Crónica desde las entrañas del Bernabéu: River se fue a los cielos

El Gráfico Chile estuvo en el estadio del Real Madrid para vivir la final de la Copa Libertadores en el lugar de los hechos. Revive la emotiva jornada que consagró a los millonarios.

Por Rodrigo Hernández, desde Madrid

Recién a diez minutos del pitazo se llenó el Santiago Bernabéu. Media hora antes de que arrancara el juego, había más claros que asientos ocupados. Afuera los asistentes disfrutaban de los cantos y las cervezas sin sentirse amenazados y tener que entrar a refugiarse de los delincuentes colindantes que intimidan afuera de los estadios de Sudamérica. En los altoparlantes del recinto sonaban Calamaro, los Cadillacs y Fito Páez, quien avisaba a los aún escépticos espectadores españoles: “Y ya verás, como se transforma el aire del lugar”. Y fue así, tras el emotivo himno argentino coreado por los conmovidos inmigrantes, que el Bernabéu fue cada vez más Buenos Aires y la final de la Libertadores sí fue un poco, pero cada vez menos, la final de la Champions.

El primer tiempo, River dispuso y Boca se impuso. El Xeneize cedió la iniciativa y tuvo las opciones más nítidas, salvo por un remate elevado del Pitty Martínez tras una buena combinación de los de Gallardo. Boca había avisado mediante remate de Pérez bien contenido por Armani y otra que bajo el arco no alcanzó a conectar Nández. El mismo uruguayo, a los 43, dibujó un largo pase entre líneas a Benedetto -el iluminado en toda esta edición de la Copa-, quien honró la preciosa habilitación con maniobra y definición de excelencia.

Finalizaba así la primera parte y la afición que lo ganaba irritaba a la parcialidad contraria, en estado de shock y herida por la sanción al Monumental: “Y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez”.

A los 57’, el Muñeco sacó a Ponzio por Quintero para adelantar las líneas y el Mellizo respondió en clave indescifrable, que incluso descolocó a los suyos, sacando a su killer Benedetto por Ramón Ábila.

No tardó entonces, como en la Bombonera, en aparecer Lucas Pratto, el de los partidos importantes, para aprovechar una excelente jugada que fabricaron entre Palacios y Fernández y decretar así la igualdad.

El juego fue brusco todo el partido, pero tras el empate devino en violento y el campo tornó de verde a amarillo y de amarillo a naranjo hasta que, ya en el primer minuto del primer tiempo suplementario, Barrios vio roja tras sucia entrada a Palacios y la cancha se inclinó hacia el arco de Andrada. Así, River machacó y machacó, peo Boca resistió para intentar rearmarse de cara a los últimos 15’. Pero no. El libreto se mantuvo y a los 3’ del segundo tiempo del alargue, Juan Fernando Quintero dijo la penúltima palabra con misil al ángulo desde fuera del área. Y Boca balbuceó y tartamudeó intentos en su agonía, con su arquero como un jugador de campo que a seis minutos del final del tiempo reglamentario se fue arriba y prácticamente no regresó más bajo los tres palos. El tubo derecho salvó a Armani en el último hálito de Boca que llegó por intento de Jara. Y luego un córner, y luego Andrada entregado, y el Pitty corriendo hacia el horizonte con toda la historia pasando con el viento, y llegó el gol de los sueños millonarios y las felices lágrimas riverplatenses… Y Buenos Aires se vino abajo y el fútbol se fue a los cielos. Y la Boca calló y cayó en ensordecedor silencio y Madrid fue Monumental para siempre…

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