Columna: Luciano Aued, el mejor sin discusión

Pocas veces vi a un futbolista tan fundamental para el equipo cruzado en ambas facetas del juego, esto es, quitando la pelota y luego elaborando la acción de peligro.

Por Juan Ignacio Gardella

En un torneo opaco, sin grandes luces, donde se privilegió el cuidado del arco propio por sobre la búsqueda del contrario, no es de extrañar que el premio al mejor jugador haya sido para un volante central. Y si a ese mediocampista con características naturalmente defensivas le dio el físico para sumarse constantemente al ataque y, además, fue el motor del cuadro campeón, queda poco espacio para la discusión.

Me cuesta imaginar a la Universidad Católica de Beñat San José levantando la copa sin Luciano Aued. El entrenador español construyó una oncena pensada de atrás para adelante y en su esquema, el argentino siempre fue la primera resistencia a la hora de defender y el primer pase limpio al momento de iniciar la ofensiva, ya fuera con un cambio de frente a la zona despejada, una combinación con Diego Buonanotte o una corrida personal aprovechando su zancada larga.

Pocas veces vi a un futbolista tan fundamental para el equipo cruzado en ambas facetas del juego, esto es, quitando la pelota y luego elaborando la acción de peligro. A la cabeza se me vienen de inmediato futbolistas similares y exitosos que han pasado por la precordillera en los tiempos recientes, como Jorge Ormeño y Enzo Kalinski, pero creo que no tenían la dinámica para la salida rápida que requería un planteo como el del actual DT vasco.

A lo anterior, lo más futbolístico, se le pueden agregar sus habilidades “blandas”. No tuvo miedo en empoderarse en su rol de referente, tanto adueñándose de los penales y convirtiendo varios clave, como el único gol en el triunfo sobre Colo Colo en San Carlos de Apoquindo, como también defendiendo a los suyos con declaraciones públicas cuando consideró que eran necesarias, algo muy característico del folklore transandino y que después refrendó donde importa: en la cancha.

Un tema no menor, “como dicen los siúticos” -frase de un reconocido profesor universitario-, fue la injerencia que tuvo en los jóvenes, entre ellos, la gran revelación del Campeonato Nacional, Ignacio Saavedra. El Nacho dijo que Luli era un “padrino” para él y eso quedó demostrado en el terreno, donde se creó una química especial entre un experimentado y un novato que pareciera que jugaran juntos hace años.

Por todo lo dicho, Luciano Aued, a sus 31 primaveras, fue el merecido ganador del Botín de Oro en La Gala El Gráfico-ANFP 2018. Como dice el tatuaje que tiene en su brazo izquierdo, citando la canción Zona de Promesas de Soda Stereo: “Tarda en llegar y al final… hay recompensa”.

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