Érika Olivera en la previa a la inauguración: "Es como el día de mi matrimonio"

La abanderada nacional no estará acompañada por su familia, aunque su hija homónima hizo las veces de molde para el particular traje que usará. “Ni en sueños he vivido algo así”, expresa.

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Juan Ignacio Gardella

Casi 80 mil espectadores verán en el mismísimo estadio Maracaná la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Entre ellos no estarán presentes las seis personas más importantes en la vida de la abanderada chilena, Érika Olivera: su marido y sus cinco hijos.

Se encuentran en nuestro país, expectantes, esperando que su esposa y madre comande a la delegación nacional portando el emblema patrio, como antes sólo lo hicieron tres mujeres (Marlene Ahrens, Kristel Köbrich y Denisse van Lamoen). “Me hubiese encantado que estuvieran, pero es muy complicado para nosotros. Lo tendrán que ver por televisión”, cuenta la maratonista.

 

¿Cómo has vivido las horas previas? ¿Estás ansiosa?

No sufro mucho de ansiedad, soy una persona muy tranquila. Sí siento que será un momento súper especial. Lo comparo con el día de mi matrimonio, porque es algo rico y bonito que me va a pasar, pero no puedo contar la experiencia hasta que la viva.

¿Qué lugar ocupa esta experiencia dentro de tu carrera?

Ocupa un lugar tan importante como cuando voy a competir. Es súper extraño lo que me ha tocado vivir en el último tiempo, porque, si bien siempre me preparo para rendir al máximo, como lo hice también ahora, se le agrega este ingrediente especial. No sé cómo explicar lo que se siente. Es muy lindo, ni en sueños he vivido algo así. Me ha hecho tremendamente feliz este proceso.

Cuéntanos cómo fue la trastienda de la elección de tu traje.

El 21 de junio la Presidenta me anunció como abanderada y el 24 me vine a Brasil. El 22 y 23 fueron días de correr para arriba y abajo, con hartas actividades, y hasta ese entonces no se hablaba nada del tema. Antes de viajar pregunté con qué ropa se desfilaba y el Comité Olímpico se hizo cargo. Para hacer un traje a la medida fue mi hija mayor, Érika, de 18 años, que tiene las mismas tallas que yo, la que hizo las veces de molde, aunque con algunas pequeñas diferencias, porque yo soy más ancha de espalda, por ejemplo. Me ofrecieron el típico vestido negro, pero a mí me gustó muchísimo éste, porque sale de lo común y porque me quiero sentir abrazada por la bandera.

GRAF/JIGB

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