Columna: Balas al corazón

La situación de los azules parece esa película mala que te invitaron a ver y que sólo quieres que se acabe. La goleada 4-0 con Antofagasta, es el momento cuando te paras de tu asiento y dices: "ya no puedo ver más".

Por Diego Espinoza Chacoff

Las goleadas en el fútbol es una de las estocadas más fuertes que puede recibir el fanático de un equipo. La ilusión que lleva a cada fanático a dedicarle tiempo de su vida a su pasión, le impide pensar la posibilidad de que pueda recibir tres o más goles en contra durante los 90 minutos, sobre todo si antes del compromiso existía una fuerte posibilidad de ganar. Sin embargo, y si le agregamos una balacera a tres hinchas fuera del centro de entrenamiento durante la semana, más la salida de sus dos figuras preponderantes a 24 horas de su compromiso, podemos armar la película completa llamada Universidad de Chile.

Y claro, aguantar un 4-0 propinado por Deportes Antofagasta ya es raro -con el respeto que merecen los Pumas- y sólo es el clímax dentro de un largometraje que arrastra varios momentos tensionales, que ya han hecho suspirar a todo espectador, pero que hasta el momento no encuentra un final. Es como esas películas que alguien te pidió que vieras por obligación, y que sientes que no termina nunca, es ver como una historia se cae pedazos poco a poco, y también es una herida letal, a sangre fría, que comenzó con disparos superficiales de un revólver en La Cisterna, pero que terminó siendo una bala alojada en el corazón.

Agradecido por jamás haber recibido un proyectil antes, aún no puedo llegar a pensar en el dolor que deben haber tenido los fanáticos que tuvieron alojada una bala en el muslo y en las piernas. Los gritos de desesperación de los heridos y la pesadilla que vivían sus familiares tras escapar de la muerte, eso sí, parece que sólo fueron el inicio de una debacle que ya contaba con ciertas señales. Si bien es valorable la opción de que Azul Azul abra las puertas del establecimiento para todo hincha de la U, la posibilidad de relación con barras bravas deja consecuencias y abre el debate sobre la distancia que tiene que existir entre la institución y éstas formas de organización. Si no, pregúntenle a Colo Colo el complejo panorama que tuvo por la supuesta camiseta regalada de Claudio Baeza a la Garra Blanca.

Sin embargo, la mayor crítica que le ha hecho el ciberespacio a la concesionaria que administra a la U está lejos de ir por ese lado. La derrota contra Antofagasta dolió, pero no porque haya sido un duelo donde a los azules los perjudicaron, aparte de la mano no cobrada de Bruno Romo en el área de los locales. La goleada fue el momento de la película mala en que abres los ojos, y te das cuenta de que ya no la quieres ver más, que no importa cuánto quieras a esa persona o todas las oportunidades que le diste al filme; la situación es pésima y lo único que te queda es reclamar, y hacer algo para proponer una nueva película que, al menos, tenga un poco más de calidad.

Y no es que usted o yo tengamos que ser eruditos en el cine o el fútbol para ver cuando las cosas andan mal. La administración presidida por Carlos Heller ha traído títulos, pero también los pasajes más oscuros y dolorosos durante el período de Azul Azul. Además del pésimo rendimiento del 33% que tuvo el técnico Sebastián Beccacece con los universitarios, el hincha va más allá de ese episodio pasado y culpa de la pésima gestión deportiva que ha tenido el hoy gerente Ronald Fuentes, desde su llegada en enero del 2017.

Durante el más de año y medio al mando del cargo, el directivo ha tenido que aguantar la estricta política de austeridad que existe en el CDA para gastar en fichaje, y que no da pie para la llegada de jugadores de peso a nivel sudamericano. Acusado de tener problemas de convivencia laboral con el técnico Guillermo Hoyos e incluso con el delantero Mauricio Pinilla, cosa que desmintió, Fuentes sólo ha podido disfrutar del fichaje de Pinigol, pero bajo una lógica de "amor por el club" que llevó al ex seleccionado chileno a destrabar su situación con Genoa de Italia y así volver al CDA. Un regreso que pudo ser corto eso sí, porque, si no bastaba con una balacera o el 4 a 0, la U tuvo que dejar partir a Ángelo Araos a Corinthians, ante la imposibilidad de mantenerlo económicamente, y por momentos también a su goleador, quien había dejado la concentración en Antofagasta para firmar en Colón de Santa Fe. Situación que finalmente no se dio.

Concretado o no el fichaje, la herida de abandono que por momentos dejó Pinilla en los hinchas de la U fue mucho más profunda y fuerte que la que sufrieron las víctimas de la balacera en La Cisterna. Reconocido por ser fanático acérrimo del club, el disparo que le propinó el delantero de 34 años a su barra, fue detonado con la destreza de un francotirador, con sangre fría y directo al alma y corazón azul. 

 

 

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