Columna: ¿Que vuelvan las familias?

Cada vez se ve menos público en los partidos del fútbol chileno. Se culpa al "miedo", pero el sistema de venta de entradas es el verdadero problema.

Columna: ¿Que vuelvan las familias?
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Graderías vacías, una postal cada vez más repetida en el fútbol chileno (AgenciaUno)

Por Gonzalo Pérez Amar
Editor web El Gráfico Chile
@perezamar

“Queremos que vuelvan las familias al estadio”. Ese ha sido uno de los lemas favoritos de las autoridades gubernamentales para justificar y avalar las nuevas medidas de seguridad que han tomado en el fútbol chileno. Medidas de seguridad que, supuestamente, iban a hacer que la gente volviera en masa a los estadios para disfrutar del apasionante Campeonato Nacional. Sin embargo, es cosa de revisar los lunes las asistencias de público para saber que el panorama es completamente distinto. Ver graderías vacías se está haciendo costumbre y la promesa del retorno de las familias está lejos de cumplirse.

No hagamos lo fácil para buscar una respuesta al problema. No culpemos al “miedo” y pensemos en las trabas que se le están imponiendo a los hinchas. Pensemos en el alto precio de las entradas, la popularizada compra por internet -que termina discriminando a aquellos que no tienen tarjetas para hacer transacciones online, no tienen acceso a la red o simplemente no saben ocupar el sistema-, o la nueva moda que se ha instaurado en que los visitantes tienen que ir a buscar sus tickets a un punto muy lejano al lugar del partido.

Con este panorama será muy difícil que una familia diga, por ejemplo, ‘vamos el fin de semana al Clásico Universitario’ ¿Para qué? ¿Para tener que estar pendiente durante toda la semana a la modalidad de venta o tener que movilizar a alguien hasta el lugar de retiro? No, mejor busco otro panorama.

Los únicos que parecen tenerla fácil para ir a ver a su equipos son los que terminan abonándose. Un sistema que las sociedades anónimas se encargan de promocionar antes de cada inicio de torneo y que el único beneficio que te da es “asegurar” un asiento para los partidos de local de tu equipo favorito y una “recompensa” por tu fidelidad durante todo el torneo, que termina siendo un descuento que parece simbólico.

Sin embargo, para comprar un abono hay que desembolsar una cantidad de dinero que una familia puede no tener para pagar de inmediato, porque en la vida cotidiana hay otras prioridades. Además, para qué pagar tanto si el beneficio que te llega de vuelta es poco y nada.

Pero el panorama de las graderías vacías parece no ser un tema para los nuevos dueños de los clubes y el fútbol chileno. Es que sus presupuestos no los arman con el dinero que pueden percibir por venta de entradas y abonos. No, sus presupuestos están armados con otros dineros y los fanáticos pasan a ser un cliente que les puede ayudar a agrandar sus ganancias.

Lejanos parecen los tiempos en que un hincha pagaba feliz su cuota de socio e iba al estadio como panorama de fin de semana. Es que esa cuota te permitía generar comunidad, tener participación activa y democrática en tu club y optar por beneficios que iban mucho más allá de tener un asiento asegurado. Esos tiempos quedaron atrás con la extinción de los clubes sociales. Quizá esa era la idea con el modelo al que le dieron rienda suelta: que el fútbol deje de ser social y pase a ser un producto. La comunidad en el fútbol, como lo han hecho en otros ámbitos de la sociedad, la hicieron desaparecer y ahora los hinchas parecen clientes por el que cada vez hay menos preocupación. El modelo se sigue replicando.

Por eso, no culpemos a la delincuencia de alejar a la gente del fútbol. O quizá sí, pero no a los delincuentes a los que siempre se apunta.

GRAF/JIGB