Entre ceacheí, rescatados y una gran hermandad: La legión chilena que comanda el Dakar en los aires

Ocho pilotos nacionales son los encargados de manejar los helicópteros que contrata la organización para ejercer como ambulancia, transportar a los camarógrafos de televisión y hasta el propio Etienne Lavigne, director de la competencia.

Por Gonzalo Pérez

Gonzalo Pérez Amar, enviado especial a Pisco

Hélices andando, polvo por montón, despegue y una aventura por los cielos. Aunque muchos piensen que el Dakar sólo se vive en la tierra, lo cierto es que en los aires hay una carrera paralela y con historias para regalar. Una odisea que tiene acento chileno y que se cuenta a punta de modismos.

Desde que llegó el Dakar a Sudamérica, hace nueve años, ASO, la organización de la carrera, se decidió por la empresa chilena Ecocopter para hacerse cargo de los helicópteros que prestan distintos servicios a lo largo de los días de competencia.

Este año no podía ser la excepción y los ocho vehículos que dominan los aires son chilenos, aunque en esta ocasión están divididos en dos empresas diferentes. Por eso, pese a que los competidores nacionales han bajado año a año desde que la competencia dejó el país, el helipuerto del campamento cada vez toma más fuerza chilena y no es de extrañarse que el “weón”, los “cachai”, y el “cabros”, se multipliquen y multipliquen.

Es que no sólo los pilotos de los ocho helicópteros son chilenos, sino que también lo son quienes prestan la asistencia para los vehículos. Entre tallas, mucha risa y un gran ambiente, los nacionales crearon una hermandad que se hace sentir a punta de hélices y polvo levantado.

“Somos como una familia, un equipo de trabajo bien unido, aunque estamos sometidos a un stress tremendo. Estamos todos el día enterrados acá, pero riéndonos, pasándolo bien y disfrutando. Aunque sea una experiencia extrema lo pasamos bien”, dice Alejandro San Martín, quien ya lleva ocho Dakar en el cuerpo y llevó por los aires al equipo de El Gráfico Chile para esta edición 2018.

“El equipo de trabajo de los helicópteros, al ser todos chilenos, es bien llevadero y entretenido”, agrega sobre la hermandad que tienen el sector chileno del campamento, que comienza a funcionar desde las seis de la mañana y no paran hasta la una de la madrugada.

Dakar Alejandro San Martín - Crédito: G. Pérez

Trasladando al “jefe” y rescatando accidentados

Entre las múltiples funciones que tienen los helicópteros en el Dakar, que salen de forma continuada desde el “helipuerto” instalado en cada campamento, una de ellas es trasladar al “jefe” de todos: Etienne Lavigne, director de la carrera.

En el vehículo bautizado “Delta”, el francés sale muy temprano a seguir la carrera y por los aires no se pierde detalle alguno de lo que está pasando en la tierra con la dura competencia que dan autos, camiones y motos.

Pero eso, además de trasladar a camarógrafos y fotógrafos, termina siendo la parte bonita del asunto. Por el otro lado están quienes las ofician de ambulancia. Considerando el difícil acceso que tienen los terrenos de competencia del Dakar, los helicópteros juegan una parte importante para rescatar accidentados, o incluso muertos, desde el desierto. Y no son pocos.

En el primer día de la edición 2018 de la carrera, en una especial que no tenía más de 30 kilómetros, muy por debajo, por ejemplo, de los 237 que tiene la segunda etapa, los chilenos tuvieron que salir en dos oportunidades a buscar dos accidentados, quienes finalmente tuvieron que retirarse de la competencia.

“Lo más trágico es el tema de los accidentes, hay muchos, es una carrera dura. El día a día es fuerte, hay sacar lesionados, que no siempre están en lugar accesibles, y todo es extremo para todos. Vivir esta experiencia es extrema”, agrega Alejandro sobre los desafíos que tienen en el día a día.

“Vas con un médico y un paramédico francés, todo el equipo es de ellos, y sólo el piloto y el helicóptero somos chilenos. En más de alguna oportunidad me han tocado accidentes graves, otros muy críticos, y algunas muertes. Todo esto forma parte de las reglas, la carrera sigue, no se para, el rally no espera a nadie. Se mueve lo que hay que mover, pero terminas eso y hay que seguir. Es un trabajo mental fuerte y no podemos decaernos por lo que pasa”, concluye.

Sin embargo, pese a lo duro de ver duros accidentes o incluso muertos, no los hace decaer y saben que son quince días de pura intensidad. Pero también son quince días de hermandad, tallas, más de un chilenismo y harta risa. La idea es seguir en el aire.

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