Tomás González se ilusiona con una medalla en Río y reconoció cansancio

El gimnasta nacional es la principal carta del Team Chile para sumar una presea en los Juegos Olímpicos.

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Aton Chile Tomás González vive el último mes de preparación antes de disputar sus segundos Juegos Olímpicos en Río 2016. El desafío está a la vuelta de la esquina y el deportista nacional, quien dice que sueña todos los días con estar clasificado a la final, lo vive al máximo. En entrevista con La Tercera, el gimnasta chileno más exitoso de la historia revela detalles de su preparación desde Madrid, donde entrena hace más de un mes. “Me inspira todo lo que me encuentro aquí, todas las facilidades que me ofrece la Federación Española de gimnasia, la posibilidad de entrenar con gimnastas de mi nivel, como Ray Zapata… Eso es lo que encuentro en Madrid y que no tengo en Chile”, asegura. González se deshace en elogios para hablar de su estadía en la capital española. Agradece poder entrenar con otros deportistas que está a su mismo nivel y con quien se puede comparar, para continuar con su exigente preparación para la cita en Río, que comenzará en apenas un mes más. “Uno está donde quiere estar con gente a la que admira y que ha tenido el detalle de, siendo yo competencia directa para ellos, acogerme, prestarme su ayuda… Yo puedo ser el hombre que impida que Ray Zapata sea medallista y ellos me tienen aquí, entre ellos”, agrega. La situación se contrapone a su percepción de lo que pasa en Chile, donde dice no encontrar lo mismo que en España. Hasta envidiado dice sentirse. “Sí, porque a la gente que destaca consciente o inconscientemente le pasa…”, responde ante la consulta. Pensando en la medalla que se le negó por apenas décimas en Londres 2012 ¿Es “ahora o nunca” para el deportista? “Sí, yo también tengo esa sensación. Por eso significa tanto volver a estar ahí cuatro años después, la posibilidad de llegar al máximo, de asumir esa carga, todo el estrés que implica estar entre los mejores… Pero ésa es la vida que he elegido. No voy a vencerme ahora”, responde. Eso sí, González acepta estar cansado con la alta exigencia del rubro al que se dedicó. Al respecto, comparte que “nunca fue fácil llegar hasta aquí. No hago otra vida que no sea por y para esto: entreno tres horas por las mañanas y tres por las tardes y el tiempo que me queda lo invierto en descansar, incluso las tardes de los jueves que las tenemos libres. Cuando vuelvo al hotel no me quedan ganas ni de salir a tomar algo. Me molesta hasta caminar”. ¿Y será el último desafío que aceptará el deportista? “A veces, yo mismo me hago esa pregunta y tampoco sé contestar. ¿Qué es lo que más me puede convenir? Si lo hago bien a lo mejor me conviene dejarlo ahí y no continuar. O quizá sí. Pero es que si lo hago mal sigo pensando igual y entonces me pregunto: ¿por qué no podría volver a intentarlo?”, contesta. Lo que sí está claro, es que la ilusión está a tope. “Cada día, cuando me monto en el autobús para ir a entrenar, me veo en la final olímpica clasificado, feliz… No hay un solo día en el que no se repita esa imagen dentro de mí y eso es lo que me da fuerza incluso en los días más difíciles”, relata González. Además, agrega al final una emocionante reglexión: “El tiempo demostró que podía. Llegué a finales de Mundiales, a los cuartos puestos de los Juegos de Londres 2012, donde era tan difícil pensar que un gimnasta que venía desde Chile se metiese entre todas esas potencias mundiales. Pero lo hice. Supe hacerlo y ahora quiero repetir”.

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