"El fútbol argentino es un desastre, mafias lo dominan, negocios sucios lo manejan"

El periodista Martín Caparrós publicó una columna en el diario The New York Times y destrozó a Argentina tras la fallida final de la Copa Libertadores.

Por El Gráfico Chile

La final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors pasó de ser una fiesta a todo un papelón. El que debía ser el gran evento deportivo del año se desvirtuó luego que los hinchas de los Millonarios agarraran a piedrazos el bus que trasladaba a los xeneizes al Monumental y generaran una serie de eventos que terminó con el partido postergado, una decisión que se tomó horas después de lo acontecido y con mucha polémica.

Por lo mismo, las críticas a la organización y la seguridad de la gran final no se hicieron esperar y rápidamente se empezó a buscar culpables de tan triste espectáculo que se vivió en el Monumental. En ese sentido, el periodista y escritor Martín Caparrós publicó un artículo en The New York Times donde destrozó a su país y que tituló "un país dañado".

"El fútbol argentino es un desastre hace ya mucho tiempo. Sus instituciones son un chiste. Mafias lo dominan, negocios sucios lo manejan, la inepcia cubre todo: no son capaces, siquiera, de montar un partido. La FIFA tiene 211 países afiliados. Hay 210 que son capaces de organizar partidos con hinchadas visitantes; hay uno que no –solo uno que no– y se llama Argentina. La culpa no es exclusiva de las instituciones deportivas: los sistemas de seguridad deberían hacerse cargo. Pero su Estado también parece un chiste. Hace dos semanas, en un ataque de entusiasmo, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, se levantó con una idea y dijo que estos dos partidos debían jugarse con público visitante y, sin reflexiones ni consultas, lo anunció. Sus ministros tuvieron que salir a respaldarlo y a pensar cómo hacerlo; dos días después, los presidentes de los dos clubes les dijeron que ni en broma y todo quedó en nada: un presidente que habla antes de pensar; que manda y, como manda tonterías, no se le hace caso", escribe.

"No es la única muestra de que la organización argentina no funciona. Pero hay más que no funciona: muchas personas argentinas, la sociedad argentina. Los medios, las instituciones, las personas llevan un mes diciendo que este partido es lo más importante que pasará en el país en estos años. (En ese esfuerzo, algún canal se cubrió de ridículo llamando a este partido sudamericano 'la final del mundo'. En los países donde nos conocen los argentinos tenemos fama, todavía, de presuntuosos y engreídos; esos títulos confirmaron el prejuicio hasta el extremo)", agregó.

Pero no se quedó ahí y señala que "sería bueno encontrar una manera de disfrutar del fútbol sin convertirlo en esa falsa cuestión de vida o muerte; hay muchas cosas por las que vale la pena pelear en serio, y el fútbol no es una de ellas. Pero no las encontramos porque no queremos buscarlas. Seguir así, 'dando la vida por los colores', nos permite creer que somos originales, diferentes, más intensos, más vivos. No que, en lugar de dedicar los esfuerzos importantes a las cosas importantes, los desperdiciamos en estas tonterías. El fútbol es un juego; si alguien se cree que no lo es, se vuelve un gran engaño"

"Pensamos que, esta vez, nos iba a servir para demostrar que somos capaces de hacer algo bien, y demostramos lo contrario: no conseguimos organizar siquiera dos partidos de fútbol. En un país donde sigue habiendo un tercio de pobres, 45 por ciento de inflación anual, cada vez menos educación, cada vez menos esperanzas, este partido parecía la ocasión de mostrar otra cosa. No pudieron. Hoy el mundo vio cómo está la Argentina. Ojalá sirva para algo", concluye.

 

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