De victorias, fracturas y tormentas eléctricas: Las buenas y malas que ha vivido Ignacio Casale en Uyuni

El piloto nacional ha sufrido y celebrado en su paso a la ciudad donde se ubica el salar más grande del mundo. En 2014 ganó la etapa, pero en 2016, mientras se dirigía a Bolivia, se fracturó la clavícula.

Por Gonzalo Pérez

Por Gonzalo Pérez Amar, enviado especial a La Paz

Uyuni es una tierra de contrastes para Ignacio Casale. El piloto chileno ha vivido de todo en la ciudad donde se ubica el salar más grande del mundo y ha tenido tanto de las buenas como de las malas.

La primera relación del Perro con Bolivia fue el 2014, cuando el Dakar desembarcó en tierras bolivianas y lo hizo precisamente para tener una única etapa en Uyuni. Probando nuevos terrenos y como apronte, la organización le dio la oportunidad a Bolivia y lo hizo en la ciudad de la sal.

El inicio de la relación no pudo ser mejor para Ignacio Casale y ganó la séptima etapa, que comprendió un recorrido desde Salta a la mencionada ciudad boliviana. Una victoria que le permitió recuperar el liderato de la clasificación y que no soltó más para ser campeón de los cuadriciclos.

Contentos con lo vivido en Bolivia, donde el público se mostró más entusiasta que países tuercas como Argentina, ASO, empresa organizadora del Dakar, decidió repetir a Bolivia dentro de su recorrido. Algo que se mantiene hasta hoy y que tiene a los bolivianos por quinto año consecutivo en el trayecto de la carrera.

A diferencia de la relación de la organización con Bolivia, que ha mejorado año a año, la del Perro fue decayendo con el paso de las ediciones del rally. En 2015, los competidores cruzaron desde Iquique a Uyuni y el chileno estuvo lejos de repetir lo que había hecho hace tres años.

Además de no ganar la especial, Casale sufrió en la ruta por la lluvia, el frío y la tormenta eléctrica que se encontraron. Incluso, en su llegada al campamento, que para colmo fue una etapa maratón y no podía recibir asistencia, amenazó con retirarse.

“Lo pasé muy mal. Tengo ganas de irme a casa, es un martirio. Casi me cae un rayo encima, es una inseguridad total. Hoy vi que corría peligro mi vida, me tuve que refugiar en una casa de un boliviano con un piloto polaco”, decía hace tres años.

Ahora, recordando ese episodio, se le nota más tranquilo: "ese año fue justo después de ganar el Dakar, era muy inmaduro, muy pendejo, pero ahora he cambiado mucho en mi forma de manejar y la forma de tomar decisiones. Antes iba todo el día a fondo, me interesaba ganar etapas, y ahora el foco es ganar el Dakar, pensar más allá de ganar una etapa. Estoy más maduro y tomo muchas mejores decisiones".

En 2016, el panorama no sería mucho más alentador. En el camino a Uyuni, Ignacio Casale sufrió una dura caída y se fracturó la clavícula, viendo terminado su sueño de ganar el Dakar nuevamente.

Con estos malos recuerdos, cualquier cosa que viniera después era buena para el Perro. Por eso, el tercer lugar que obtuvo en 2017, donde pudo escalar posiciones en la general, fue celebrado y utilizado para borrar los amargos recuerdos.

Ahora, en 2018, Ignacio Casale nuevamente se vio enfrentado a la rudeza de Uyuni con la etapa maratón corrida este sábado. Bajo una intensa lluvia y con mucho barro, el piloto nacional llegó tercero en la especial y se mantuvo primero en la general. Pero, pese a los resultados, no todo fue positivo para el chileno y vivió un inconveniente que lo cansó más de la cuenta. 

"Íbamos con Pablo Copetti y Sanabria peleando en las dunas con vegetación y me quedé atascado. Traté de sacar el quad, fue imposible, el corazón se me aceleró, me agité y me dieron ganas de vomitar. Me senté a esperar una moto que me ayudara, era imposible sacarla solo. Ahora estamos aquí y eso es lo importante", señaló el líder de las quads tras terminar la etapa maratón.

Para el Perro, Uyuni ha sido una ciudad con historias para recordar y también para olvidar.

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