La magia inolvidable de Zidane y el mejor partido de su carrera

El ahora técnico del Real Madrid eligió el encuentro contra el Bayer Leverkusen en la final de la Champions 2002 como su momento más destacado como futbolista. Además recordó sus épicas actuaciones por la selección francesa.

Por EFE

El técnico del Real Madrid, Zinedine Zidane, tiene claro cuál ha sido el mejor partido de su carrera como jugador: la final de la Liga de Campeones de 2002 frente al Bayer Leverkusen en Glasgow, que supuso la novena Copa de Europa para el club blanco y que sigue en la mente de los fanáticos del fútbol que no olvidan esa impresionante volea que liquidó el encuentro.

Su notable obra, considerada uno de los mejores goles de la historia de la competición, dio el título a su equipo. Eso sí, Zidane no se olvida de su paso por la selección francesa. Por eso, también destaca especialmente un empate a tres con Noruega, según devela un cuestionario del portal FIFA.com.

De su etapa como futbolista, además de estos recuerdos, atesora especialmente dos pares de zapatos de fútbol. Unos son las de la final de la Eurocopa del año 2000, en la que Francia venció a Italia. Las otras son las del Mundial de Alemania de 2006, en el que Francia perdió en la final contra el mismo rival, Italia.



Ese fue el último partido oficial de Zidane como futbolista, que le dejó un regusto amargo; marcó de penal a lo "Panenka", pero también fue expulsado por dar un cabezazo en el pecho al italiano Marco Materazzi, que previamente habría proferido fuertes dichos en contra de su familia.

Sin embargo, curiosamente el mejor encuentro que el francés puede recordar de la historia de los mundiales él aún tenía que verlo por la televisión. Se trata del que enfrentó a Francia con Alemania el 8 de julio de 1982 en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán, del Mundial de España. Un partido que se saldó a favor de los alemanes en la tanda de penaltis tras empatar a tres y que quedó marcado por la brutal entrada del portero Toni Schumacher al delantero francés Battiston.

Eso sí, aunque tiene claro que ese es para él el mejor partido, no es tan contundente en cuanto a cuál es la mejor selección francesa que recuerda.

Destaca especialmente a las que compitieron en el Mundial de México del 86 y en el de Francia del 98, en el que fue la estrella y el artífice de la victoria con dos goles en la final contra Brasil.

 Sin embargo, al ser preguntado sobre cuál es en su opinión el mejor jugador francés de la historia, prefiere no destacar a ninguno.

En el plano más personal, admite que su mejor regalo han sido sus hijos. Además, recuerda el mejor consejo que le han dado, que vino de su padre: "Esforzarse mucho".

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