tiempos de fútbol por cable y playstation, no serían pocos los que se apuntarían entre las huestes del Real Madrid, Barcelona, Manchester United, el City y también el Arsenal de Alexis. Hoy para los niños es más fácil memorizar la formación completa de cualquiera de estos equipos que reconocer al lateral de Ñublense o al goleador de Cobresal.

Es lo que llaman la globalización. Si estamos en esa, sumemos entonces un elemento que también carga con ese pecado que le atribuyen al fútbol de ser “el opio del pueblo”. Desde este rincón del planeta puede resultarnos ajeno pensar que la religión sea un factor, pero es un hecho que se registra en la historia del fútbol británico. En Escocia, que acaba de reafirmar su pertenencia al Reino Unido a través del voto popular, es archiconocida la rivalidad entre Celtic y Rangers que divide a católicos y protestantes, en la ciudad de Glasgow. Sin embargo, esta dicotomía también ha sido parte de la añosa y rica tradición del fútbol inglés.

Con respecto al clásico de Merseyside, la identificación de Everton como el club de los católicos y la de Liverpool como el de los protestantes se profundizó entre los años 50 y 60 cuando Everton fichó a importantes y exitosos jugadores irlandeses como Jimmy O’Neill, Tommy Eglington y Peter Farrell, además del entrenador Johnny Carey. Por su parte el equipo de Anfield recién integró a sus filas a un católico irlandés en 1979, cuando contrató al volante Ronnie Whelan, quien en 15 temporadas anotó 73 goles con la camiseta de Liverpool y se convirtió en símbolo del club. Esta renuencia a incorporar jugadores católicos alimentó su carácter de equipo de protestantes.

Sin embargo, a diferencia de lo que siempre se ha dicho, no hubo en esta rivalidad una causa de origen religiosa cuando en 1892 un quiebre entre directivos del entonces Everton Football Club dio vida al Liverpool. Católicos y protestantes ser repartían por lado y lado. Algunos eran miembros del partido Conservador, otros del partido Liberal y la verdadera razón fue una pelea por el conflicto de interés que provocó la adhesión de varios miembros de la dirigencia de Everton a las sociedades de abstinencia -impulsadas en Inglaterra en esa época como una forma de combatir el alcoholismo- y los negocios cerveceros de uno de los miembros de la mesa directiva que finalmente optó por fundar el Liverpool.

Siguiendo esta referencia, un estandarte de la militancia católica en el fútbol inglés es la de Wayne Rooney nacido en la cantera del Everton y que en sus 12 años de carrera sólo defendió esa camiseta y la de Manchester United, equipo también identificado con los católicos. Hasta comienzos de los 70, el United y el City estaban parejos en títulos y en la ciudad los celestes eran mayoría. Nada extraño considerando que es un país con mayoría protestante. Los católicos tenían prohibido el ingreso al club y por eso la mayoría de inmigrantes irlandeses abrazó los colores de los Red Devils que se convirtieron en uno de los cuadros más exitosos en la historia moderna del fútbol. Fue tal la distancia que United le sacó a su tradicional rival que sus hinchas empezaron a considerar que el verdadero clásico era el que disputaban con Liverpool, como una manera de ningunear a su antagonista.

Para ampliar la perspectiva con respecto a esta clásica rivalidad vale la pena chequear el libro que Colin Shindler, un declarado hincha del City, publicó en 1998: “Manchester United Ruined My Life” (El Manchester United arruinó mi vida). Hace un par de años, el mismo autor lanzó “Manchester City Ruined My Life” donde lamenta que su equipo haya perdido esa escala local y humana que lo caracterizó antes de convertirse en el negocio de un jeque. El trabajo de Shindler remite a la exitosa novela Fiebre en las Gradas de Nick Hornby, quien patentó ese estilo autobiográfico para explorar su pasión por Arsenal.

El actual equipo de Alexis Sánchez protagoniza un histórico duelo con el Tottenham Hotspur. Aunque los éxitos más recientes de Chelsea hayan opacado a ambos clubes del norte de la ciudad, éste es el verdadero clásico de Londres. Por años, los Gunners se caracterizaron por el juego basado en el balón largo y el orden táctico. De sus entrenadores nació la idea de adaptar el sistema de juego a la regla del off-side con una defensa en línea. En cambio los Spurs practicaban un juego de toques y a ras de piso. Este equipo se identifica con la comunidad judía. Cuando nació en 1882 la mayoría de sus jugadores eran estudiantes judíos. Durante la participación de Totthenham en la Europa League del año pasado sus hinchas fueron hostilizados en Italia y Alemania por grupos neo-nazis.