Columna: Mi copa

Recuerdo anclado en el calendario que revive justamente en Chile: la Copa América de 1991, germen del fanatismo a la distancia. Experiencia personal.

Por

Andrés Del Brutto, @El_Editor
Secretario de Redacción, El Gráfico Chile

Imagen foto_0000001420150619004942.jpg“Simeone, Batistuta, Leo Rodríguez y Basualdo a plena euforia en Santiago”. Más que el título, me quedó para siempre la lectura de foto de tapa. El Bati sonriendo y el Cholo gritando. Había seguido cada uno de los partidos de la Copa América de 1991 por televisión desde San José de Costa Rica. Los dieron todos, y los diarios locales dedicaron hasta tres páginas por día para seguir el torneo.

En una librería del barrio Moravia compramos la edición 3.746 del 23 de julio 1991, la primera de una larga colección que sigue creciendo hasta estos días. Hubo otras ediciones de El Gráfico antes: Marangoni y Borrelli en el 90. Francescoli algunos años antes. Y por ahí juntaban polvo tapas de Vilas y, sobre todo, de Fangio, uno de los referentes de mi viejo.

La Copa del 91 despertó el fanatismo adolescente por el fútbol. Y más con la distancia: una especie de cable a tierra conectado con las raíces que me negaba a creer perdidas sin saber cuánto tiempo habría de estar tan lejos de Bahía Blanca.

Un par de años después, instalados ya en Santiago de Chile junto con mi familia, recordaba la lluvia y el frío de aquellos Chile vs. Argentina en la Copa. Dramáticos, peleados, con más patadas que fútbol en algún caso.

La Copa era la oportunidad de ver a las escasas figuras sudamericanas que brillaban en Europa. De ver con sus países a los extranjeros que la rompían en nuestros equipos. Muchos hinchas de River Plate nos colgábamos de Uruguay sólo por el Enzo. El álbum del torneo, un tesoro.

La vida da vueltas, es más que una frase hecha. No sé si las cosas se hubiesen dado así con otros rumbos en la hoja de ruta. En 2006 comenzamos la aventura de instalar la tradición y calidad de El Gráfico en Chile con una edición mensual. Eran tiempos de descrédito para el fútbol chileno, sobre todo a nivel dirigencial. Mark González se ilusionaba en Liverpool y Luis Jiménez sorprenía en Italia. Aparecía Matías Fernández, figura de tapa en agosto y diciembre de aquel año. Él también: dueño del primer botín de oro de la premiación que este año cumple diez años.

Hay un sentido de responsabilidad muy grande en el centenar de ediciones mensuales que hemos publicado este tiempo. Así como en las ediciones especiales, las guías de torneos grandes, la salida de elgraficochile.cl y el lanzamiento del diario deportivo en 2012. Ha sido y sigue siendo un privilegio representar en Chile lo que significa El Gráfico. Para mí, para todo el equipo editorial.

Veinticuatro años después la Copa América vuelve a Chile. Ya no están Caniggia, Batistuta ni Goycochea. Trabajando, en la vorágine diaria, la admiración por Messi, Mascherano y compañía no es proporcional a la ilusión de un pibe de 11 años. Se disfruta, se sufre, pero entonces se nos iba la vida con cada partido.

Comparto esta sensación especial ignorando hasta qué punto hoy se vive con ilusión un torneo como este. El merchandising tapa todo. La publicidad. Los códigos manoseados: el compañerismo se confunde. Ganar como sea.

Todavía me ilusiono con la sonrisa de los jugadores del Coco Basile. Recuerdo con cariño aquella que fue mi Copa, la que me marcó. Esa es mi tapa histórica.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo