El juego de las lágrimas: la pasional jornada que se vivió en las tribunas del Olímpico de Kiev

Desde la tribuna, la definición entre Real Madrid y Liverpool se vivió con emoción y nervio, en un partido de matices dramáticos por los inesperados giros de escena enmarcado por el sobrecogedor aliento de los ingleses hacia su equipo.

Por El Gráfico Chile

Por Pablo Vargas Zec, enviado especial a Kiev.

Corre el minuto 87 de la final de la UEFA Champions League para la temporada 2017-2018. El partido está definido. Es goleada, o casi. Sin embargo, de pronto, los derrotados, los humillados por una caída en la que uno de los propios fue el villano, alzan ambos brazos, exhibiendo sus bufandas rojas y cantan a voz en cuello. El rito es estremecedor.

Encontrarse en el estadio Olímpico de Kiev era estar de cara frente a la historia. A la futbolística, claro está, porque esto no ha dejado de ser un juego. Uno donde se van miles de millones de dólares, pero al fin y al cabo no es más que eso: un juego. Pero, como tal, tiene ese componente emocional, excitante y adrenalínico de lo incierto. Más cuando de un lado está el poderoso Real Madrid con su pléyade de figuras, mientras que del otro lado figura una fuerza colectiva que despliega un llamativo plan como es el que desarrolla el Liverpool adiestrado por Jurgen Klopp. Más encima, ofreciendo la posibilidad de ver en vivo y en directo a un equipo coronarse por primera vez en la historia tricampeón de la Champions League, el torneo de clubes más importante del mundo.

La hinchada del Madrid se fue feliz de Kiev - Getty Images La hinchada del Madrid se fue feliz de Kiev - Getty Images

 

 

Por defecto, uno suele estar con el que parece más débil. En este caso, los Reds. Es que hace mucho rato que no ganan la Premier, y comparado con Cristiano Ronaldo y compañía, por mucho que Muhamed Salah y Firmino estén en estado de gracia, no parecen ser tan buenos como CR7, Marcelo, Modric o Kroos. ¡Si Zinedine Zidane se da el lujo de dejar afuera a Gareth Bale! ¡A Bale, que sería titular en cualquier parte!

De algún modo, la teoría es suscrita por buena parte del público que llena el principal estadio de la capital ucraniana, que igual parece estar dividido en una perfecta mitad por bando. Aunque, claro, los hinchas del equipo inglés son más ruidosos. En la previa, incluso, parecía que los fanáticos Reds eran infinitamente más, desproporcionadamente más. No se veían camisetas blancas en las calles de Kiev, casi. Pero el día del partido, aparecieron los merengues. Y equilibraron la balanza numérica.

En la cancha, eso sí, ya con los equipos calentando, el famoso aliento de la gente del Liverpool con su canción “You will never walk alone”, que se convirtió en el himno de facto del club, es sobrecogedor. Para un neutral, que llega a presenciar este espectáculo, lo de ese medio estadio entonando esos versos es impresionante.

Ya con el partido en desarrollo, cada siete minutos, casi por reloj, los Reds comienzan a ensayar el estribillo. El equipo, en tanto, responde desde la cancha con vértigo y presión. La tienen poco, pero son incisivos cada vez que la tienen.

Pero si había drama por agregarle a esta historia, a la media hora de juego Salah sale lesionado. Todo el mundo se pregunta si la fea caída que le deja el hombro izquierdo a mal traer lo dejará no sólo fuera de esta final, sino también de la Copa del Mundo donde logró clasificar a Egipto. El delantero sale envuelto en un baño de lágrimas.

Terrible para Liverpool, para Egipto, para el espectáculo de la final. Pero ¡qué más podría pasar en Kiev? Más drama, seguro.

El reloj marca 35 de juego y Carvajal desborda por la derecha, tira un taco para que entre Cristiano Ronaldo, pero el portugués no entiende la idea y se pierde el ataque. El lateral derecho no alcanza a dar más que un par de pasos de vuelta hacia su posición y se tiende sobre el verde césped. Las lágrimas empiezan a rodar. Sabe, antes que lleguen los asistentes sanitarios de su equipo, que no puede seguir. Y se ve también forzado a retirarse. Llorando.

En el entretiempo, la incertidumbre del desenlace es el comentario

En la fila de atrás, un alegre vecino llega de vuelta del baño o de comprarse otra cerveza y ha decidido cambiar de bando: el segundo tiempo es hincha del Madrid.

Parece acertar en su decisión cuando Loris Karius hace que Karim Benzema bra la cuenta con una payasada, aunque el nuevo hincha merengue no celebra demasiado. Como casi todos ante esta jugada que parecía intrascendente, se perdió el gol y debió esperar la repetición en las pantallas gigantes para entender porqué el Madrid gana 1-0. Acá, a diferencia de lo que pasa en nuestras latitudes, las jugadas polémicas si se ven, y más de una vez, en el circuito cerrado de televisón, vaya a saber uno la razón, dado que en Chile y Sudamérica se justifican diciendo que es una orden de la FIFA.

El empate de Sadio Mané –celebrado con tres puñetazos cortos al aire por “Klopp”- prende aún más a los fanáticos rojos, a quienes no les costó recuperarse del primer y grosero error de su arquero. Desde la tribuna bajó inmediatamente el aliento que parece impulsar a su equipo al empate logrado con justicia.

Pero Bale con su cabriola los hace callar. Aunque es por pocos minutos. De hecho, un remate en el palo derecho de Keylor Navas tras remate bajo del propio Mané es como la carga de energía que se necesitaba dentro y fuera de la cancha para el Liverpool. Empatar de nuevo no parece utópico, aunque entre medio hay un par de contragolpes, alguno de los cuales demuestra que Karius parece recuperado del lapsus que le regaló el primer gol a los merengues.

Pero, un minuto después del remate de Benzema en el que se luce el portero alemán de los ingleses, vuelve a equivocarse. Se le cuela entre las manos un remate de Bale que parecía fácil, sencillo, atajable… Ya es goleada del Madrid.

El Liverpool falló en la cancha y en la galería sintieron el golpe - Getty Images El Liverpool falló en la cancha y en la galería sintieron el golpe - Getty Images

 

 

Los hinchas del Liverpool no dejarán caminar solo a su equipo. Nunca. Pero resienten este golpe. Es el nocáut. Las lágrimas de frustración ruedan por varias mejillas, indisimulablemente, tal como lo hará tras el pitazo final en el rostro de varios de los protagonistas de camiseta roja. En algunos casos, incluso, el llanto será inconsolable, mezcla de dolor, derrota y vergüenza, como lo es para Karius.

Miles de papeles picados plateados y fuegos artificiales acompañan a Sergio Ramos al levantar la copa. La orejona está por decimotercera vez en las vitrinas de la Casa Blanca. Poco antes, a segundos del pitazo final, un espontáneo había frenado un contragolpe de CR7, siendo agarrado por los guardias a pocos metros de llegar hasta el portugués, su supuesto objetivo, con quién sabe qué intenciones. Si faltaba drama en un partido definido, ahí había otro guiño de incertidumbre.

Mientras esas imágenes se mezclan, Karius, algunos de sus compañeros y varios centenares de hinchas ven borroso. Las lágrimas no les permiten ver esta parte de la historia. Por primera vez en la Champions, un club logra el título tres años seguidos. En un choque de dos dinastías, de dos instituciones con la mayor tradición y legado en el torneo, los de la capital española ganan y se quedan con el premio mayor.

Uno, en tanto, trata de atesorar cada momento. Porque estamos siendo testigos de la historia, en un país donde hasta hace un par de años nada más hubo una revolución (otra más), y ahora el Real Madrid y el Liverpool nos han regalado entretención y, sobre todo, emoción. Esa que hace que se ponga la piel de gallina y se nuble la mirada.

Estar ahí, ser parte de esos momentos, es sobrecogedor.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo