Milovan Mirosevic, en el momento del adiós: "Me incomoda esa denominación de ídolo"

En conversación con El Gráfico Chile, el retirado futbolista abordó parte de los múltiples elementos que lo consagran como uno de los mayores referentes en los 80 años de vida de la UC.

Por Pablo Serey Correa

Los sollozos, las risas nerviosas, los abrazos efusivos y los ojos humedecidos se multiplicaron de tal manera que dieron forma a uno de los días más emotivos y alborotados en el complejo Raimundo Tupper Lyon de San Carlos de Apoquindo. La habitual tranquilidad del lugar donde cotidianamente entrena Universidad Católica se vio quebrada por un motivo histórico: Milovan Mirosevic anunció su adiós al fútbol profesional.

El 21 de agosto de 2017 quedará en los anales cruzados como el día en que uno de los mayores ídolos en la historia del club anunció su retiro. El marco estuvo a la altura del personaje, pero el propio protagonista muestra cierto pudor ante la incuestionable denominación: "ídolo". En entrevista con El Gráfico Chile, el Milo se abrió a conversar un poco sobre aquellos elementos que lo consagran como uno de los personajes más connotados en los 80 años de la historia de la UC.

Aunque de entrada rehúye al término, esta conversación no se trata de otra cosa que de una conversación sobre algunos de tantos factores que convierten a un ser humano en un ídolo, en este caso del fútbol y de un club grande como Universidad Católica

Una vez materializada la determinación del retiro, ¿sientes que se consolida aún más tu condición de ídolo?

Para nada me siento así, de hecho me incomoda esa denominación. Sí me enorgullece que haya gente que se identifica con lo que yo he hecho, porque nada en mi carrera ha sido forzado, en ningún momento he dejado de ser quien soy, siento que por ahí pasa esa identificación, sobre todo para el hincha de Católica por el camino que he seguido: partí acá y terminé acá, ahí hay una identificación y lógicamente en el camino hay varias cosas que se van sumando: la trayectoria, los goles, las campañas, las cosas buenas. Las malas también, que seguramente yo las recuerdo con más cariño que los hinchas, porque esas me ayudaron mucho, quizá el hincha no las siente.

¿Por qué te incomoda que se te denomine como ídolo?

Es que los ídolos míos son el Arica Hurtado, Tito Fouillioux, Ignacio Prieto, esos son ídolos. Después cuando llegué al primer equipo me encontré con Jaime Pizarro, el Piri Parraguez, Miguel Ramírez, gente que yo veía como grandes en el fútbol, como verdaderos ídolos.

Y desde esa perspectiva, ¿no sientes que jóvenes como Jeisson Vargas o Carlos Lobos te ven como tú veías a esos jugadores, o sea, como ídolo?

No sé si ellos me ven a mí como yo veía a Pizarro, Piri, Miguel Ramírez o Miguel Ponce. Espero que sí, porque yo siempre miré a los más grandes del plantel con mucho respeto y hasta el día de hoy conservo un gran cariño en lo personal. Con ellos aprendí un poco cómo debía ser mi último período como jugador. Cuando recién estaba empezando los veía a ellos en sus últimos períodos, en ese momento decidí que mi último período como jugador debería ser de tal manera que diera el ejemplo, como ellos me lo dieron a mí.

¿Cómo fue eso de ir tratando de dar el ejemplo al resto?

Pasa por actitudes, no es fácil para un jugador grande que lo dejen en la banca, que no juegue, que no lo quieran y esas son cosas que les va a tocar vivir a los más jóvenes en algún momento. Yo siempre admiré, más que a los buenos jugadores, a los que tenían ciertas reacciones, por ejemplo, jugadores que se sobreponían a la adversidad, como personas son admirables, quizá eso a mí me marcó, más que el buen jugador que es fantástico verlo jugar, pero la otra parte es igual de importante.

¿En qué momento comenzaste a sentir que cargabas con el rótulo de referente en Católica?

Cuando volví por primera vez al club, cuando tenía 28 años (2008). A partir de ahí me fui sintiendo mucho más responsable de lo que pasaba, es inevitable. Pero también cuando vinieron las buenas me sentí mucho más responsable y eso está bueno. Logré tener esa identificación, no es fácil, pero es muy bueno, los jugadores que pueden hacerlo yo personalmente se los reconozco. Siento que los jugadores de hoy no sé si les cuesta o no están tan interesados, pero en diez años más de seguro que se van a arrepentir. Por suerte, por ejemplo, Nico Castillo pudo volver, jugar bien y enmendar su camino, tuvo la suerte, pero no todos van a tener la misma suerte.

En este largo camino recorrido, casi siempre estuviste acompañado por Cristián Álvarez. ¿Cómo lo ves a él ahora?

En diciembre cuando pase lo de él seguramente será como un déjà vu. Nuestras carreras se parecen mucho en cuanto a lo deportivo, los lugares donde jugamos fueron casi los mismos, hicimos una carrera muy parecida, no recuerdo en otro club que se haya dado algo así, con dos jugadores que tengan tal grado de identificación con la institución. Eso a la larga le hará muy bien a Católica y los dos tenemos la idea de que los jóvenes lo vayan entendiendo de la misma manera, porque van a proyectar su carrera mucho mejor y van a enaltecer mucho más a la institución.

¿Ves a alguien joven que tenga condiciones similares a las tuyas y pueda seguir tu camino?

Hay muchos proyectos, pero del proyecto a la realidad hay muchísima distancia. Yo de hace rato que ya pienso un poco más como entrenador que como jugador y eso quizá era un indicador de que ya era "el momento de". Pero eso del proyecto a la realidad me genera temor, me genera temor que el jugador tenga muchas condiciones, pero que se vean tan lejos de lo que realmente puedan ser.

Más allá de que no tienen mayores similitudes futbolísticas, a Benjamín Kuscevic le tienes un cariño especial, de hecho le regalaste la camiseta que vestiste el día de tu último regreso a la UC (21 de abril ante O'Higgins)…

A Benja le tengo mucho cariño, respeto mucho a los chicos que son respetuosos y que se entrenan bien y demuestran que quieren que les vaya bien. A Benja le tengo ese cariño especial y voy a ser el más contento cuando realmente triunfe acá primero y después cumpla todos sus sueños.

¿Cómo fue ser dirigido por Mario Salas en tu última etapa como jugador profesional?

La experiencia fue muy buena, estaba con incertidumbre de cómo iba a ser mi llegada al club, no quería que fuera forzada ni mucho menos, pero tuvimos una conversación, sinceridad desde el principio y desde ahí mucha comprensión y mucha contención de parte de él hacia mí, me voy tremendamente agradecido de lo que fue Mario en este ciclo de un período de algo más de un año, no me apuró nunca, no me metió presión, al contrario, me dio tiempo y me apoyó también en esta última decisión.

A Salas también le pasó en su momento que una lesión adelantó su retiro como futbolista…

Por lo mismo quizá se sintió un poco identificado y eso yo espero hacerlo el día de mañana con alguien, se portó muy bien.

A partir de esa lesión, Salas planteó en una ocasión que el fútbol fue el que lo dejó y no él al fútbol. En tu caso, ¿te dejó el fútbol o tú lo dejaste?

No me dejó, porque yo la decisión de dejar de jugar la venía pensando de hace rato. Probablemente, si no me pasaba esto y no hubiese vuelto a Católica, me hubiese retirado antes. Lo hice por una cuestión de interés, netamente, porque con la posibilidad de volver a Católica me volví a reencantar. Claro, me hubiese gustado este último año haber jugado más, pero mis expectativas, después de las lesiones, no eran mayores que jugar lo más posible y hacer un gol. Pude jugar, no tanto como esperaba, y no pude hacer un gol, eso quedó como una espina, pero es parte de la vida.

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