Los Potros demostraron su vehemencia con pierna fuerte y se pelearon la camiseta de los cracks de la Roja

Burkina Faso sorprendió a Chile con su juego ordenado y no sufrió una goleada pese a tener la mitad del equipo jugando en el amauterismo. Lo que si se materializó fueron las patadas y la idolatría por los jugadores chilenos.

Por Javier Rios

Todos lo comentaban en las tribunas: es un riesgo que los mejores jugadores de Chile entrarán a jugar contra el equipo B de Burkina Faso y se lesionaran en el intento de lograr una goleada que dejará feliz a los hinchas que despedían a sus estrellas encabezadas por Arturo Vidal.

Era una opción latente, y el miedo volvía en cada jugada, porque los africanos se estaban jugando la vida en el Estadio Nacional.

Pese al frío, al que están poco acostumbrados los jugadores africanos que mayoritariamente militan en equipos locales, los Potros se pararon bien y demostrando su buen despliegue pusieron en aprietos a una selección chilena que no concretaba el dominio total de la cancha.

Las ganas, eso sí, venían acompañadas de violentas jugadas, especialmente sobre Edson Puch que mareaba a los rivales con sus enganches. Primero fue Fonscini Beao y después Ernest Congo los que provocaron que el chileno se retorciera de dolor.

Al final del primer tiempo el turno de sufrir la rigurosidad de la marca de los semifinalistas africanos fue para Marcelo Díaz. En el momento, el susto se tomó el Nacional y muchos se pusieron de pie pensando lo peor. Misma reacción de Arturo Vidal, que pedía el cambio de su compañero para que pudiera ser revisado en profundidad.

"Fue fuerte en la rodilla, pero estoy bien", dijo el propio jugador del Celta de Vigo al salir, pero la patada con que Junior Sylla que se llevó amarilla no la olvidará por un buen rato.

Monkaila Dramé también dejó marcado a Puch, pero Diego Abal aquí no perdonó y lo expulsó. El africano pedía perdón arrodillado en plena cancha justo al terminar el primer tiempo y antes de que se desatara la devoción de los burkineses por los chilenos.

Corrieron por la camiseta desde todos los costados de la cancha. Primero fue Vidal y después todos los chilenos, que le entregaron un verdadero trofeo a los rivales que, siendo muchos de ellos amateurs, nunca habían visto jugadores de la talla de los campeones de América.

En el segundo tiempo las dos constantes se repitieron: juego brusco e idolatría. Una defensa cerrada asfixió a los atacantes de la Roja aplicando toda la fuerza. Eso hasta el final del partido, cuando las patadas se transformaron nuevamente en ganas de conseguir una postal para el recuerdo. Todo el plantel de Burkina Faso olvidó el 3-0 en contra y buscó a los referentes rivales. Aparecieron las selfies y los cambios de camiseta, aprovechando la buena onda del equipo que buscará consagrarse en la Copa Confederaciones.

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