Columna alba: Las penas del fútbol se pasan con Colo Colo

Los hinchas albos palpitan el esperado Superclásico del domingo ante Universidad de Chile, donde el Cacique sale a defender su paternidad de 16 años en el Monumental.

Por Columna del Lector

Por David Huerta (@davidhuertao)
Colo-Colo de Todos (@colocolodetodos)

El sábado pasado un equipo aplicado nos dio una lección sobre como con una simplicidad de argumentos, pero con unas ganas enormes de poder hacer historia, se puede superar a nombres que en el papel están por encima de los jugadores del sur. Dos estocadas y a cobrar. Nosotros, sin más remedio que salir del estadio con frío y mascando la rabia de que justo la fecha anterior al clásico los albos dejan dudas tanto del despliegue físico como de los argumentos tácticos que poseemos para enfrentar a los azules el domingo que viene.

Lo increíble de este deporte es que ni las penas ni las alegrías duran más allá del próximo encuentro. Quienes hemos vivido la grandeza de Colo-Colo sabemos que ni la celebración de un campeonato ni el llanto de una final perdida son relevantes cuando el equipo ingresa a la cancha la semana siguiente.

Se podrá criticar al técnico de turno (y razones sin duda hay muchas). Los jugadores se irán y otros llegarán. Pero nuestro club es grande no por ganar más campeonatos que otros, es grande por algo más simple pero más importante: por su gente. Su gente ha forjado la historia del Popular, sea desde una galería o tribuna domingo a domingo, en un turno minero en la zona norte junto al televisor, o pegado a la radio en el frío austral.

Colo-Colo es el trabajador que se levanta a las 6 de la mañana para llevar el pan a su casa, es el esfuerzo del estudiante que se quema las pestañas para lograr terminar su carrera, es la mujer que acompaña a su hijo enfermo y daría su salud para que se recupere, es el inmigrante que deja su país para darle un futuro mejor a su familia, es el profesional que ve su carrera como una herramienta para hacer un país más justo, es el niño que se porta bien para que su mamá se ponga feliz con sus notas en la reunión de apoderados, es el pescador que entra al mar para ganarse la vida o el agricultor que forja su tierra para hacerla florecer. Todos somos el Club.

Así como todos somos el Club, todos ganaremos o todos perderemos el domingo. Si se termina la maravillosa historia de años de invicto frente al archirrival en nuestro Estadio Monumental David Arellano, nos dolerá a todos los que sentimos al Cacique como parte importante de nuestras vidas.

Si logramos seguir un año más, la alegría durará hasta el próximo partido de Colo-Colo, nuestros hijos en 20 años más hablarán de la racha histórica al mismo tiempo que recordarán a Esteban Paredes como uno de los delanteros más letales que se han puesto la blanca.

Todos tendremos los mismos problemas el día lunes, pero seremos un poco más felices al recordar a los muchachos que se ponen la blanca y corren como hinchas. No podríamos estar contentos de que al perder se termine el ciclo con un técnico. Las penas del fútbol y de la vida en general, se pasan aunque sea unas horas o días, con Colo-Colo. El domingo cueste lo que cueste tenemos que ganar.

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