Columna: No es una guerra

La tarjeta verde que se levanta durante el himno visitante en los partidos como local de la Roja no refleja la realidad de cómo tratamos al extranjero en nuestro país.

Columna: No es una guerra
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La tarjeta verde no es la solución definitiva (AgenciaUno)

Por Gonzalo Pérez Amar
Editor web El Gráfico Chile
@perezamar

 

“Y verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero”. Desde 1942, cuando Enrique Motto Arenas, más conocido como Chito Faró, compuso la canción Si vas para Chile, que usamos su ya famosa frase para hacer alarde de la buena recepción que tenemos con el extranjero. Alardes que parecen estar alejados de la realidad. Pedimos a viva voz y públicamente respeto por nuestros hermanos sudamericanos que inmigran al país. Pero la precaria realidad que tienen que vivir dista mucho del respeto que decimos entregarle. La violencia no sólo está en las palabras que podemos emplear, sino que llega a la cotidianidad de sus vidas.

Decimos ser un país que no discrimina y que está lejos del racismo, sin embargo la realidad no es así. No por nada, en la Copa América se tuvo que crear una iniciativa especial para que los hinchas respeten el himno de sus países vecinos. Una tarjeta verde que se levantó cada vez que sonó la canción nacional de los rivales de Chile. Una iniciativa promovida por la Unicef y la fundación Fútbol Más que dio resultados y que fue aplaudida a lo largo de todo el torneo, tanto así que ahora se ocupa en las Clasificatorias. El solemne momento de la entonación del himno se respetó con silencio y sin pifias, lo que se replicó cuando recibimos a Colombia el pasado jueves. Pero, ¿qué pasó cuando se bajó la tarjeta? El tradicional grito “poropopo, poropopo, el que no salta es un colombiano maricón” sonó fuerte en el Nacional.

¿Dónde quedó ese respeto que decimos tener con el forastero? Muchos dirán que es el folklore del fútbol, pero no tapemos una realidad que traspasa las fronteras de un estadio. Muchos dirán que el hincha del fútbol es así, pero es cosa de pasearse por las calles de Santiago, donde el número de inmigrantes registrados alcanza los 235 mil según la última encuesta CASEN, y preguntarle a uno de los extranjeros que reside en nuestro país si han sufrido discriminación. La respuesta no debería ser muy distinta entre unos y otros. Es que no sólo hablemos de una actitud discriminatoria cotidiana, sino de la discriminación simbólica que se expresa con las oportunidades que se le dan en todo ámbito a nuestros hermanos sudamericanos en Chile.

Parece ser que Enrique Motto Arenas estaba un poco equivocado cuando compuso su canción en 1942. No a todos los forasteros los tratamos como amigos. Es cosa de ver como nos pusimos cuando la pifia se hizo ensordecedora para el himno en el Estadio Nacional de Lima. Acto que puede ser repudiado por el nuevo “respeto” que creamos en Copa América, pero que no puede ser respondido con insultos a los peruanos y que se vio reflejado en el camuflado insulto que soltó Gary Medel en la cancha del estadio limeño.

Muchas veces el fútbol saca a relucir lo peor de lo nuestro y terminamos transformando el juego en una guerra. Para muestra un botón. Ahora que viene el partido con Uruguay, el concepto de revancha se instaló acá y allá y el ambiente está más caldeado que nunca. Aunque muchos piden calma y desde la misma Asociación Uruguaya de Fútbol lanzaron un video para pedir respeto, no nos extrañemos si eso no pasa en el Centenario de Montevideo porque nosotros tampoco lo hacemos.

Pero la diferencia está en la respuesta que hay que tener con esos problemas y recordar aquella frase que se compuso hace ya 73 años. No vaya a ser cosa que nuestros representantes terminen rayando nuevamente un camarín.

GRAF/JIGB