Columna: La argentinidad al palo

En la previa de "la final del mundo", no fue raro escuchar frases como "si pierde River/Boca me voy del país" o "va a morir gente", o leer notas sobre posibles ACVs, infartos o suicidios. Todo muy sui generis. ¿Qué esperaban?

Por Juan Ignacio Gardella

Escribo estas líneas el sábado temprano, antes del River-Boca, porque, para efectos del comentario, da lo mismo el ganador. Sí importa el perdedor, ya que, según buena parte de la esquizofrénica prensa transandina, sería algo similar a morir en vida.

Desde que se supo que los dos equipos más grandes de Argentina protagonizarían la definición de la Libertadores, tanto el periodismo como la publicidad al otro lado de la cordillera se encargaron de venderla como "la final del mundo", sugiriendo tintes apocalípticos si se cambia el artículo "la" por el "el". No habría un mañana para los derrotados.

Así, no fue raro escuchar frases como "si pierde River/Boca me voy del país" o "va a morir gente", o leer notas sobre posibles ACVs, infartos o suicidios. Todo muy sui generis, la argentinidad al palo en su máxima expresión.

Una nación donde el presidente, que es ex mandamás xeneize, le dice "culón" al entrenador millonario o pide público visitante sin siquiera preguntarles previamente a los timoneles de los clubes. Una comarca donde se debe definir la Copa en fin de semana y con luz de día, porque no es capaz de organizarla en miércoles por la noche, como dictaba la tradición.

Un pueblo sin lugar para los débiles, donde Messi no tiene cabida por ser la antítesis espiritual de Maradona, el hombre que no le temió a nada, ni a los ingleses, ni a la jeringa en el tobillo, ni a la mafia FIFA. El estereotipo del "macho argentino", que se la banca toda.

Sin embargo, detrás de ese disfraz viril, allende Los Andes el temor abundaba entre la mayoría de los identificados con uno u otro club, el miedo a perder era mucho más grande que el deseo de ganar. Si se hubiese podido votar para repartir el trofeo y evitar el suplicio, seguro se imponía el "sí", con voto secreto, obviamente, para no demostrar debilidad.

Con este escenario, gallinas y bosteros saltarían a la cancha cual gladiadores romanos, donde los vencedores se ganarían el derecho a seguir viviendo, mientras que los perdedores morirían futbolísticamente.

Pan y circo.

PD: Escribo esta línea después de la suspensión. ¿Qué esperaban?

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