Columna: El fundamentalismo del Comandante

La consigna de Mario Salas de ir siempre al frente es seductora, pero no necesariamente da resultados. Le falta madurar, algo lógico para un DT joven como él.

Por Juan Ignacio Gardella

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Por Juan Ignacio Gardella Berra
Subeditor El Gráfico Chile
@jigardella

Dos goles llevaba Deportes Antofagasta disputadas las primeras ocho fechas del Torneo de Apertura. Como se dice coloquialmente, los nortinos no le hacían un gol ni al arcoíris. Pero en la novena se toparon con Universidad Católica y en 90 minutos le convirtieron la misma cantidad de tantos que sumaban hasta ese momento… y pudieron anotarle más.

El de Mario Salas es un equipo desequilibrado, que en algunos partidos deslumbra y en otros hace agua por todos lados. Tiene tardes para guardar en el recuerdo, como el 5-0 a O’Higgins, el 5-1 a San Marcos de Arica o el 2-1 a Colo Colo -mereció mucho más-, todas en el inexpugnable San Carlos de Apoquindo, y otras en que si no es por Cristopher Toselli, la falta de finiquito del rival o la suerte, terminan en humillaciones. Y esos puntos cuestan caro.

El encuentro frente a los Pumas fue una clara muestra de la inestabilidad del cuadro del Comandante, que por momentos se olvida de que existe la mitad de la cancha. Ese día sacó a César Fuentes después del descanso y a Carlos Lobos a los 56′ y, literalmente, se quedó sin volantes de contención. Si los antofagastinos no golearon, fue exclusivamente por su ineficacia ofensiva.

Lo mismo se vio con la U en el Clásico Universitario. El mediocampo, durante gran parte del segundo tiempo, fue un pasadizo. El DT de la UC atribuyó el empate a la “convicción”, al “sacrificio” y a la “resiliencia”, pero es cosa de revisar el compacto para darse cuenta de que fue gracias a un penal dudoso de Osvaldo González, a un error de Matías Rodríguez y a que los azules perdonaron.

Considero que la propuesta del ex entrenador de Barnechea y Huachipato es seductora. Ver un duelo de los cruzados es un buen panorama, como en varias ocasiones ha repetido el adiestrador, pero eso no implica que dé resultados, que es lo que más quiere el hincha franjeado. Pregúntele a cualquiera.

A mi parecer, el ex mediocampista es equiparable a la versión primaria de Jorge Sampaoli, cuando éste pensaba que se ganaba sólo atacando. La experiencia hizo que el casildense entendiera que hay que matizar, que la pausa no es un pecado, y lo ha ganado todo. A eso se le llama evolucionar. Por algo, el propio argentino definió a su colega como el “más interesante del fútbol chileno”.

En el Sudamericano Sub 20 de Argentina, en el 2013, el ex rugbista se comparaba con Gustavo Benítez -por la planificación del paraguayo- y con Nelson Acosta -por la motivación del uruguayo-, pero, qué duda cabe, dentro del rectángulo verde, su estilo es muy diferente. El ir al frente es su consigna, pero quizá debiera buscar más equilibrio. Este domingo dio un indicio con el ingreso de Guillermo Maripán por Carlos Espinosa, pero puede que ya sea tarde.

En conclusión, creo que al viñamarino le falta madurar como director técnico, algo lógico para alguien de 48 años, pero tengo la certeza de que si deja el fundamentalismo de lado, llegarán los éxitos. Tal vez, como hombre de rugby, debería saber que a veces hay que retroceder dos pasos para avanzar uno.

GRAF/JIGB

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