Columna de la U: Los colores y padres

El cariño por los colores y los jugadores azules, con una fuerte crítica a los dirigentes por la llegada Maturana en Colo Colo, además de la opinión por las polémicas declaraciones de Johnny Herrera en Rusia en esta columna de opinión por parte de la Asamblea de Hinchas Azules.

Columna de la U: Los colores y padres

Álvaro Valenzuela/ Asamblea de Hinchas Azules

Tomando en cuenta la fecha social que se festejó el domingo recién pasado en nuestro país, el día del padre, realizaré en esta tribuna algunas confesiones. Primero, es que no tengo la suerte de compartir la pasión azul con mi progenitor. Cuando nací y fui creciendo, él era hincha de Unión Española y, de hecho, no tengo primos azules y sólo uno de mis tíos es de la U.

Me fui haciendo camino propio en este gusto. Sin quererlo ni buscarlo, mi papá agarró simpatía por el romántico viajero, hecho que copiaron mi hermano y hermana cuando llegaron al mundo. He visto en redes sociales muchas fotos de padres en el Nacional alentando al león junto a sus hijos. Bueno, yo no tengo de esas fotos, y ahora soy padre de un hermoso niño llamado Lucas al cual le intenté fomentar el cariño por la camiseta, pero las cosas no se fuerzan y en su caso no se me dieron. No importa, compartimos un amor personal que va más allá de la camiseta.

La vida me fue guiando a la U, al color azul. Vi a muchos jugadores, pero particularmente me encantaron "los Marcelo": el primero, Jara, y el segundo, Salas. Debo reconocer que el Matador fue mi último ídolo. He llegado a admirar a otros jugadores, pero nunca más hablé de un "ídolo".

Hoy, a los 31 años, tengo la convicción que mi pasión y la del resto de los románticos viajeros se ve influenciada por dos factores: el entorno y los jugadores. Nos ayuda tener un padre que nos comparta su gusto y que los propios jugadores que defienden nuestros colores fomenten a seguir por este sendero.

Hemos sido varias las voces que constantemente criticamos el actual modelo de administración en nuestro fútbol. Este sistema ha sido capaz de corroer los cimientos del deporte y la relación de las personas con sus equipos. El sistema perverso utiliza a los hinchas, entrenadores y jugadores en una mirada muy de corto plazo. Los jugadores son parte imprescindible de la relación y formación de afectos y lazos de los hinchas y socios con la institución.  Hemos creado hinchas que son vistos como clientes y a jugadores en materia prima desechable.

Nuestro equipo no ha sido una excepción y en la vorágine de la danza de nombres para el próximo transición hemos visto como Nicolás Maturana, por ejemplo, ha sido confirmado como nuevo refuerzo de Colo-Colo. Un jugador bastante interesante, con un muy buen desempeño en su último paso por el CDA, formado en la U y con una carrera en la que le costó volver a estar entre los importantes jugadores azules.

Se fue a México sin la total claridad de lo que pasó en su renovación y ahora viene para vestirse de blanco y ser local en Macul. Inentendible. Los autogoles dirigenciales no terminan ahí. Sabiendo la muy posible no renovación de Gonzalo Espinoza desde hace casi un mes, se decide exponer a un jugador como Rafael Caroca, que lleva más de un año jugando a gran nivel pero con pasado en Colo-Colo, y se deja de lado a un tipo identificado y con logros en la U como Felipe Seymour, el cual, además, puede negociar como jugador libre, ha tenido un muy alto desempeño en Unión Española y ha sido un gran aporte para el medio desde su vuelta a nuestras canchas. Todo eso resulta demencial.  A eso podemos sumar la muy extraña salida de José Rojas.

Es imperativo tener claro que llevamos mucho tiempo sin sacar nueva sangre azul, que sea real aporte en el primer equipo, y que sean capaces de apurar a refuerzos de trayectoria bastante dudosa y de contactos por lo menos cuestionables. Así no se forma club, así nuestros niños pierden capacidad de vincularse desde el plano de lo afectivo con la U.

No es casual que hoy los pequeños en nuestros país tengan la mente puesta en Messi o Cristiano Ronaldo. No sólo porque son jugadores de nivel superlativo, sino porque representan a sus clubes. Son parte del escudo, son vinculantes con la institución. Esa identificación no puede ser forzada, se construye con el tiempo, con ejemplo dentro y fuera de la cancha, siendo un representante de los valores de la institución.

Un caso es Johnny Herrera, un tipo que nadie podría rechazar como un representante de Universidad de Chile. Nadie en su sano juicio podría dudar de su cariño al escudo. Por lo mismo, y escribo en un plano muy personal, me parecen tan extrañas y desafortunadas sus declaraciones terminado el partido de Chile vs Camerún. Para cualquier jugador debe ser un orgullo vestir la camiseta de la selección nacional, porque en el fondo logra unión en torno al rojo profundo. Herrera no necesita hablar a la galería, ya tiene una historia en nuestro club que lo hace grande por méritos propios. No necesita descalificar un partido de Copa Confederaciones, más aun cuando es el primer duelo en esa competencia para nuestra selección.  Cualquier jugador que declarara algo así para referirse en forma despectiva a un partido de la U merecería todo nuestro reproche, sería una declaración ofensiva. Y eso hace Herrera con los hinchas de la selección, nos ofende.

Los padres nos buscan llevar por los mejores caminos, nos buscan acompañar y aconsejar. También toman atribuciones y no falta el que sueña con hacer parte de su pasión a su hijo. Ir al estadio en una relación padre-hijo debe ser una de las mejores experiencias que un amante de la U puede tener. Yo llevo 5 años sin ir al estadio con mi padre y un buen tiempo sin hablarnos de la mejor manera. Para él y todos los padres de sangre azul, deseo que hayan tenido un gran día, que sigan caminando más allá del horizonte y que levanten sus copas y brinden por la universidad.