Columna de la U: Esperanza viva

Universidad de Chile está a un punto de Colo Colo a dos fechas del final del Clausura y todavía aspira a conquistar el título del fútbol chileno.

Por El Gráfico Chile

Por Daniel Albornoz Vásquez, colaborador Asamblea Hinchas Azules
Twitter: @asambleazules

Conversando con una pequeña amiga de la escuela Educazul en Pudahuel, me decía ella que este año se parece al campeonato de 1998, que le había relatado hacía minutos: primeros van los incoloros, la “U” los pilla, por momentos, pero prevalecen. Por ahora, sí, se parece, pero no está todo dicho, aunque ese gol del Canchita me recordó al del Murcy.

Hace algunos partidos me tocaba relatar la triste salida del Ester Roa, donde el equipo luchó pero no logró la victoria, donde Mora lo tuvo, pero se le escapó. Esta vez el partido fue más bien sencillo, sin desmerecer el esfuerzo del equipo. Cobresal está un escalón, un buen escalón, más abajo. Sin embargo, sigue siendo un placer ver a Mora correr un balón como si fuéramos perdiendo y quedara un minuto cuando el equipo ya llevaba ventaja en el partido. Me encanta el compromiso, me enamora, como hincha de la “U”.

Pero tenemos pocas razones para ilusionarnos, no seamos inocentes. Carlos Heller acaba de ratificarse al mando de Azul Azul, rodeándose de una “nueva” cara, Marcos Kaplún. Él conoce de administrar el Club, pues fue Heller padre quien lo llevó al directorio en 1976, bajo la presidencia de Rolando Molina. También conoce de campañas con Heller y Conca, en los ’90 para perder ante Orozco, y ahora con Azul Azul. El feudo de Heller recibe a un “nuevo” aliado a su bando.

¿Por qué no ilusionarse? Porque muy probablemente sea más de lo mismo, decisiones erráticas, falta de proyecto, pérdidas multimillonarias y autopréstamos, y un largo etc. Y si fuera por ver con quién trabajó antes… Bueno, se trata ni más ni menos que de Molina, el dirigente que vio separarse el Club de Fútbol de la Casa de Bello, en plena dictadura, se llevó gran patrimonio y lo dilapidó, llevando a lo que fue la peor crisis deportiva del Club. Y si participó en la llegada de Orozco a la “U”, pronto se pasó a la oposición. Raya para la suma: estuvo en periodos nefastos.

Ojalá salgamos campeones, estamos en eso, alentando cada partido, para que los leones vayan al frente, ganen esos partidos y levanten la copa. No obstante, independiente de ganar, es importante subir el nivel, porque San Carlos nos recordó que el fútbol es complejo, que no todos los rivales son claramente inferiores, y que todavía falta trabajo para pulir este equipo. Y es ahí donde ya se está avizorando la estrategia Heller, que con picota se apresta a vender a Mora y quizás alguno más para hacer la caja que tanto le gusta vaciar en malas inversiones. Justo cuando empieza a haber viento, Heller va a vender la vela.

Si es por la gente, la “U” merece el título. Treinta y ocho mil almas, unidas y organizadas en el aliento: esas son las espaldas de nuestros jugadores. En esa fiesta que fue Ñuñoa el viernes quedó plasmada la fortaleza de nuestra hinchada, la que respondió al apoyo necesario a sus miembros retenidos en Brasil cuando la administración Heller dio la espalda, la que da colorido y vida al fútbol en Chile como ninguna otra. En ese mismo Nacional se presenció también lo que parece un doloroso lamento, el “intolerablemente vivos”, el clamor de un Cobresal que parece estar condenado, a lo menos, a una transformación profunda, o a lo peor, la desaparición, y en lo pronto, a la B.

Y es que en ese mismo Cobresal, que tan importante es para nuestra historia, deberemos confiar. Se nos ha cruzado con gloria alguna vez, con sufrimientos otras. Aunque, definiciones de títulos en la altura de El Salvador, esa es una historia escrita en letras azules, y esperemos que este año, en la definición del título, con acción decisiva en Tierra Santa, lleve también nuestros colores. Nosotros estaremos en el Nacional, alentando a los Leones, y con una radio escuchando alguna voz que llegue del desierto. Queda poco, estamos ahí, y esperemos que se dé.

Pero esa esperanza, que es pasiva, por el yugo de la ley, de la concesión, de la plutocracia, esa esperanza padecida, sufrida, opresivamente impuesta, es impotente, es estéril e inocua. Es una espera, una simple espera, de que esta vez quienes ponen plata tomen decisiones suertudas. En lo que no podemos esperar, es en seguir el tránsito hacia la recuperación del Club, como lo hacemos todos los fines de semana, con mi amiguita, en la escuela Educazul. Esa, esa es la esperanza viva, viva como la voz que le dedicamos al equipo en cada minuto de juego.

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