Columna: Barne Show

Los huaicocheros ponen en jaque a todo el fútbol chileno negándose a pagar una cuota de incorporación que ellos mismos exigían que Valdivia cancelara el año pasado. Una muestra más de que en esta selva semiprofesional cada uno vela por sus propios intereses.

Columna: Barne Show

Cuando volvíamos “a lo nuestro”, como decía Julio Martínez cada vez que se retomaba el campeonato nacional, y uno pensaba que por fin se podía hablar sobre la pelotita, la palabra “tribunal” aparece nuevamente destacada en las páginas deportivas. Así como hace unos días fue por el TAS, que por lo menos tiene el término “Deportivo” dentro de su sigla en español, ahora es por el TDLC, que cuenta con “Defensa” y “Competencia”, pero no en el sentido que uno quisiera, el futbolístico.

Barnechea, pasando por arriba de un acuerdo previo, pretende borrar con el codo lo que se escribió con la mano y pone en jaque a toda la actividad, más allá de que si clasificamos, no vamos a quedarnos sin Mundial de Rusia, como anuncian los fatalistas.

La cuota de incorporación a la Primera B es como un “derecho de llaves” en un mall, me explica uno de los pocos dirigentes respetables del medio, o sea, un activo intangible para beneficiarse de un negocio que ya está armado (en este caso, el reparto de las platas del CDF). ¿En qué cálculo se basaron para fijarlo en su momento en 50 mil UF? ¿Bajo qué premisa se estableció que desde el año que viene será de 24 mil UF? Él no lo sabe y yo tampoco. Lo que sí está claro es que el monto “justo” es difícil de determinar, pero una vez que se definió, se debe cumplir, porque si no es así, cada uno hace lo que quiere.

El club huaicochero no es un aparecido, hace rato participa de los Consejos de Presidentes y estaba al tanto de esto. Tanto, que como recordó La Tercera en su edición sabatina, Armando Cordero, su cabeza, ofició el año pasado al directorio de la ANFP para que le exigiera a Deportes Valdivia el pago íntegro que ahora él mismo no es capaz de solventar. Una muestra más de que en esta selva semiprofesional cada uno vela por sus propios intereses y adapta sus argumentos a las circunstancias, sin arrugarse.

El Barne apelaba a que con el arranque del torneo encima y la ya clásica presión de huelga por parte del Sifup, en Quilín recularan y le permitieran jugar en la segunda categoría. Como la maniobra no le resultó y hasta el Sindicato lo dejó solo, recurre a un organismo que trasciende a la disciplina para tratar de salirse con la suya sin abonar lo que otros sí abonaron.

Salah y compañía se encontraron en un callejón sin salida y fueron obligados a programar un partido por el que el público paga una entrada, pero que mañana puede no valer nada si en definitiva Barnechea queda fuera de competencia. Vuelve a aparecer la palabra “competencia” y ahora la asocio a “tribunal”, no a la cancha. Volvimos a lo nuestro…