Columna de la U: El estadio, otra vez el estadio

Ante la maqueta propuesta por el grupo de arquitectos que construyeron el Centro Deportivo Azul, el tema del recinto propio vuelve a estar en la palestra.

Por Columna del Lector

Por: Andy Zepeda Valdés – Presidente Asociación Hinchas Azules

Cada tanto reaparece el tema. Cada tanto alguien, Azul Azul, los medios o alguna firma de arquitectos, decide que es buena idea jugar con los sueños, esperanzas e ilusiones de buena parte del pueblo azul.

Rating, visitas, Me Gusta, retweets y reproducciones, eso es lo que parecen buscar los medios que no titubean al replicar una noticia de muy cuestionable origen con tal de enganchar al hincha que, naturalmente, se interesa en el tema y busca alguna novedad al respecto.

En el más reciente episodio, durante la semana pasada, páginas ligadas a la U y medios transversales se “agarraron” del video de un antiguo trabajo de una conocida firma de arquitectos (que, entre otros proyectos, ostenta el mismísimo CDA) con una propuesta de estadio que le hicieron a Azul Azul en 2015. El proyecto, que iba a erigirse en La Pintana, finalmente fracasó. Tras un par de años, el pacto de confidencialidad venció y la empresa de arquitectos estaba facultada para liberar el material al público. Bastó que la firma lo hiciera, tal y como cualquier empresa que promociona su trabajo o producto lo haría, para que se generara el revuelo.

Otras páginas, de la U (mucho ojo con eso) fueron más allá y lanzaron frases del tipo “Se dice que podría ser en Quilicura”. ¿Fuentes? Ninguna. Solo palabras inventadas para, como dijimos antes, ir ganando más clicks. ¿Cómo son capaces de jugar así con las ilusiones de los propios camaradas? Nada parece importarles con tal de ganar ellos. Hay una serie de páginas amateurs a las que, seamos sinceros, no les podemos exigir rigor periodístico; pero eso es una cosa y otra muy distinta es ponerse derechamente a inventar. ¡Hay que ser muy miserable!

Por parte de los grandes medios, “el sueño de la casa propia” es el lugar común. Es la frase con que refuerzan la legítima aspiración de los hinchas de la U de contar con un estadio propio. Con palabras como “sueño” y “anhelo” van fabricando una necesidad que, desde un punto de vista personal, no es tal. Me parece a mí que bien nos las hemos arreglado durante nuestras nueve décadas de vida sin un estadio propio, al igual que otros equipos grandes del mundo que juegan en recintos fiscales. ¿Sería bonito? Sin duda, pero a mí al menos no me quita el sueño.

Para mí el sueño azul es otro. No es el estadio, ni la Copa Libertadores, ni el mundial de clubes, ni ser el equipo con más títulos, ni el con más hinchas, ni nada por el estilo. Y es que díganme, ¿de qué me sirve un estadio o copas si no tengo un verdadero club? Ese debiera ser el gran sueño azul: volver a tener un club que sea de la gente, administrado y conducido de manera democrática, con un marcado rol social y verdaderamente grande -cosa que no se determina por un recinto o trofeos. Tengo la intuición (fundada en todo caso) de que el día en que podamos conducir nosotros mismos nuestro propio destino, podremos aspirar con fundamentos a tener un estadio. Antes no.

Y en cualquier caso: ¿esperar que Azul Azul construya un estadio? Sería de ellos, no nuestro. Una vez terminada la concesión volveríamos a quedar sin estadio y tendríamos que arrendárselo a ellos. Hay que comprender eso. ¿Esperar a que los hinchas se organicen y construyan uno? Me gusta más ese camino. De hecho, ahora mismo hay un grupo de hinchas explorando esa opción. Sin embargo, me parece que antes hay que reconstruir el tejido social, reconstruir confianzas, empoderar a los hinchas y convencer a la opinión pública de que un estadio en el barrio no es necesariamente un cáncer, sino que puede ser un foco de desarrollo social y cultural. En otras palabras: creo que un estadio será una linda consecuencia de haber recuperado y reconstruido nuestro club.

Como señalé algunas líneas más arriba, no me incomoda en absoluto no tener estadio. Con esto no quiero decir que no quiera tener uno. Cuando se dé, seguramente me alegraré como todo hincha de la U. Lo que he intentado explicar es que, para mí, hoy, no debiera ser la prioridad de la hinchada ni su preocupación número uno. Los hinchas deberíamos estar preocupados de recuperar el lugar que por derecho nos pertenece en la administración de nuestro club, y luego, solo cuando eso esté logrado, vemos cómo hacemos un estadio.

Porque sí: sueño con ver un estadio repleto de hinchas conscientes, críticos y que quieran aportar al desarrollo del club y, a través de eso, de toda la estructura social país. Ahora, para llenar un estadio con hinchas así, primero hay que concientizarlos. Y ese trabajo es largo, muy largo. Pero ¿un estadio lleno de hinchas-rebaño a quienes no les importaría que se llamara Falabella Stadium? Yo paso.

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