Columna de Colo Colo: La semana decisiva

"La ansiedad y la obsesión harán que trabajar o estudiar con normalidad se vuelvan cosas en extremo difíciles imposibles para un colocolino"

Por

Claudio Pérez (@cperezoso)

Movimiento Colo-Colo de Todos (@colocolodetodos)

Estamos asistiendo a la semana más decisiva que ha vivido Colo-Colo en mucho tiempo. Una semana que estará inevitablemente marcada por la ansiedad y la obsesión por contar las horaspara los partidos que se vienen, haciendo que trabajar o estudiar con normalidad se vuelvan cosas en extremo difíciles imposibles para un colocolino. Y es que hace mucho tiempo que el Cacique no dependía sólo de sí mismo para alzar dos títulos, y en una misma semana.

La primera estación será La Serena, ciudad donde el miércoles se jugará la final de la Copa Chilefrente al conjunto de Azul Azul. Luego, el día domingo trasladaremos nuestras esperanzas y sueños al puerto de Valparaíso, donde el Cacique definirá el campeonato nacional frente a Santiago Wanderers. Si ésta no es una semana decisiva, entonces que me digan que es.

Quién haya tenido el privilegio de vestir alguna vez en su vida la camiseta blanca debe saber lo que significa, lo que genera una final jugada por el popular. Las expectativas son tremendas, un país se paraliza, la gente organiza asados, apuestas, los diarios esperan ansiosos para tener más tiraje, las radios y TV prepararan especiales dedicados al evento deportivo. Y es que Colo-Colo es por lejos la única institución que puede encarnar las esperanzas y los sueños de la inmensa mayoría del pueblo chileno.

Por eso mismo, más allá de cualquier tipo de especulación con los avatares y resquicios del reglamento para acceder a copas internacionales, Colo-Colo no tiene permitido “guardarse” nada esta semana. Y es fundamental que tanto José Luis Sierra y su cuerpo técnico como los jugadores lo tengan claro. Es clave que los históricos del club den una señal clara y nos recordemos a nosotros mismos y al país en qué club estamos. La historia que hemos construido como institución (no como sociedad anónima) ha sido fruto de la osadía y el valor de miles de hombres que a lo largo de sus vidas decidieron apostar por la gloria.

Es bueno traer a la memoria ese equipo de valientes jugadores, ganador de la Libertadores, para el cuál no había cansancio ni trayectos interminables. No había nada que fuera un impedimento: para ellos sólo existía el camino del éxito, y ellos estuvieron dispuestos a emprenderlo. Los grandes equipos están hechos de eso: de valentía, de empuje y coraje. Y eso es lo que todo el país estará esperando. Un equipo que sea avasallador, que tanto el miércoles como el domingo sea capaz de honrar la camiseta blanca que viste.

Lo necesitamos. No solamente por los pergaminos deportivos, si no por todo lo que significa previo a las festividades Navideñas y de Año Nuevo. Qué lindo regalo sería una doble corona para esos colocolinos que tendrán por primera vez en su vida la oportunidad de disfrutar de una vuelta olímpica. A ellos, a esos niños, no le podemos negar esa oportunidad, de hacer historia nuevamente, de romper las estadísticas.

Por eso el llamado a nuestro cuerpo técnico y jugadores, es que todos juntos decidamos tomar el camino del éxito y darle una alegría a toda la gente que paralizará el país por 180 minutos. Es cierto que esto es fútbol, y se puede ganar o perder, pero en el corazón de nuestra gente sólo existe la opción de ganar. Y si nos toca perder, que sea al menos con la certeza de no haberse “guardado” nada, de haber dejado la vida por alcanzar este esperanzador sueño de todo un país.

Si señores, serán los 180 minutos más lindos de su vida, si deciden apostar todo por alcanzar la gloria. Sólo pocos tendrán esa oportunidad en su vida, quizás nunca más puedan siquiera tener la chance de volver a jugar otra. Si algo le podemos pedir al equipo no es simplemente “jugar bonito”: es que tanto el miércoles como el domingo la gente se sienta identificada con ustedes. Si lo logran, sabrán lo que se siente que de por vida sus nombres y los apellidos de sus padres, de su familia queden en la historia de grandeza de Colo-Colo.

Solo por un instante imaginen como se vivirá en los puestos fronterizos, en Puerto Williams, en la base antártica, Rapa Nui, o en Australia donde ya se han organizado para ver ambos partidos. Cuando internalicen dónde están y la oportunidad que tienen sabrán que habrán ganado: le ganaron a la vida.

El miércoles cuando salgan al gramado, suban los brazos al cielos, saluden a los miles de hinchas que viajarán a verlos, reconozcan en cada rostro de ellos a los más de 6 millones que a lo largo del país hubieran dado lo que no tienen por poder acompañarlos en su primera salida. Y el domingo en Playa Ancha, reducto difícil, probablemente con un sol esplendoroso, abrácense con ganas, juraméntense dar hasta el último aliento, hasta la última gota de sudor por alcanzar la gloria. El domingo no vale el cansancio, no valen los minutos de vuelos en avión, son los 90 minutos. No hay excusas.

Piensen en el hincha que estará dispuesto a viajar por tierra y arriesga perder el trabajo, por ir a verlos al norte. Piensen en la caravana que inundará la ruta 68 con esperanza y convicción. Piensen lo que será este país lleno de regocijo y alegría interminable. Piensen en el Chile real, Piensen en el que está preso o en un hospital. Piensen en el obrero que madruga para llevar el sustento a su hogar, y para el cual la única alegría que es válida en la vida es la que le puede entregar Colo-Colo. Si logramos conjugar todos estos factores, de seguro que alumbraremos aún más esa antorcha que alumbra siempre con fuego de campeón.

GRAF/PRN

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