Columna: Siempre pasa algo, Matías

Por la Roja respondió, pero por los clubes está al debe. ¿Qué pasó con ese crack que deslumbró al continente?

Por Juan Ignacio Gardella

Terminaba el 2006 y Matías Fernández, bicampeón chileno y finalista de la Copa Sudamericana con Colo Colo, era premiado como futbolista del año en Sudamérica. Con el prestigioso galardón, se confirmaba que era la gran aparición criolla desde Marcelo Salas, augurándole un futuro esplendoroso en un grande de Europa, con una estación intermedia en el Villarreal, que pagó nueve millones de dólares para llevárselo.

En el Submarino Amarillo, lejos de continuar a toda máquina, se fue hundiendo en la intermitencia. Aunque algunos sigan culpando a Manuel Pellegrini por supuestamente no darle suficientes oportunidades a su compatriota, lo cierto es que el nacido en Buenos Aires no estuvo a la altura de las expectativas y su apodo empezó a ser cuestionado en el Viejo Continente, con apenas siete tantos en 91 partidos con el equipo español.

Una liga europea de segundo orden como la portuguesa salió a su rescate y el ex albo tuvo un renacer en el Sporting de Lisboa, donde es recordado con cierto cariño por los hinchas y también por un golazo que le hizo al Everton por la Europa League. Fue una de sus 19 dianas en 116 duelos con los Leones, de los que se despidió sin títulos y sin mayores satisfacciones, aunque con una imagen algo revitalizada, que le permitió regresar a la primera línea.

En la Serie A, otra vez una chance en la élite, las lesiones le pasaron la cuenta. En la Fiorentina, el Mati mostró su talento a cuentagotas, aunque sus siete conversiones en cuatro años hablan por sí solas. Pese a ello, una oportunidad de oro le llegó desde el poderoso Milan, pero en 13 encuentros anotó un solo gol, una perla al Genoa, elegido como el mejor del club en esa temporada, que resumió su tránsito europeo en una palabra: chispazos.

Las posibilidades al otro lado del charco se agotaron y el siempre acogedor mercado mexicano recibió al “14” con los brazos abiertos. En la comodidad del Necaxa, marcó cinco veces en 42 choques y se fue sin pena ni gloria.

En resumen, el otrora Matigol, fuera de Chile, llegó a la red en 39 ocasiones en 12 años, contra 57 en el Cacique en tres años y medio, demostrando que nunca fue el mismo desde su partida del Monumental. Esto, sin despreciar su valioso aporte a la Selección, siendo puntal en la era de Marcelo Bielsa e involvidable su penal al ángulo a Argentina en la final de la Copa América 2015.

Ahora, en Colombia, es recibido como una estrella en el Junior de Barranquilla, una “Matilocura” poco justificada dados sus antecedentes recientes. Como dijo el “Loco” cuando era DT de la Roja, “siempre pasa algo” para no volver a ver a ese crack que deslumbró al continente.

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